Iluminar con lápices, el arte de Lorena Álvarez

El universo gráfico de la ilustradora colombiana Lorena Álvarez está basado en la experimentación y una clara intención de narrar desde el lenguaje del color, una característica que lleva a encontrar en sus páginas escenas vibrantes que despiertan una identificación de niños y adultos con sus personajes.

Escena de Luces Nocturnas. Cortesía de la autora

Lorena, aún siendo muy joven, ha trabajado para editoriales de libros infantiles, revistas de moda, publicidad y publicaciones independientes. También hace parte del colectivo La Procesión Puppet Club, un grupo experimental de marionetas compuesto por ilustradores y artistas visuales colombianos. Su obra pasa de la ilustración editorial a la de moda, del tejido a la pintura, todo siendo resultado de un interés muy fuerte por el aprendizaje de nuevas formas y medios para contar historias.

Su último libro, Luces nocturnas, una novela gráfica para todas las edades, hipnotizante y divertida, fue publicada en español por la editorial Astiberri y originalmente en inglés por Nobrow Press. En la obra, todas las noches unas lucecitas salen de la oscuridad en el cuarto de Sandy, la protagonista de la historia, quien las atrapa y crea maravillosos personajes con los cuales jugar antes de dormir, y por la mañana les devuelve la vida en sus extravagantes dibujos. Un día, una misteriosa y pálida chica, Morphie, llega a la escuela y sabe todo sobre los dibujos de Sandy. ¿Cómo es posible?

Luces nocturnas es una historia acerca del miedo, la inseguridad y la creatividad, protagonizada enteramente por mujeres, y en donde las viñetas convencionales se expanden y se contraen por las necesidades narrativas de la autora, y con ese movimiento deja marcas que hacen hito en la historia de la narración gráfica colombiana. Su trabajo en esta obra ha sido comparado con Studio Ghibli y Pixar, quizás en que tiene esa capacidad sutil de contar una historia increíblemente significativa sin la necesidad de recurrir a lugares comunes para desarrollar los conflictos. En el libro, las luchas internas son amplificadas en correspondencia con el sentimiento íntimo, independientemente del impacto que pueda tener en el contexto externo en el que se encuentra. Pero también tiene una cuota de crítica: capitularmente en el tema de la educación tradicional que insiste en actuar como una estructura rígida que establece moldes para ser llenados sin cuestionamientos, algo que Sandy, desde su lápiz, logra transcender todas las noches.

Desde sus páginas, Luces nocturnas abre para nosotros la posibilidad de reflexionar sobre el camino recorrido por cualquiera para encontrar una voz y así darse un lugar en el caso que sea: en el de la infancia, vivida siempre entre un mundo de adultos, o en el del artista, que trabaja por años para identificar un tono y estilo que le permita comunicarse de la forma más sincera con los demás. Ese camino, para Lorena, parece haber sido hallado.

 

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