En la ciudad de los violines, un paisa los fabrica

Jorge Grisales llegó a Cremona, Italia, para aprender a construir violines hace 35 años. Hoy es reconocido por su buen trabajo.

Grisales llegó a Cremona en 1982, año en el que comenzó sus estudios. / Cortesía

En el más remoto lugar del mundo, y haciendo los oficios más disímiles, no es extraño encontrar a un paisa hablando el idioma del lugar, pero con su acento característico. Hace unos años Héctor Mora halló a uno vendiendo camellos en Oriente Medio. Algo similar ocurre en una pequeña ciudad del norte de Italia, en donde se fabrican los mejores violines del mundo. Es Cremona, la de los Stradivarios. Pues allí uno de los más cotizados fabricantes (luthier) es Jorge Grisales, de Medellín (Antioquia), tanto que preside la organización que los agremia y quien los representa en las reuniones internacionales.

Es familiar el nombre de Cremona para quienes están metidos en el mundo de los violines. Pequeña ciudad (72.179 habitantes en el censo de 2011), típica del norte de Italia, situada a una hora en tren o el doble de tiempo en automóvil desde Milán. Allí se toma buen vino, hay pequeñas trattorias con excelente pasta, prosciutto y queso gorgonzola. Casi en cada esquina hay un taller o un almacén de violines, y en el puro centro, a cien metros del Duomo, diagonal del Palazzo Comunale, hay un aviso amplio ubicado al comienzo de una calle empedrada, en donde Grisales anuncia su negocio. No fue difícil encontrarlo, porque es muy conocido este colombiano que se hace llamar Giorgio Grisales. Se le ve cual violinista en el tejado.

¿Por qué se le dio en venir por acá?

“Era trovador en Medellín, pero sentía inquietud por construir violines, ser un artesano del oficio. Me vine hace 35 años, estudié y aquí tengo mi taller”.

En 1982 se fue a Cremona donde comenzó a frecuentar el Istituto Internacional de Lutheria Antonio Stradivari bajo la disciplina de los maestros Giorgio Cé y Styefano Conia. Se graduó en 1988 como maestro luthier, convirtiéndose así en el primer colombiano egresado del más prestigioso centro de lutheria en el mundo. Simultáneamente se graduó como constructor de arcos del cuartero clásico (violín, viola, violonchelo y contrabajo) tras asistir a un curso bienal de la región Lombardía bajo la dirección del maestro Giovanni Lucchi. Su preparación profesional se complementó al graduarse como conservador y restaurador de instrumentos musicales históricos luego de un posgrado bienal en la cívica escuela de Lutheria de Milán.

Con sencillez, haciendo su labor, recibió al periodista y explicó que el proceso de construcción del violín y los instrumentos que componen su familia que se conocen como de cuerda frotada requiere habilidad, cuidado y paciencia. Casi setenta piezas son necesarias para su fabricación, donde los principales son la caja de resonancia y el mango.

El violín

El violín es uno de los instrumentos más admirados por su forma y por la pureza del sonido. Su origen se remonta a los siglos XIV y XV, cuando en talleres laúdes comenzaron a hacerse instrumentos de arcos. De ahí que la voz francesa luthier o la italiana liutaio hayan pasado a designar a los fabricantes de los instrumentos de cuerda.

La escuela de Cremona se inició con Andrea Amati y con sus hijos Girolamo y Antonio. El hijo del primero, Girolamo, fue el más importante constructor de la familia, quien logró tener muchos discípulos, entre otros a Antonio Stradivari, el más ilustre luthier de todos los tiempos, y a Giuseppe Guarneri del Gesú. Muchos de los instrumentos construidos por esos maestros reposan y pueden verse en el Museo del Violín de Cremona, situado también en el centro de esa pequeña ciudad y en donde se puede ver su evolución y conocer su historia.

En el mundo no llegan al millar los Stradivarios legítimos que aún subsisten, restaurados. En 2006 la Casa Christie’s subastó uno por US$3.5 millones. La destacada violista alemana Anne Sophie Mutter tiene uno conocido como El Emiliani, construido por Antonio Stradivari en 1710 y que fue del lord Dunn-Raven.

Para la elaboración de esta clase de instrumentos, comenta Grisales, hay que saber trabajar la madera, entender cómo se seca, añejarla, tratarla con barnices y colorantes en un tiempo determinado para evitar que la dañe el comején.

“Son muy importantes los ciclos de la Luna. Nos interesa que el árbol tenga la linfa en el extremo al momento de cortarlo. Los ciclos lunares nos indican el momento preciso en que debe ser cortada”, agrega el maestro.

¿Dónde se consigue?

Está desapareciendo. Tengo más de treinta años comprando madera antes de que desaparezca, porque los chinos están llevándose todo, arrasando los bosques. Uso madera de mínimo veinte años.

¿Cuánto dura hacer un violín?

250 horas.

Entonces, ¿cuántos hace al año?

Unos diez.

Y, ¿cuál es su precio?

Por aquí, entre 24 mil y 28 mil euros”.

¿Ha vendido en Colombia?

Sí, claro, allá hay que venderlos más baratos, porque no existe esa cultura. Los vendo en unos 7 mil euros. El primer violín que vendí en Colombia se lo robaron a quien me lo compró y comenzaron a pedirle rescate y finalmente jamás se lo devolvieron. Ese violín, tengo casi la seguridad, que no está en Colombia. Quién sabe por dónde estará. A pesar de ser tan pequeña, Cremona tiene unos trescientos talleres de luthiers y dos amplios teatros para conciertos.

¿Qué hace aquí, además de trabajar?

Usted lo dice, trabajar, porque no sólo hago, sino también restauro. Además, la personería de los luthiers con que me han honrado me quita mucho tiempo, viajo con mucha frecuencia cumpliendo esa representación y además vendiendo los instrumentos que fabrico. En los próximos días debo viajar a Shangái y al Japón, a donde voy a negociar unos que me encargaron. A finales de este año debo viajar a Medellín a dictar un curso en Eafit. Cremona, como usted puede darse cuenta, es una ciudad apacible, tranquila, a nadie asaltan, pero cualquiera se puede morir de tristeza.

Grisales (Giorgio o Jorge) en 2006 obtuvo la medalla de plata en la XI Trienal de Instrumentos de Arco “Antonio Stradivari” en Cremona con un contrabajo.

Hubo medalla de oro ¿quién la ganó?

Nadie, de pronto no se atrevieron a dármela porque se imagina lo que hubieran dicho: “¡Un latinoamericano gana medalla de oro!”

En una orquesta de Cámara de Moscú hay quien toca con un violonchelo de Grisales. Y como si fuera poco, el emperador Akihito, de Japón, le encargó un cuarteto de cuerdas que utiliza la orquesta oficial para sus conciertos.

Un sobrino, Ricardo Grisales, trabaja con él en el taller y varios compatriotas han ido a recibir sus enseñanzas como el abogado Gilberto Álvarez, quien luego de pensionarse como auxiliar de magistrado en el Consejo de Estado y recibir sus enseñanzas en distintas oportunidades en Cremona, montó su pequeño luthier en Bogotá.

 

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