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“El piedra” y el valor de saberse frágil

La película colombiana narra la historia de Reynaldo “El piedra” Salgado, un boxeador que sobrevive perdiendo peleas en Cartagena. En sus últimos años de carrera y contando las monedas para comer, un niño toca a su puerta asegurándole que es su hijo. El filme se estrenó el pasado 16 de mayo en todas las salas de cine del país.

Imagen de la grabación de “El Piedra”. / Cortesía.

Cuando “El Piedra”, un boxeador que parece más entrenado para perder que para boxear, esté tirado en el suelo del ring y sienta que ni el cuerpo ni la voluntad le responden, tendrá que sacar la fuerza que se le escapa poco a poco. “¡Piedra, levántate, chico!, ¡Hazle honor a tu nombre! Mira que tú eres bueno, Piedra ¡Dale dale!”, le grita su público: vecinos, entrenador, ancianos y su hijo, un niño que se le apareció diciéndole que él era el papá y que en principio rechazó porque “esa pinta de gamín”, no podía ser de él.

Reynaldo "El Piedra” Salgado ronda los cuarenta años y en él permanece un gesto de angustia. Se ve preocupado. Se resigna a guardar los pocos billetes que se gana boxeando para perder y así sobrevivir. Los mete en un tarro de hierro que se convirtió en su tesoro. Después de cada pelea se va para su casa, que está cerrada por una puerta de madera delgada. Tiene chapa, pero se ve frágil, como si fuese más bien un adorno. Entra y saca de una bolsa una caja de mantequilla. Prende el fogón y vacía todo el contenido de la caja en una olla. Mientras se calienta esa pasta que va a comerse sin nada sólido: ni pan, ni arepa, ni nada, solo la grasa, se pone hielo en las heridas. Su hambre es voraz, pero la comida es escasa, así que a diario se va a la cama hambriento y con la misma expresión derrotada. Su rutina se repite, su ceño se endurece y el tiempo se le agota.

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La película El Piedra fue dirigida por Rafael Martínez, director de cine colombiano, que grabó esta historia buscando generar un diálogo alrededor de las creaciones artísticas cartageneras. “Quiero destacar el talento y la dedicación de estos actores cartageneros para representar esta historia de ficción. Ellos son motivo de orgullo para el cine de la ciudad”. Y aunque esta historia no se basó en la realidad, la cercanía de los hechos que la componen podría confundirse entre los barrios de esa ciudad fragmentada en la que las fronteras quedaron marcadas: “Este es el barrio de los negros, de los jodidos. Por eso te digo que hay que trabajar duro”, le dice Reynaldo Salgado a su hijo, que lo mira esperando que le explique por qué si de ese lado son más, comen menos que los del otro extremo. “¿Tú sí conoces alguna persona que haiga trabajado duro y sea dueño de las empresas de ese lado?”, le vuelve a preguntar el niño, con lo que le muestra sin recato que la pobreza pone a prueba cualquier lucha por mantener la dignidad.

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A esta historia la protagoniza la derrota. El estelar de este filme lo tiene un hombre que se dedica a perder para vivir y que, a pesar de la crudeza que lo sigue como una sombra, no se rinde ni se apaga. La cámara de este filme hace que la lentitud de la vida se vea atractiva. No hay desconcentración cuando un director logra enfrentar al espectador con la absoluta fragilidad de un cuerpo humano. Ahí se refleja lo esencial. La novia de “El Piedra” le rechaza el dinero con que él la ayuda a sostener a su hijo diciéndole con dulzura: “Quédate tranquilo, que aquí nos resolvemos”. Lo dice con seguridad, aunque sepa que tampoco tiene cómo resolver nada. La consideración es su máxima demostración de amor. Un gesto heroico cuando el estómago no da tregua y las reservas se esfuman. Esta película rescata el valor de saberse frágil.

 

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2019-05-22T12:25:00-05:00

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2019-05-22T13:21:31-05:00

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Laura Camila Arévalo Domínguez - Twitter: @lauracamilaad

Cultura

“El piedra” y el valor de saberse frágil

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