Leo el sabor

Futuro alimentario

La fundación Funleo trabaja denodadamente por rescatar los saberes gastronómicos ancestrales de algunas comunidades olvidadas del país.

Una postal de la diversa Colombia, alejada de los grandes centros industriales del país. / Cortesía

Hace más de una década, emprendí un viaje por la agreste geografía colombiana para indagar sobre los rastros que el paso del tiempo había depositado en la memoria culinaria. Sí, por esas sorprendentes tierras de olvido, en donde cualquier alma que arriba, se convierte en luz de esperanza.

Adentrarme en comunidades rurales me llevó a entender todo aquello que en la universidad había estudiado sobre los distintos modelos de producción cuando leía de Federico Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: “Dado que la base de la civilización es la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción”; o de Adam Smith, en La riqueza de las naciones, capítulo De los salarios del trabajo: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”, o cuando me encontraba con frases como aquella de Carlos Marx: “El progreso social puede ser medido por la posición social del sexo femenino”; o simplemente, para reflexionar que ningún sistema económico ha sido tan efectivo para generarle al mundo, una sociedad más justa y equilibrada.

Viajar por las zonas rurales me llevó a comprender que es en éstas donde se asienta la mayor riqueza patrimonial de Colombia. Habitadas en su mayoría por poblaciones principalmente indígenas y afro, son autoras de la vasta gastronomía, tradición oral, folclor y grandeza musical. Lo difícil de todos estos recorridos, fue concebir, ¿por qué entonces son víctimas de pobreza y de exclusión?

Fue así como nació Funleo, una fundación cuya enfoque es la gastronomía como motor de desarrollo. En asocio con organizaciones internacionales, consejos comunitarios, resguardos indígenas, que creyeron en nuestra visión, comenzamos a transitar entre territorios desolados por la violencia del conflicto armado, por la indebida explotación de los recursos, por la desidia del Estado, o por el adverso narcotráfico.

Entre más peregrinábamos por la frondosidad de la selva amazónica o pacífica a través de caudalosos ríos, esteros y manglares, o por montañas, desiertos, llanuras, sabanas, litorales marinos, islotes o páramos, algunas veces exponiendo nuestras vidas, más sentíamos la grandeza de un país, no sólo por las maravillas de sus recursos, sino porque, a pesar de tanta desigualdad, siempre sobresalía una sonrisa.

No es en vano, que nos consideren el país mas alegre del mundo.

Con estas comunidades no sólo aprendí a conocer la inmensa riqueza del país, sino que tuve la fortuna de saber que existen cosmovisiones de vida, distintas de la conocida, contradictoriamente, más justas y generosas.

Gracias a compartir la misma mirada de vida con mi hija Laura, hoy nuestros días se fundamentan en indagar las tradiciones de pueblos, en asocio con la producción, la preparación, el consumo y la transformación de alimentos y recursos. , como base primordial para impulsar procesos de regeneración y evolución, necesarios para mitigar la vulnerabilidad de las poblaciones. Es bien sabido que la gastronomía local, la diversidad natural y todo el patrimonio cultural son herramientas claves para el futuro social, económico y político del país.

Para este año, Funleo ejecutará varios proyectos. El primero es la creación del primer Centro Integral de Gastronomía (CIG) en Coquí, Chocó, un espacio que permitirá el intercambio de conocimientos alrededor del uso gastronómico de las especies sembradas, como de otros elementos de la culinaria local, con miras a crear o consolidar cadenas productivas de valor. Coquí es una población ubicada en el golfo de Tribugá, una región altamente potencial para el etnoturismo, sin acceso a la salud y educación. El centro estará compuesto de un restaurante cimentado en la conservación de técnicas y materiales típicos de construcción de la zona, un centro de transformación, y una huerta. De esta manera, esperamos generar nuevas oportunidades laborales, sociales y económicas, no solo para la comunidad, sino para sus alrededores.

El segundo, la adecuación de un Centro de Producción Gastronómico en Guapi, con el fin de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de mujeres afros del Pacífico caucano, mediante la adecuación y dotación de un espacio de producción, orientado a la elaboración y comercialización de productos con valor agregado a partir de la materia prima local; y el tercero, favorecer la comercialización de Quamba, una bebida carbonatada de panela con limón, creada por Laura para apoyar nuevos proyectos, pero sobretodo, a mujeres pertenecientes de los estratos 1 y 2 del municipio de Villeta, Cundinamarca, agrupadas en la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia y Desplazadas, Dulce Caña, quienes elaboran una panela de forma artesanal a partir de variedades de caña cultivadas bajo principios agroecológicos.

Resulta imperativo invertir en proyectos gastronómicos encaminados a reducir la pobreza monetaria en un país que se encuentra en una incesante batalla por alcanzar la paz en medio de un conflicto que ha dejado importantes retos, en cuanto a la producción y consumo de alimentos; teniendo en cuenta que además, otros factores como la explotación indiscriminada de recursos naturales no renovables, la insuficiencia de políticas agropecuarias sensatas, los tratados de libre comercio y las malas prácticas en el uso de las tierras, afectan sustancialmente el acceso a los alimentos.

De no controlar la fragilidad de las poblaciones con mayor riqueza cultural, y si el Estado continúa cediendo las tierras a transnacionales para la explotación minero-energética, la identidad y pertenencia de nuestros territorios, sus conocimientos, y prácticas ancestrales, así como sus costumbres, usos, y formas de producción, sostenes esenciales en las estrategias para la defensa de la autonomía alimentaria, se verán afectadas al punto de que podría generarse un conflicto mayor del que ha dejado el armado. Para ese entonces será imposible recorrer la memoria de sus sabores.