"Gancho al hígado": la vida convertida en cuadrilátero

Los personajes del libro viven las etapas más oscuras de sus vidas. Con golpes mortales son puestos a prueba para finalmente tomar la decisión de levantarse o resignarse a un nocaut.

Leo Felipe Campos, autor del libro, es venezolano y está radicado en Colombia.Archivo partícular

Leí el libro de Leo Felipe Campos y recordé un caso que conocí hace algunos años. Juliana Rodriguez*, madre de dos hijos y esposa de Benjamín Suárez* me lo contó, y ahora puedo decir con facilidad que lo que lo que ella recibió fue un gancho al hígado. Un golpe que la dejó sin aire. Rodríguez llegó a los días en los que debió asimilar que pasó quince años compartiendo la cama con un tipo que, frente a sus ojos, con las manos y las rodillas contra el suelo, se retorcía de placer porque otro lo penetraba. Cientos de noches durmiendo con un desconocido que había dicho por meses que no encontraba trabajo, que mejor se quedaba en la casa limpiando y esperando a que los niños llegaran del colegio. Que tranquila, que eran un equipo y eso hacían las familias: apoyarse. Que pronto llegaría la oportunidad para él. Que aguantara y fuera considerada, le decía. Ella soportaba sus palabras que salían de su boca impregnadas de un hálito a whisky, bebida que tomaba para relajarse del estrés que le producía no aportar para la manutención de sus hijos. ¿Cómo reaccionar ante eso? ¿Cuál es la mejor manera de actuar al aproximarse a la casa, escuchar gemidos y sentir pánico por abrir la puerta que develaría la imagen de un hombre que mintió por años y ahora aprovechaba las tardes libres para acostarse con otros? ¿Cómo controlar las ganas de matar lento y con dolor al papá de sus hijos? Lo que siente que va a quemarle los intestinos es cuando recuerda la homofobia de su marido, con la que muchas veces se atrevió a decir que sería una desgracia que Martín Suárez*, el hijo menor que ahora tiene 12 años, resultara gay.

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Para Leo Felipe Campos (San Félix, Venezuela, 1979), autor del libro Gancho al hígado, la cotidianidad está compuesta de golpes que buscan someter al que los recibe. El libro cuenta historias que podrían pasarle a cualquiera, pero que no cualquiera podría superar. Suicidios, amenazas, nostalgias, muertes y pobreza son algunos de los temas que el autor desarrolla con sucesos ocurridos en esquinas, apartamentos o playas de Venezuela, pero que aplicarían a cualquier escenario latinoamericano. Son los cuentos de las arrugas de los que recibieron la vejez con una escoba en la mano y la cintura quebrada, de los que tuvieron que reponerse de la inmolación de un ser querido que quiso dejar de respirar y no contó con que le quitaría el oxígeno a toda la familia, o de los que tuvieron que sucumbir a las manipulaciones de los típicos hampones que amenazan la vida ajena para elevarle el valor a la propia.

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El venezolano, quien vive en Bogotá, inicia su libro con un prefacio en el que divide a los escritores del mundo en tres categorías: fajadores, estilistas y pegadores. Aprovechó el boxeo para nombrar el compilado de cuentos y también fue una perfecta excusa para referirse a las plumas que lo han influenciado. Habló de los boxeadores que se impulsan hacia adelante y que con movimientos rápidos y eficaces logran vencer a su oponente. A ellos se les dice fajadores y en ese grupo ubicó a Bukowski. A J.M. Coetzee lo comparó con los estilistas. Su cuidado con el lenguaje lo imaginó acompañado de un inteligente movimiento alterno de manos y neuronas, que podría verse reflejado en la soltura con la que un boxeador mueve su cintura y sus piernas para protegerse de los ataques. Cuando llegó a Borges pudo hablar de los nocauts. Dijo que era un implacable pegador que con sus letras logró dejar sin aliento a medio mundo.

Gancho al hígado es un espejo en el que usted podrá reflejar dolencias propias en situaciones ajenas. Un libro que le susurrará al oído que tal vez su vida sí sea tan horrible como temía, o tan buena como ignoraba, y que al final le sugerirá que lo bueno y lo malo no existen, y que a este mundo se viene a sufrir lo menos posible. Los cuentos también podrán hablarle un poco más fuerte para que, dependiendo de la historia de su vida, a usted se le estallen las emociones y se conmueva con las penurias de una “voz débil tan llena de grietas como de espasmos” que esté viviendo con la espalda doblada por la nostalgia, o la de una niña que al despertar de un sueño se encuentra con las piernas de su hermanita que, colgada del techo y morada por la asfixia, haya decidido llevarse su vida y la de su familia por delante.

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La obra de Campos —editor, cronista y corrector de estilo, autor de El famoso caso de las cartas de Lucas Meneses (2009) y Sexo en mi pueblo (2009)— es un recorrido por hechos que particularmente ocurren en estratos medios bajos. Las historias son de personas que con poco han enfrentado mucho. De gente que ha tenido que aprender a reírse de sus tragedias para aliviarse el ardor que producen las pérdidas, las traiciones o la impotencia. El autor retrata a la sociedad latinoamericana que, para seguir viviendo, ha tenido que olvidar las promesas evanescentes de las que sigue siendo víctima gracias a su mal o buen hábito de soñar y renacer de las cenizas en las que se han incinerado las ilusiones de los que nacieron en nidos cercanos a la pobreza, la marginalidad y la tentación de bajar los brazos para abandonar el ring de la vida.

Los nombres de las personas mencionadas fueron cambiados para proteger su identidad. 

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2018-10-19T09:31:19-05:00

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Laura Camila Arévalo Domínguez- @lauracamilaad

Cultura

"Gancho al hígado": la vida convertida en cuadrilátero

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