Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Harold Muñoz: "Nadie grita tu nombre"

Presentamos una entrevista con el escritor caleño Harold Muñoz, quien se presentará en la Feria más grande de América Latina, que comienza hoy.

Harold Muñoz, escritor, periodista y editor. Un hombre apasionado por la palabra. / Cortesía

En una casa azul en Bogotá, cerca de la Caracas, por la calle 35, Harold Muñoz me cuenta sobre lo que ha sido su recorrido literario y lo que le interesa en relación con la escritura. Cada tema lo va tejiendo con otro y con otro, llegando siempre a un mismo fin: la palabra, trabajarla, moldearla, revelando así su propia voz, su devoción de escritor.

Se levanta a las cuatro o cinco de la mañana y escribe tres o cuatro horas. A eso de las ocho se va para el trabajo. Es asistente de edición en una revista en la que venía publicando desde hace más de dos años, cuando aún era estudiante de literatura en la Javeriana de Bogotá. “Para mí la edición es una forma de lectura. Si uno edita desde su posición de autor le va a pasar que es egoísta; pero si uno edita con la intención de leer y descubrir a otro autor, ves cosas que podrías quedártelas para tu texto, pero preferís dárselas a la otra persona. También, encuentras ideas que enriquecen tu escritura”.

Aparte de la edición y la literatura, la otra faceta de su trabajo es la escritura de textos periodísticos (o así es como lo dicen sus editores). Aunque él no se define en un género a la hora de escribir, pues puede mezclar crónica, reseña y entrevista en un mismo texto; va escuchando lo que la historia misma le va pidiendo, como si tuviera que trabajar con una piedra: primero descubre su forma.

Muñoz aprovecha el periodismo no como medio de objetividad, sino como una oportunidad de componer, observar y reflexionar: como una oportunidad de configurar un yo que mire y escriba desde su mirada. No le molesta tener que escribir con afanes o contratiempos, ni que le encarguen cierto texto; él lo asume, va, explora y se hace la pregunta por el cómo: “Cuando yo hago periodismo no veo los hechos como información en términos de contarle algo a alguien, sino que veo las cosas como si fuese encontrando las piezas de una composición: por ejemplo, la composición misma de un personaje. Yo soy una persona que duda todo el tiempo; frente a ese personaje que me encuentro soy consciente de que no es el personaje que él dice ser, ni el personaje que yo digo que es, sino que denuncio de una forma muy sincera que lo estoy viendo desde mi punto de vista. El personaje que estoy narrando es el que yo veo: lo muestro desde mi óptica particular y desde la composición estética”.

Nadie grita tu nombre es la reciente novela de Muñoz, en la que se nos presenta a Kenia, una joven negra que narra lo que le está pasando en el momento de su vida en el que la conocemos. Como todo relato y como la significación que hacemos de cada vivencia, a medida que narra, Kenia va realizando también asociaciones que la llevan a escarbar en sus memorias, en sus amores de adolescencia, en sus recuerdos de la infancia y a pensar en el sentido del futuro.

Su palabra narra y va siendo testigo —a medida que también va haciendo testigo al lector— de una realidad que se va significando a la luz de los ojos de este personaje. La vemos ser en su soledad y en sus frustraciones, y con ello entendemos su actuar y el hecho de que una tragedia sea para ella la oportunidad de irse sola, de no volver porque ya no hay a dónde volver ni por quién volver.

Para Muñoz, la literatura no se reduce a una pura invención de mundos. Él va escuchando la voz de sus personajes, tratando de comprenderlos en sí, en su complejidad; es decir, en el mundo propio que habitan: no se trata de un mundo que salga de la nada. “Cuando yo fui a inventar a Kenia tuve que hacerlo de dos maneras: mirar en mi vida, en los momentos en que me encontré con ese personaje, no podría decirte quiénes ni cuándo, pero son cosas que le van quedando a uno. Y salir al mundo: investigar, hacer preguntas obvias. Algo que les llama la atención a las personas que han leído la novela es la dificultad de narrar a partir de una voz femenina; yo no digo que eso sea más fácil, pero sí te da una ventaja porque te obliga a hacerte preguntas, a pensar en eso que está separado de vos; algo que me pasaba y que tuve en cuenta en el proceso de edición es que podía correr el riesgo de que Kenia fuera una proyección mía: de ser así no funcionaría como personaje”.

Esta muchacha encuentra en la marimba un camino distinto a lo que en su contexto seguramente esperaríamos de ella, un contexto que se ha estructurado sobre las distancias sociales que hay entre centro y periferia, sobre la objetivación sexual de la mujer delineada con los parámetros de belleza establecidos por el narcotráfico.

Kenia encuentra algo que la lleva a decidir quién quiere ser. Y entre las pérdidas que sufre y las decisiones que toma, la marimba quizá no es aún un duelo para mirar atrás de otro modo y seguir, pero sí es la fuerza con la que observa y reconoce lo que va ocurriendo, la fuerza con la que con rabia termina de narrar diciéndonos qué ha decidido de su mañana.

Nadie grita tu nombre no solo da razón de un conflicto en Colombia; da lugar a tragedias públicas que afectan las individualidades y las someten. Permite entrever que en el país ha habido distintas violencias en determinados contextos y con dinámicas e historicidades específicas que han ido edificando ciertos referentes sociales: entre ellos, por ejemplo, está el río y su relación con lo abominable, con la soledad de la muerte anónima, la desintegración de un rostro y con él, de una identidad, con la deshumanización absoluta.

Pero también la novela interpela el sentido de otras posibilidades. Está Rafa, un músico de cruceros por quien Kenia comienza a tocar la marimba. Con él no tenemos una significación horrorosa de la relación entre agua, cuerpo y muerte. Él le confiesa a Kenia, mirando al mar, que un día tendrá el valor suficiente para dejarse fluir con las aguas e ir tras su gran amor.

 

 

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