Hasta el 22 de septiembre en el Museo de Artes Visuales, Universidad Jorge Tadeo Lozano

“Horror vacui”: el miedo al vacío

“Horror vacui: una colección de pintura barroca” exhibe 106 obras pertenecientes a una colección privada y a museos e iglesias de Bogotá. Todas salen por primera vez a la luz pública.

Las piezas expuestas pertenecen en su gran mayoría a la Colección Hernández. / Laura Vega - Universidad Jorge Tadeo Lozano

Las paredes de la casa de Helena Ortega y Juan Francisco Hernández están atiborradas por pinturas barrocas. Imágenes de la Virgen, advocaciones marianas, crucifixiones, representaciones de martirios, floreros, el retrato de una monja muerta, escenas de la vida de los apóstoles y santos, hacen parte de una colección que desde hace 45 años se han dedicado a consolidar.

“La nuestra es una colección que se ha formado generación tras generación. Nuestros bisabuelos y abuelos fueron personas que se interesaron por el arte de la época y las antigüedades, así que desde cada familia se fueron creando pequeñas colecciones. Cuando llegó a las manos de mis suegros, empezaron a coleccionar más piezas de arte colonial, incluso les enseñaron a leer a sus hijos a través de libros de arte. Mi esposo heredó su entusiasmo y afición.Desde los 13 años empezó a reunir obras con ellos, toda su formación artística es autodidacta”, comenta Helena Ortega mientras observa las piezas que por primera vez han salido de su casa y están exhibidas en el Museo de Artes Visuales, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Él es abogado y administrador de empresas. Ella, arquitecta. Juntos son un puente entre una generación y otra: ellos estudian, protegen y preservan el patrimonio, y esta generación recibe el fruto de su esfuerzo por adquirir piezas que sigan haciendo única la colección. Porque no se trata solamente de comprar por acumular objetos, lo de ellos es una forma de vida que los ha llevado a investigar cada obra para conocer su origen y así llegar a lo más profundo de cada pincelada.

Son más de cien cuadros las que están en su poder y la mayoría han requerido un proceso de restauración. Para esta exposición, Horror vacui: una colección de pintura barroca, las curadoras Paula Matiz y María Villalobos han intervenido las piezas que estaban en mal estado y en colaboración con Juan Francisco Hernández han seleccionado una serie de 106, entre las que están obras atribuidas a pintores neogranadinos como Joaquín Gutiérrez, Miguel de Santiago, Baltasar Vargas de Figueroa, Gaspar de Figueroa, Juan Pérez Mexía, Antonio Acero de la Cruz y Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.

“La mayoría de estos cuadros no están firmados, la única manera de identificar a los pintores es por su estilo, sus detalles. Por ejemplo, una de las características de las obras de Vásquez son los dedos, que son como puntiagudos, y el labio inferior de las personas es grueso”.

La mirada de Helena Ortega se fija en uno de los óleos de menor tamaño de la colección, es un Ecce homo de 87 x 72 cm del siglo XVII, atribuido a Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Mientras tanto, comenta que el valor de sus piezas no es solamente artístico, que ese, en especial, es uno de lo más queridos, porque creen que les hizo un milagro con su hijo menor, quien cuando era niño tenía un problema de salud que ni los médicos le podían controlar y un día mientras esperaban para salir al hospital, “mi hijo me gritó ansioso y me dijo: ‘ese cuadro abrió los ojos, me miró y me dijo que estaba curado’. Fue verdad, desde ese día no volvió a presentar síntomas de su enfermedad”.

A medida que se recorre la sala de exposición, cada una de las obras va contando la historia de la época del colonialismo, en la que el arte fue usado en contra del protestantismo y se exigió a los artistas que se alejaran de crear pinturas con desnudos o escenas que fueran perturbadoras, todo promovido por la Iglesia católica. Varios pintores europeos realizaron una serie de grabados con las normas exactas de cómo debían ser las representaciones de los santos, la Virgen, las crucifixiones, el purgatorio y los símbolos que podían acompañarlos.

Obras inéditas como la Exhumación de sor María Gertrudis Teresa de Santa Inés (Siglo XVIII, de 53x80 cm) hacen de esta colección privada todo un tesoro. En sus manos está el retrato de una monja muerta que fue pintada en tres momentos: el día de su muerte, el día en que de manera fortuita encontraron en su sepulcro su cuerpo sin desintegrarse y fue exhumada, y el día en que de nuevo fue enterrada. La primera y la última hacen parte de la colección de monjas muertas que tiene el Banco de la República.

“El arte neogranadino se caracteriza por ser de tonalidades oscuras, con temas religiosos muy marcados y colores tranquilos. En la muestra hay otras obras que son de origen quiteño y español, se reconocen por ser más coloridos y tener mayores contrastes”.

Todos los óleos y grabados están ubicados en los espacios disponibles de los muros, de tal manera que no queden espacios en blanco. La muestra es una representación del fenómeno conocido como paredes barrocas, aparecido en Amberes hacia 1600 y que, según los registros en inventarios y testamentos de coleccionistas de los siglos XVII y XVIII, fueron replicados en las casas de Santafé de Bogotá durante la Colonia. El miedo al vacío, eso es Horror vacui.

 

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