Poesía

Federico Díaz-Granados: la vida hecha poesía

El poeta bogotano presentó su más reciente libro, un poemario titulado “Adiós a Lenin” editado por la Pontificia Universidad Javeriana.

Federico Díaz-Granados, uno de los referentes de la nueva poesía colombiana. / Cortesía

Federico Díaz-Granados (Bogotá, 1974), quien dirige la biblioteca del Gimnasio Moderno desde hace unos años, ha publicado Adiós a Lenin (2017), un poemario editado por la Pontificia Universidad Javeriana en que el autor reconstruye los versos de dos de sus libros más emblemáticos, Hospedaje de paso (2003) y Las prisas del instante (2015).

Nacido en la capital de Colombia, hincha del club rojo que supo ser el primer campeón del fútbol nacional, lector inagotable, fanático de la saga de Star Wars, el cine en tonos grises, de Forrest Gump, el buen blues y el lejano territorio ruso; gran gestor cultural, conversador de libros y platillos exquisitos, amigo y curioso de la vida, Federico Díaz-Granados ha sabido hacerse poeta y representar con buen tino lo que este arte susurrante se propone por estos días. No en vano ha sido reconocido como uno de los referentes de la nueva poesía colombiana. Su padre, José Luis Díaz-Granados, ha sabido bien cómo impulsar el gusto de Federico hacia la poesía y, para quienes lo hemos leído, aquello es sumamente gratificante.

Los poemas de Díaz-Granados (hijo) son un canto a la certeza de sabernos sentenciados al olvido, al paso de los años, a la muerte y la mirada indiferente de una mujer, aquella tan bella que de bella se hace distante, casi inalcanzable y sólo es nuestra en los sueños, en las palabras, en los versos. Son la vida hecha poesía, los desprendimientos, las despedidas, la niñez que se recupera, los recuerdos de una Rusia evaporada, las palabras a los amigos, los homenajes a lo que no se mueve, a la comida, a las calles, a los sonidos y a los que se han ido; polvo somos, polvo seremos, pero ¿qué hay de los poetas? Estos no mueren, se hacen eternos, aun así no dejan de preguntarse si la vida tiene fecha exacta de caducidad o si se trata solamente de un paso fugaz que hacemos por este mundo, de pies descalzos y con los ojos cerrados.

“Pese a los más de diez años que separan la publicación de los dos poemarios (Hospedaje de paso y Las prisas del instante), una continuidad de tono, temas e imágenes los unen. Son poemas de amor y desamor, poblados de soledad y fantasmas, teñidos de nostalgia y melancolía, que conmueven por su sinceridad, no exenta a veces de ironía y autoironía”, señala Anthony L. Geist en el prólogo del libro.

Ciertamente, los versos aquí contenidos son el grito a viva voz que reclama por una época que se ha ido, un tiempo que ha quedado recluido en el cajón de la alacena. “Adiós a Lenin es una antología que, para mí, simboliza ese largo adiós de una época, de los íconos de una generación, de la infancia y sus símbolos e imaginarios”, comenta Díaz-Granados. Sólo basta leer los primeros poemas para reconfirmar la fuerza de una voz que se ha formado con el correr de los años, subida en el DeLorean o en el Halcón Milenario; lo que aquí se encuentra, en este libro tan cuidadosamente trabajado, no es más que un homenaje a lo que nos hace ser quienes somos y mirar atrás para fijarnos en quienes fuimos.

Federico Díaz-Granados ha hecho de su vida un poema que se acurruca temeroso bajo la estantería, esperando con sigilo por algún lector desventurado, sin rumbo fijo, perdido y sin salida en el camino de la poesía.

 

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