Fútbol paradójico

El lenguaje en el fútbol (III)

Breve recorrido de la relación entre comida y fútbol, y viceversa.

Archivo particular

“El balón está hecho de cuero, el cuero viene de la vaca, la vaca come pasto, así que hay que echar el balón al pasto”:

Alfredo Di Stéfano.

Ningún partido se disfruta más que el que se juega por jugar y ya, es decir, la recocha, el de solteros y casados, el del pico y monto para escoger de último al que más mal juega, el del carisellazo para sortear qué equipo se quita la camisa, en qué pedazo del terreno empezar y cuánto tiempo de juego. Pero si, además, se le añade el componente de la cervecita y el sancocho al final del partido, el resultado es… lo de más. Ningún partido se juega con tanta seriedad, pues nadie quiere ni acepta perder porque se trata de un desafío entre amigos a los que es preciso derrotar con las mejores gafiadas, chilenas, bicicletas y cuantos arabescos se vuelven poesía.

La vida se nos quiere ir en estos partidos en los que, antes, se piensa en comida (“no comerse los goles y que el otro se los coma todos”). Durante el partido se piensa en comida: un sancocho con la “Gallina” Calle o con el “Chigüiro” Benítez, “vamos a darles sopa y seco” o “ese pase lo mandaron a la olla”. Recursos literarios para decir que jugar y comer están en el mismo nivel del disfrute humano. ¡Urgente!, hay que prender el fogón y, para ello, tenemos al “leñero”, ese que todos quieren en sus equipos para no salir magullados de la recocha decembrina, que es el “plato fuerte” de las fiestas. (Juego con “papa y yuca”, como diría el “Bolillo”). En estos partidos, en los que no se puede perder, entramos a la cancha para tragárnosla porque tenemos hambre de gol.

Pero si uno no es carnívoro, entonces puede esperar que le brinden una “medialuna o un pepinazo” para que no le haga daño el “Chicharito”. En medio de la conversación, después del cotejo, se oyen otras alternativas más opíparas: caldo de “paloma con un pique mexicano” o, mejor, que le empaquen la bombonera para la sobremesa o un buen plato de jugadores bien “churros” o de los más “aliñados” para completar la dieta con “un remate de cuchara” porque el equipo se parece al “merengue”. Bueno, después de un 24 o 31 de diciembre, lo mejor es un buen encuentro entre amigos para celebrar el ritual de existir con un partido de fútbol en el que el mejor remedio para el guayabo es que el balón pase “lamiendo el palo y sea gol o que uno se atragante”. Fenómenos del lenguaje en el fútbol o, mejor, lo que pasa en la vida mientras jugamos fútbol y conversamos fútbol. Hoy tengo sequía de gol y la pregunta será, casi siempre, ¿cuál es el maní? Palabras que saben a jugo de literatura para terminar este año con un “picaíto” y celebrar con una copa más. ¡Salud!

 

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