En Art Basel 2018

Good to Know: acercarse al arte sin buscarlo

El colectivo curatorial Good to Know presentó “La Bodega y Más”, una exposición compuesta de 10 fachadas que rindió homenaje al vecindario de La Pequeña Habana, en la ciudad de Miami.

El artista cubano Reyner Leyva Novo, quien estableció un centro de acopio donde invitó a los inmigrantes cubanos a donar su ropa usada. Cortesía Good to Know

En Cuba nada se bota. Así lo cuenta Tania Suárez Giró, quien hace más de diez años se fue de su país hacia Estados Unidos, el pedazo de tierra más cercano a la isla. Salió de Cuba por la escasez que, según ella, “irrita a más de mil. Así como me irritó a mí”, porque se hartó de los límites y porque soñaba con un lugar en el que la revolución no le coartara cada sueño que tenía para ella y su hija, Claudia Salva Suárez. El primer día en Florida tuvo que entrar a un supermercado. Encontró uno de letrero verde que decía Publix. Entró y no pudo contener las lágrimas. “No había tenido elecciones. Ahí había mucha comida, había carne. No lo podía creer”, dijo Suárez. A pesar de todo lo que le faltaba, cuando se fue de Cuba entendió que lo que valoraba no lo podría conseguir con dólares y que en su país los tesoros no se podían comprar. Allá dejó las reuniones familiares, el dominó con el clima húmedo, el olor que solo tiene Cuba y la sensación de ser igual al que tenía al frente. Allá no tenía que posar y no iba a ser humillada por nadie. Allá era una cubana más en su tierra.

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De la historia de Tania Suárez y de la de tantos cubanos que han emigrado a Estados Unidos en busca de sentir sus anhelos posibles, habló la obra de Reyner Leyva Novo, un cubano que estableció un centro de acopio en la Panadería de Versailles, lugar emblemático del exilio cubano, e invitó a los migrantes a donar su ropa usada, prendas que finalmente se convertirán en una alfombra de más de cinco metros, homenajeando la tradición popular cubana de reutilizar ropa para hacer nuevos objetos en sus hogares. La muestra unió signos y referentes, arte y sociedad, la experiencia de la revolución y la añoranza de abandonarla. La alfombra de Leyva se convertirá en un mapa antropológico que revisa la cotidianidad en Cuba, que se regresa a la infancia de Suárez, pero, sobre todo, a los vestidos que usó cuando era una niña, los mismos que le heredó a su hija, quien los utilizó en perfecto estado y que actualmente tienen sus primas pequeñas. Los cuidados por los objetos y el valor que estaba acostumbrada a darle a cuanta cosa llegaba a sus manos los perdió al conocer la abundancia norteamericana, la del consumo, el desperdicio y la obsolescencia de los objetos.

La obra de Leyva fue una entre otras nueve más que exhibió “La Bodega y Más” de Good To Know, un colectivo curatorial de tres mujeres que se inició hace un año con Art Basel 2017. Juliana Steiner, curadora colombiana y cofundadora de Espacio Odeón, quería abrir nuevos espacios para tener diálogos diferentes con la ciudad e inyectar de vida a lugares abandonados que siempre ha creído que tienen el potencial de renacer de la decadencia. Conoció a Alex Valls, una norteamericana con ascendencia cubana que le contó del proyecto. La coincidencia fue inevitable y junto con Juliana Vezzetti formaron un colectivo que pretende alejarse de la idea de la nueva exposición, la venta y la compra. Cuando las tres visitaron el lugar que tenían disponible para un nuevo proyecto curatorial y se fijaron en las fachadas de las viejas tiendas de los cubanos que arribaron a la Pequeña Habana en la Calle Ocho de Miami, se enamoraron de la posibilidad de iniciar una conversación sobre la contemplación de los objetos en la vitrina, la posibilidad de adquirirlos y las tradiciones de un país que conquistó una pequeña parte de Norteamérica. Llamaron al proyecto “La Bodega y Más” e invitaron a diez artistas a responder a cada una de las fachadas y al pasado que la comunidad cubana vivió en esos lugares.

Steiner les pregunta a los artistas cuando llegan a los espacios vacíos: ¿usted qué se imagina aquí? ¿De aquí qué lo nutre o qué le llama atención? y presta especial atención a sus respuestas, que considera vitales para entender su idea del arte, que para cada ser humano puede ser distinta. Se ha convencido de que las imposiciones no sirven y que si se cambia del cubo blanco convencional a la calle, la percepción se transforma. “El arte público pide al espectador que tal vez no está buscando arte, que lo encuentre. Por ejemplo, la Pequeña Habana es concurrida por cubanos, pero también por mucha gente que reside en Miami y que se va a encontrar con piezas políticas como la de Pablo Licona, quien, en una simple oficina, expone una bandera cubana que en la parte posterior oculta una balsa que se hunde sobre el mar, todo hecho en papel de seda. El sueño cubano de abandonar la isla está invertido y el buscó regresar al lugar de origen, pero también lo hizo físicamente imposible. La muestra de Licona hace preguntas acerca de los viajes que muchos inmigrantes emprenden”, dijo la curadora colombiana.

En la muestra también participaron los artistas Shane Darwent, Fanny Allie, Reyes Santiago, Jack Henry, Leah Dixon, Ruben Millares, Rene Ramone y The Center of Subtropical Affairs. Licona y Reyes Santiago, artistas colombianos, tuvieron una gran acogida por parte de los curadores visitantes durante la semana de la exposición.

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Good to Know, una plataforma para artistas no convencionales, continuará invitando a los interesados en trasformar las formas de encontrar a los espectadores que sin buscar se crucen con la posibilidad de iniciar conversaciones vitales para la trasformación de una sociedad que, como los espacios decadentes que busca intervenir Steiner, ha sobrevivido al abandono de los detalles que pueden salvarla.