Mi butaco

En el barrio de los buenos

Me tocó vivir en el barrio de los buenos. De eso he caído en la cuenta por las versiones que de la vida me dan aquellos con los que converso. En el lugar de la vida en donde yo estoy todos son buenos; en este maravilloso espacio nadie llega con una versión nefasta sobre sí mismo.

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Los hombres que conozco han sido todos abandonados por mujeres pérfidas, y las mujeres que me han contado sus cuitas siempre vienen de ser víctimas de un hombre canalla. Las sociedades que se separan siempre mandan a mi barrio al socio puntual y fiel, nunca al mañoso o indelicado, y en las historias de amigos siempre tengo que consolar al amigo leal y abnegado que viene lesionado por la ingratitud del otro, del que no conozco, del que vive en otro barrio.

Lo mismo me pasa con las historias de narcos. La culpa de nuestra imagen en el mundo la tienen los del otro barrio que se llama Netflix o “prensa extranjera”.

Es consolador esto de que no seamos responsables de nada, únicamente víctimas. Sólo que me inquieta cierta memoria adversa que no me deja olvidar que fuimos los colombianos los que convertimos a Miami en un campo de tiro al blanco en la década de los 70, en la cual las autoridades de la morgue de Dade County tuvieron que comprar neveras adicionales porque no les cabían los cadáveres de colombianos asesinados por colombianos en medio de la guerra entre pandillas de narcos. Va a ser bueno olvidarlo. Yo vivo en el barrio de los buenos.

Esa misma memoria autodestructiva me atormenta con el recuerdo de que los primeros que comenzamos a exportar nuestro intestino narco fuimos nosotros, con títulos con los que la memoria insiste en darme lora: Sin senos no hay paraíso, Pablo, el patrón del mal, Los tres Caines, El capo en plurales temporadas y un Alias El Mexicano escrito por mí.

Me parece estupendo que nos ocupemos de convertir a Netflix y a la prensa española, o a la de cualquier otra parte, en los malos de esta película, de esa manera no tenemos que dejar de hacer lo nuestro, como por ejemplo darle voz a Popeye en una serie de televisión o en la prensa con cuanta patanada salga a decir, ya sea en Youtube o en las entrevistas que nuestros periodistas se apuran a hacerle cada vez que el minicaudillo de la ultraderecha emite sus sentencias.

Es bueno vivir en el barrio de los buenos.

 

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