Imágenes que cuentan historias

La historia del fotógrafo colombiano Nereo López, uno de los más reconocidos del siglo XX.

Fotografía tomada en el Río Magdalena, en 1960. © Nereo López

Un contador de historias con imágenes, así consideraba su trabajo el fotógrafo colombiano Nereo López, nacido en Cartagena en 1920. Siendo niño tuvo que afrontar la orfandad. Su padre murió cuando él tenía cinco años y a los 11 afrontó la muerte de su madre. Así las cosas, decidió irse para Barranquilla, donde su camino hacia la fotografía se fue abriendo sin notarlo. (Lea la historia de  Manuel H. Rodríguez)

Su primer empleo se lo dio Miguel Arenas cuando apenas era un muchacho. Fue el portero del teatro Murillo. Después pasó a ser el asistente y proyector del teatro. Desde aquel tiempo, su gusto por la fotografía comenzó. Inmerso en ese mundo, empezó a adentrarse en lo cinematográfico. Sus ansias de perseverancia lo llevaron lejos. Se desempeñó como gerente del teatro Rialto, en Cartagena. 

El coraje que ganó con los años al enfrentarse a la vida solo, sin la compañía de sus padres, le ayudó a ser valiente y guerrero. En algún momento de su vida quiso ser camarógrafo de cine, pero ese no era su destino. Su camino estaba trazado en la inmortalización de un momento o un hecho. Su inmersión en el mundo de la fotografía fue un día que puso unos rollos, queriendo saber cómo funcionaba la cámara, pero no le sirvió. Al ver esto, le preguntó a Jimmy Scopell, quien le respondió: “Tú no sabes tomar fotos”. Desde ese momento se enfocó en aprender el arte de hacer fotografía y lo hizo a través del libro Cómo hacer buena fotografía.  (Lea la historia de Francisco Carranza)

Tuvo la oportunidad de ser director de fotografía de la película La langosta azul, un cortometraje que se grabó en 1957 con Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Luis Vincens y Enrique Grau.

Sus pinitos en la fotografía los hizo en Barrancabermeja, en donde estableció su Estudio Fotográfico Nereo, muy reconocido en la época, tanto que patrocinó un equipo de béisbol con ese nombre comercial. Nereo López siempre fue un soñador y solía decir que soñar no cuesta nada.

Carnaval de Barranquilla en 1954.  / Nereo López

Luchó por cumplir sus sueños. En 1964 expuso sus fotos en el Museo de Arte Moderno de Bogotá con el título El hombre de cada día. Durante su carrera viajó por toda Colombia, visitó la región Caribe, los Llanos Orientales, el Pacífico y la cuenca del río Magdalena, algunos de los lugares que quedaron inmortalizados con su lente. Sus imágenes ayudaron a que las zonas urbanas abrieran sus horizontes hacia los campos, los valles y las cordilleras andinas, unidas por una débil red ferroviaria, y mostró comunidades que eran desconocidas para el resto del país.

Por su trabajo fue catalogado como uno de los pioneros del fotoensayo en el territorio nacional. En 1963 ganó el primer Premio Mundial Kodak NY, con la fotografía Balcones de Cartagena. Un año después publicó El libro de los oficios infantiles, y Los que esperan y su imagen, en 1965. Estos dos textos fueron de los primeros dedicados a la fotografía en el país. Nunca antes se habían realizado libros dedicados exclusivamente a la fotografía.

En su carrera como fotógrafo fue designado para cubrir hechos históricos, como la visita del papa Pablo VI a Colombia en 1968. Trabajó como reportero gráfico en El Espectador, El Tiempo, Cromos y en revistas de la talla de Time y Life. También fue encomendado por el Gobierno para retratar la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en 1982.

Ese día se valió de su malicia para entrar al banquete, en donde se celebraría el reconocimiento del escritor, ya que por falta de organización no tenía la credencial para hacerlo, así que se mezcló con los bailarines y se puso un gorro y una capa. De esta forma logró estar en el sitio y retratar a García Márquez.

Imagen tomda en Usiacurí, Atlantico, 1953.

Por su lente pasaron muchas personalidades públicas, como Cecilia Porras, Alejandro Obregón, Rafael Escalona, Álvaro Mutis y Marta Traba. Y también capturó la visita de John F. Kennedy y la llegada desde Londres del féretro de Alfonso López Pumarejo.

Solía ir a la cantina La Cueva, en donde tomaba ron o cerveza y hablaba de diversos temas con grandes personajes públicos, como Gabriel García Márquez y Alejandro Obregón. Era un amante de las mujeres, un enamorado, un bailarín, y tenía un gran sentido del humor. Además, le gustaba guardar las cámaras fotográficas que usaba, convirtiéndose en un coleccionista. 

A lo largo de su trayectoria obtuvo diversos reconocimientos, como el Atenea de Plata, entregado por Asfoto, asociación de fotógrafos colombianos (1993), la Medalla de Honor del Ministerio de Cultura de Colombia (1997), la Orden Cruz de Boyacá en la categoría de Gran Oficial (2000) y el Premio Nacional Vida y Obra del Ministerio de Cultura (2002), y fue invitado de honor del Segundo Congreso Internacional de Artistas y Escritores Latinos, Centro Rey Juan Carlos de la Universidad de Nueva York en 2003.

Por cuestiones económicas se fue a vivir a Nueva York en el 2000, tras cerrar el Centro de Enseñanza y Cultura Fotográfica que abrió en los años 80. Desde entonces se estableció en la Gran Manzana. Allí murió a los 95 años, el 25 de agosto de 2015. Un mes después de su fallecimiento, publicaron Nereo: Saber ver, un libro de 352 páginas que cuenta con imágenes inéditas de su trabajo y textos que narran detalles de su vida y su estilo fotográfico.

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