Entre líneas

Hacedoras de libros

En una visita de autores en un colegio, una niña me preguntó cómo se hacían los libros, no cómo se escribían. Señaló su textura, su letra y papel. Siguió interesada en cómo se cosía y se encuadernaba. Ella estaba pensando en algo muy poderoso: el libro como artesanía, como un objeto noble que, además, le contó una historia, le despertó alguna emoción.

Archivo particular

Esto me hizo recordar una asociación de mujeres que “creen en el poder del papel y sus infinitas posibilidades creativas”. Se trata de la Unión de Editoras Experimentales que, si bien funciona en Chile, tiene una filosofía que seguramente se puede replicar en otros espacios: “Usamos papel. Lo plegamos, cosemos, rayamos. Lo destruimos, lo conquistamos. El papel es revolución”.

Esto lo han entendido, por ejemplo, las editoriales cartoneras que surgieron tras la iniciativa Eloísa Cartonera, de Buenos Aires, y buscan independencia en sus publicaciones, el uso de formatos artesanales y de materiales reciclables como el cartón. Así fue como nacieron en Colombia los proyectos Amapola Cartonera, Del Ahogado El Sombrero, Azafrán Cartonera y La Pola Cartonera.

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Hay un acto ideológico detrás de esto: todos podemos hacer libros con nuestras propias manos. Las editoriales, por fortuna, seguirán existiendo y brindando un respaldo, una curaduría. Sin embargo, no son el único medio que posibilita que nuevas voces sean leídas y que se transforme el formato del libro tradicional con calidad y de forma autogestionada.

Esta labor artesanal tiene una mejor expresión cuando se hace en conjunto: se potencian las ideas, se acompañan los procesos y se comparten, desde las diferencias, “espacios creativos que nos permitan visibilizar lo que hacemos”, como menciona la Unión de Editoras Experimentales, pues el objetivo no tiene por qué ser menos ambicioso que el de una editorial tradicional. Se busca que el libro como objeto llegue a distintos espacios e incluso que sea asequible en sectores poco privilegiados: “Sabemos que solo así, el libro, como una manifestación de una pulsión creativa, será protegido y valorado en todas sus dimensiones”.

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Es interesante el concepto de “experimentales”. En esa palabra hay un riesgo, una aceptación de que puede salir mal y que aun así no se considere como fracaso. Hay un llamado al juego, así como el de aquella niña que entendió que ella misma podía tomar unas hojas, colores y cosedora, y hacer su primer libro.

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Juliana Muñoz Toro / @julianadelaurel

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