Harris lo conoció cuando tenía 20

El verdadero Hannibal

Thomas Harris, escritor del libro “El silencio de los corderos”, confesó que se basó en un médico mexicano para crear uno de los personajes más famosos del cine.

Anthony Hopkins ganó el Óscar como mejor actor en 1992 por su papel de Hannibal. En la imagen, con Jodie Foster. / Archivo

 

“¿Percibe usted el olor de su sudor? Ese peculiar olor a cabra es característico del ácido trans-3-metil-2 hexenoico. Recuérdelo siempre: es el olor de la esquizofrenia”.

En un bosque corre un cordero. La cámara le enfoca los ojos negros, cristalizados, huecos. Luego la boca: una abertura donde se ve, metida, la lengua. La cámara vuelve al bosque. El cordero corre. Las ramas de los árboles están mojadas, caen pequeñas gotas de rocío al suelo: nada de eso se ve. La cámara no hace un trayecto tan largo para ver el rocío sobre el prado. Pero uno, al frente de la pantalla, puede verlo. Puede sentir el olor del pasto húmedo, la piel del carnero mojada por la lluvia de la noche anterior. Un olor atosigante, incómodo. Después hay un grito, una chica que se pierde, un hombre que la mata, que la huele, que la despelleja.

Detrás de la película El silencio de los inocentes se ha tejido todo tipo de leyendas. Una de las más conocidas es el origen de Hannibal Lecter. “El doctor Salazar era un hombre pequeño, ágil y con cabello rojo oscuro. Se quedó muy quieto y había una cierta elegancia en él… (Después de hablar con él por un rato). El director de la prisión me sacó de ahí. Le di las gracias por su tiempo, le pregunté cuánto tiempo había trabajo el Dr. Salazar ahí. ‘¡Hombre! ¿No sabes quién es él?’, el director se volvió a mí en las escaleras, ‘El doctor es un asesino. Como cirujano podría empaquetar a su víctima en una caja sorprendentemente pequeña. Nunca saldrá de este lugar. Está demente’”.

Según Thomas Harris, el autor de las novelas que crearon el mito de Lecter, su personaje se basó en un médico mexicano recluido en una prisión de Nuevo León (México). Harris asistió a la bautista Baylor University en Waco (Texas), donde en 1964 se licenció en lengua inglesa. Mientras estaba en la universidad trabajó como reportero en el periódico local, el Waco Tribune-Herald, para el cual cubrió asesinatos y casos policiales. Durante esos años, cuando él cumplió 20, conoció al “doctor Salazar”.

El primer encuentro entre Harris y Salazar (nombre falso que le puso el escritor) fue “a ciegas”. Acudió a su oficina para saber cómo había curado a otro preso que había sido herido de bala cuando intentó escapar un año atrás, pero, según relató el autor, esa charla se tornó sombría cuando el doctor comenzó a cuestionar al periodista sobre la naturaleza del tormento y las víctimas de los asesinos. Harris contó esto más de 20 años, después de estrenada la primera película alrededor de Hannibal Lecter.

El escritor estadounidense fue enviado a la prisión estatal de Nuevo León, en Monterrey, para entrevistar al enfermo mental Dykes Askew Simmons, quien estaba bajo pena de muerte por matar a tres jóvenes. Simmons había intentado escapar de la prisión, pero en su lugar terminó herido. Fue entonces cuando entró el doctor Salazar. Salvó al recluso previniendo una hemorragia y suturándolo. Harris, por añadir algo más a su historia, decidió entrevistarlo. Durante su encuentro, la conversación tomó un giro mucho más oscuro cuando el médico comenzó a interrogar al periodista sobre la apariencia desfigurada de Simmons, la naturaleza del tormento y las víctimas del asesino. Esa es una de las escenas de la película: Lecter frente al vidrio observando a Clarice Starling, socavando en sus traumas infantiles, en el apego evidente hacia su papá. Ella mintiéndole, diciendo que su papá era un granjero, no un policía.

El doctor Salazar no es precisamente Hannibal Lecter, según Harris. Pero de acuerdo con Harris, a través de él pudo crear un personaje con un “peculiar entendimiento de la mente criminal”.

“¿Ha visto la sangre a la luz de la luna? Tiene un aspecto muy Negro. Usted apesta a miedo, Will. Pero no es un cobarde. Lo digo porque, a pesar de temer aquí, teme a ese chico tímido, pero trata de encontrarlo”.

 

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