Meninas frente al espejo

Fragilidad

Moisés Morales Duque nos invita a revisar la urgencia de preservar las especies en vía de extinción por medio de “Frágil re Alidad”. Con esta exposición, se inaugura el ciclo de las muestras artísticas del edificio Ad Portas del campus de la Universidad de La Sabana.

La obra de Duque propone reflexionar sobre la forma en la que los seres humanos conviven con la naturaleza. / Cortesía

Ad Portas hace parte del proyecto diseñado por el arquitecto Felipe Uribe como un vínculo para que confluyan las artes y la academia de manera natural, el cual está abierto para el público y la comunidad educativa. Morales Duque es egresado de la Facultad de Artes de la Universidad de los Andes y es el artista que el curador Alberto José Estrada eligió para iniciar este ciclo de exhibiciones.

Cada pintura de Frágil re Alidad nos narra una historia alarmante de algún animal en vía de extinción o de alguno que se ha extinguido en los últimos años.

Sus pinturas poseen una composición con tres campos: el primero es la tela misma, espacios que deja el artista sin tocar; en el segundo surgen las manchas que se asemejan a explosiones, movimientos de átomos o microorganismos; y en el tercero aparecen zorros, aves, osos de anteojos y peces, entre otros animales indefensos tratando de sobrevivir en este mundo antropocéntrico.

Morales Duque revela una preocupación por la fauna del planeta y es consciente de la fragilidad del mundo contemporáneo.

Aunque su práctica se desenvuelve de muchas formas, la pintura es su lenguaje plástico; en ella experimenta y realiza una simbiosis entre la figuración y la abstracción con un marcado acento expresionista, que da lugar a relaciones complejas, rizomas que se conectan por medio de las capas de pintura con una intención de tridimensionalidad en las telas. Trabaja en grandes formatos, donde expone un universo caótico entre chorreones y manchas de colores, en contraposición a un dibujo cuidadoso y realista de los animales. El artista utiliza el frottage, poniendo improntas, huellas e intervenciones de personas y de sus hijos, tal vez como una manera de contraponer la vida ante la muerte.

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Las huellas que aparecen evocan los animales que habitan en la incertidumbre existente ante la catástrofe que se desborda y que va a pasos de gigante. La fauna, la flora y los seres humanos cohabitamos en un mundo inmerso en el cambio climático, el deshielo de los polos y el aniquilamiento del hábitat de cientos de especies por diversas razones. Hemos llegado a un punto sin retorno en que para producir aceite o un chocolate se tala un bosque, dejando a los orangutanes sin dónde vivir. Morales Duque plasma así estas pulsiones de muerte.

El ser humano es el gran depredador, ha creado una isla de plástico tan grande como un continente en el Pacífico, matando la fauna de los océanos. Hace poco vimos cómo una tortuga tenía en sus entrañas un pañal desechable. ¿Cómo fue a parar esto al océano? Y ¿cómo llegan entre 12.000 y 24.000 toneladas de basura que ingieren cada año los peces en las profundidades del Pacífico? Al igual, las farmacéuticas, peleterías y empresas de cosméticos experimentan sus “avances” con pruebas en los animales sin remordimiento alguno. Recientemente, vimos publicadas unas fotografías de una cazadora estadounidense sonriente y posando con su fusil muy ufana por la muerte de una jirafa negra de África, luego repitió el acto y circuló en sus redes sociales la imagen con un león muerto.

Estos cuestionamientos y ejemplos nos hacen pensar que el mundo actual es esquizofrénico, como lo manifestaron el filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari. La esquizofrenia, como una enfermedad que se caracteriza por alteraciones de la personalidad, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad, trae como resultado un mundo donde se trastocan nuestros deseos más profundos en anhelos artificiales que se traducen en un consumo desaforado. Lograr los deseos trastocados implica llegar a ellos a costa de lo que sea. Lo importante es ese objeto del deseo momentáneo o caer en las nuevas trampas de la publicidad, en que cualquier acto de consumo se vuelca en una experiencia. Aún tenemos esa visión antropocentrista y moderna que domina, ese narciso exaltado que toma lo que quiere sin permiso y explota los recursos de la prolífica diversidad del planeta y que no posee límites. En contraposición, Morales Duque se suma con sus pinturas, conversatorios y talleres a plantear soluciones que propenden por una ecología integral.

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Estamos en un punto en el que no se puede ser indiferente a los desastres dejados por las dinámicas de la sociedad moderna. Desde finales de la década de los 80, algunos artistas ligan su práctica artística con lo ambiental y lo han hecho a manera de resistencia. Su obra se liga con el activismo, la denuncia, en que el arte y la vida son respuestas a una forma de pensar y de actuar. Artistas, académicos, biólogos, ecologistas, psicólogos, diseñadores y hasta el papa Francisco, que en su encíclica Laudato Si, expresa que “se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año. La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”, y se conectan con la naturaleza de manera multidisciplinaria en sus propuestas. Así, la pintura de Morales Duque nos insta a tomar una posición. La premisa moderna y de la industrialización era cambiar el mundo, ahora esta frase parece ajena al ser humano. Ahora nos debemos replantear nuevas formas de convivir, el mundo no solo necesita caritas tristes ante los problemas ambientales, sino que resulta imperativo actuar. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados, no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Al estar en un campus universitario, esta exposición propicia que los estudiantes se pregunten y reflexionen, para que puedan hacer cambios en su manera de concebir el mundo.

De acuerdo con los avances de la inteligencia artificial, la cual está muy avanzada, se afirma que los robots pueden suplir a los seres humanos; en unas décadas solo falta ver a Erika y Sofi, los androides que acaparan la red. Frente a esta afirmación, recuerdo el cuento Visiones de un robot, de Isaac Asimov. En él se extingue la humanidad en un período lamentable y los humanoides regeneran los bosques, cuidan de los animales y el planeta se encuentra en un tiempo de paz. ¿Será que esta ficción nos anuncia el futuro?