El legado de Charles Chaplin: La metamorfosis

En 1947, con ocasión del filme Monsieur Verdoux, donde Chaplin interpreta a un bígamo asesino de mujeres, los carteles llevaban la frase: “Chaplin changes, can you?”.

“Candilejas”, estrenada en 1952Cineco Alternativo

 Candilejas, estrenada en 1952, también es una película diferente: nadie imagina que una cinta de Chaplin empiece con un intento de suicidio y continúe con él hablando y vistiendo trajes de buen corte, como si este artista sólo pudiera ser un vagabundo simple, o como si alguna vez lo hubiera sido, cuando la verdad es que nunca hubo nada de simple en Chaplin.

Cuando en 1914 Chaplin llegó a Hollywood ya era un cómico reconocido en Inglaterra. Chaplin aceptaba una oferta de trabajo y huía de la miseria que marcó su infancia. Su carrera fue brillante: empezó como un humorista más de las slapstick comedies, pero gracias a su talento se convirtió en director y empresario. Su sensibilidad y rigor hicieron de sus filmes grandes obras de arte, donde la belleza encontraba el alma a través de la risa. En pocas décadas Chaplin conoció la alegría, pero en 1952 este artista descubrió que no podía regresar a los Estados Unidos sin ir a la cárcel.

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Candilejas es otro filme de amor y solidaridad entre dos desamparados, como la mujer ciega y su enamorado en Luces de la ciudad, como el huérfano y su protector en El chico, como los dos expatriados en El inmigrante, entre otras cintas. En Candilejas, Chaplin repite la fórmula de sus mejores películas. Candilejas es la historia del comediante Calvero y de una bailarina a la que salva la vida. El filme es una arlequinada donde Calvero es un viejo Pierrot y Thereza es Columbina. Candilejas es una cinta sonora como todas las de Chaplin desde Luces de la ciudad, pero a diferencia de ésta, que tenía una compleja banda sonora pero carecía de palabras, en Candilejas los diálogos son importantes. Otra sorpresa de Candilejas es que la fragilidad del personaje no está en su pobreza, sino en la sensación de fracaso y en el alcoholismo que lo acompaña desde que se dio cuenta que había perdido conexión con el público, y que para poderlo divertir debía estar borracho: “Quiero a los individuos, hay grandeza en cada uno, pero la multitud es un monstruo sin cabeza que no sabe para dónde va, que se deja llevar en cualquier dirección”, dice Calvero, y la joven lo mira sorprendida. A veces, cuando Thereza escucha las ideas profundas y el dolor de sus frases, se pregunta cómo Calvero pudo ser un comediante.

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En 1952, cuando Chaplin viajaba a los estrenos de Candilejas en Europa, se enteró de que el fiscal general había ordenado su arresto. La persecución de los Estados Unidos a uno de sus mayores artistas había tenido varios capítulos, entre los que estaban las protestas por el estreno de El gran dictador en 1941. Con El gran dictador, Chaplin habló por primera vez en las pantallas, en un discurso un poco ingenuo pero necesario. Con esa película, Chaplin dejó la seguridad del silencio para protestar por los crímenes de los nazis, mientras los Estados Unidos seguían en la comodidad de su isla continental: la Segunda Guerra Mundial empezó en septiembre de 1939, cuando Alemania invadió a Polonia, y en respuesta Gran Bretaña y Francia declararon la guerra, cosa que no hicieron los Estados Unidos, que siguieron en tratos con unos y con otros. Fue en diciembre de 1942, tras el asalto a Pearl Harbor, que Estados Unidos declaró la guerra al Japón. Habían pasado tres años de masacres sin respuesta, y Chaplin fue una de las personas que denunciaron esa situación. Chaplin, como muchos, estuvo vigilado por el FBI y en los años cincuenta fue citado por el Comité de Actividades Antiamericanas.

Desde 1917, con El inmigrante, quedó claro que lo mejor de Chaplin no estaba en su cine de evasión, sino en un arte profundo que en ocasiones era incómodo. Candilejas es un filme melancólico con diálogos de giros amargos, es una cinta hecha de recuerdos e ilusiones de felicidad con la que se despide de Hollywood y de su colega Buster Keaton. Candilejas también es un homenaje al Londres y al music hall en los que Chaplin creció, y donde la música era importante. Chaplin compuso la música de la película, de la que el público reconocerá la melodía principal, a la que varios productores le pusieron letras en múltiples idiomas, en baladas y en Schlager. A su manera, la película también es una baladita, sólo que en este caso los detalles son hermosos, y las palabras son intensas y con frecuencia implacables.

Un día Chaplin huyó de la pobreza y encontró las artes y el amor. Un día Calvero salvó una vida y con ella encontró una nueva alegría, pero para ninguno de los dos esos días de felicidad fueron eternos.

* Escritor y gestor cultural. Dirigió la Cinemateca de Bogotá. Asesora proyectos de emprendimiento cultural. Este año publica en México un libro con crónicas de cine y en Colombia una investigación sobre la labor de los guionistas.

 

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