Ernesto Che Guevara:

El revolucionario que parece no haber muerto

Hoy se cumplen 50 años del asesinato del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara. Después de su muerte, una de las imágenes más recordadas es la fotografía de Alberto Korda, que años después fue reinterpretada por otros artistas.

Esta ha sido la fotografía más representativa del Che Guevara, tomada por Alberto Korda / Archivo particular

El 4 de marzo de 1960, cuando llegaba al puerto de La Habana cargado de armas y municiones para aprovisionar a las Fuerzas Armadas de Cuba, el buque francés La Coubre explotó con la artillería abordo, causando la muerte de casi un centenar de personas. Al día siguiente, durante el sepelio masivo en el cementerio Colón, el fotógrafo cubano Alberto Díaz Gutiérrez logró una de las imágenes más representativas del siglo XX y, al tiempo, uno de los retratos más reproducidos en la historia.

Díaz Gutiérrez, más conocido como Alberto Korda, trabajaba en el periódico Revolución, pero además se había convertido en el fotógrafo personal del principal líder de la revolución cubana, Fidel Castro. De hecho, lo había acompañado en sus recorridos por la isla. Sin embargo, ese día de marzo de 1960, durante el acto fúnebre, captó la imagen de Ernesto Che Guevara observando a distancia, y esa imagen, que paradójicamente solo se publicó siete años después, terminó dando la vuelta al mundo.

A finales de los años 60, después de la muerte del comandante guerrillero en Bolivia el 8 de octubre de 1967, ese retrato del Che Guevara comenzó a reproducirse en múltiples formatos: afiches, hebillas, murales, camisetas, aretes, serigrafías, cuadernos o esculturas; esa imagen se transformó en un ícono para varias generaciones, en especial en América Latina, sobre todo en aquellas naciones en las que aparecieron grupos guerrilleros intentando emular la gesta de los revolucionarios cubanos.

Con el paso de los años, la fotografía de Alberto Korda con el Che Guevara a sus 31 años, la mirada entre el duelo y la ira, el cabello en desorden y la boina con la estrella comunista de cinco puntas sobre su cabeza, fue transformada por diversos artistas hasta volverse universal. El irlandés Jim Fitzpatrick y el norteamericano Andy Warhol, entre otros, le pusieron colores distintos al blanco y negro y desbordó los cánones de la representación revolucionaria para tornarse de dominio público.

Alberto Korda falleció en 2001, en París, Francia, y, a pesar de que su fotografía modificada por la estética se hizo famosa y se reprodujo en los cinco continentes, jamás estuvo en desacuerdo a que se divulgara de manera gratuita. La única vez que defendió su autoría fue cuando una agencia publicitaria la utilizó para un comercial de vodka. El caso incluso llegó a los tribunales y Korda donó la indemnización al sistema de salud cubano.

En Cuba, especialmente en La Habana, esta fotografía aparece en múltiples lugares. En paredes de las casas, en los colegios, en los cuadernos de los estudiantes llamados “pioneros” que aún repiten la consigna “Seremos como el Che” y, por supuesto, en el relieve escultórico de Enrique Ávila González, de 36 metros de altura y un peso 16 toneladas que se levanta ante la fachada del Ministerio del Interior. Esa obra es también fotografiada a diario.

En Colombia, la icónica imagen del Che Guevara se sigue utilizando en múltiples formas. Podría decirse que, desde los años setenta hasta el presente, han sido más de 40 años de reproducciones, sobre todo entre la gente joven. Desde 1978, uno de los sitios más concurridos de la Universidad Nacional en Bogotá es la plaza Che Guevara, y la foto de Alberto Korda se puede ver en uno de los costados del auditorio León de Greiff.

A Korda se le atribuye una frase: “Como defensor de los ideales por los que el Che Guevara murió, no me opongo a la reproducción de la imagen para la difusión de su memoria y de la causa de la justicia social en el mundo”.

Más allá de los deseos del fotógrafo cubano, al cumplirse 50 años del asesinato de Ernesto Che Guevara buscando exportar la revolución en América Latina, es claro que ese retrato ayudó a preservar la vida y obra del guerrillero argentino.

 

 

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