Hermanitas de san placer

Dos hermanas, que tienen el mismo nombre, protagonizan una de las comedias más picantes de la antigüedad. Las dos Báquides, que se ganaban la vida vendiendo sus favores, terminaron confundiendo a un par de jóvenes enamorados por cuenta de esa similitud.

Archivo particular

Del famoso Plauto, autor de muchas comedias, se sabe que murió en Roma en el 184 a. c., a los 66 años, y que vivió la gloria en los escenarios cuando presentaba sus obras. Con Las dos Báquides desató aplausos.

Pistoclero tenía la misión de su amigo Menesíloco de buscar a Báquide, de quien estaba enamorado. Finalmente la encontró, y estando en su casa, lo tocó el deseo. “Pues que esto es el colmo de la tentación: un palomino como yo, la noche, una mujer, el vino”.

Su maestro Lido intentó rescatarlo de la lujuria, pero el alumno respondió: “Aquí vive San Amor, San Placer, Santa Venus, Santa Gracia, Santa Diversión, las bromas, el juego, la conversación, y San Dulcebesuqueo”. Como quien dice, de esos goces no quería escapar.

Menesíloco supo que su amigo había encontrado a la amada. Camino a su casa, escuchó a Lido quejándose ante el padre del mal comportamiento del muchacho. El maestro mencionó a Báquide y la asoció con orgías.

Atribulado, el joven le preguntó por qué afirmaba tales cosas de Pistoclero si él no había hecho cosa distinta que cumplir celosamente una tarea. La respuesta lo dejó desolado: “¿Es esa una manera de cumplir celosamente el encargo de un amigo, estar sentado con la otra encima besuqueándola? ¿Es que no hay otra forma de cumplir un encargo sin quitarle las manos de las tetitas y sin separar sus labios de los la de la otra? Porque vergüenza me da decir otras cosas que le vi hacer, que es que hasta metió la mano por debajo del vestido de Báquide en mi presencia, sin darle una pizca de reparo.”

Después de vueltas y revueltas, Menesíloco descubrió que no había engaño porque eran dos Báquides y no una, y su amigo estaba enamorado de la hermana. En esas andaban, cuando sus padres decidieron rescatarlos de la vida licenciosa.

Filóxeno, el padre de Pistoclero, se dejó tentar. Cayó frente a los encantos de una de las Báquides y reconoció que estaba atrapado por su belleza. Nicobulo, el padre de Menesíloco, intentó detenerlo pero la segunda Báquide lo arrastró con palabras. “A ti te voy a hacer el amor (…) ¿No te das cuenta, querido, que si te lo pasas bien mientras vivas, que realmente ya no puede durar mucho, y que si dejas pasar hoy esta ocasión, después de muerto no la volverás a encontrar?”

Nicobulo reconoció que tenía ganas y miedo, pero al final dio rienda suelta a las ganas y mató el miedo. El mal ejemplo empieza por casa, parece decir Plauto desde la memoria de los tiempos, porque de tales padres tales hijos.

 

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