En Deimos, galería de arte y objeto

Joyas y accesorios colombianos que están recorriendo el mundo

En la muestra “Talento colombiano en el exterior”, inaugurada en diciembre, en Bogotá, los objetos que se exhibieron se veían destinados a cumplir una función que iba más allá del adorno o el accesorio. Todos los productos serán vendidos fuera del país.

Lucía Echavarría (Magnetic Midgnight) y Andrea Vargas Dieppa (Monolito) fundadora de dos de las marcas que participaron en la muestra.Gustavo Torrijos

Cada pieza fue hecha con el objetivo de ser la más importante, la más especial. Durante la muestra, llevada a cabo en Deimos, la primera galería de arte y objeto de Bogotá, Monolito, de Andrea Vargas Dieppa; Magnetic Midnight, de Lucía Echavarría, y Mallarino, de las hermanas Lucía e Isabella Bueno Mallarino, fueron las marcas que expusieron en esta muestra, inaugurada el pasado 5 de diciembre.

Monolito

Vargas Dieppa tenía una marca de zapatos con la que comenzó a explorar la forma en la que la artesanía colombiana podía incluirse en la cotidianidad urbana. El tiempo, que también dividía con el diseño de muebles, comenzó a estirarse cuando le preguntó a un amigo francés, que se dedicaba a venderle fragancias a marcas como Paul Smith, si se animaba a hacer un perfume con ella. Quería jugar y él, al parecer, también. Le dijo que sí. Del juego nació el frasco con el líquido, el sueño convertido en materia que se presentó como una oportunidad para ofrecer un producto más bien desconocido, pero que siglos atrás ya colgaba en los cuellos de las mujeres. Vargas lo llamó Monolito, su marca de perfumeros en forma de collares y anillos: figuras circulares y cuadradas en las que se envasan fragancias o aceites esenciales.

Perfumeros en forma de collar 

Estas joyas, que a su vez son objetos funcionales, son producidas con la colaboración de artesanos que trabajan técnicas a punto de desaparecer. Vargas las diseña y después, junto con sus colaboradores, explora si la idea se ajusta al material y su intención por hacerlo es sostenible: que el beneficio no sea solo para ella, que no solo adorne, que no destruya y que aporte. Las piezas son inspiradas en figuras precolombinas femeninas, pero siempre teniendo en cuenta el componente masculino. Le gusta todo lo unisex, lo que reconozca que nuestro origen es un híbrido de formas, olores y sensaciones. “Quise volver a mis raíces, así que cada cosa que surge es una abstracción muy gráfica de las Venus antiguas. También recordando a las mujeres precolombinas que tenían poporos o elementos para guardar cosas, así fueran decorativas”, dijo la diseñadora barranquillera, que por diez años vivió en México y regresó a su país “por amor”: “Me enamoré de un colombiano y comencé este proyecto hace dos años para quedarme aquí”.

Cada pieza de Monolito viene en un kit: perfumero, embudo y bolsas con la fragancia. Las piezas, que tienen nombres que Vargas saca de un diccionario en el que se registraron ciudades imaginarias de diferentes obras literarias, actualmente se venden online, y en algunas tiendas de California y Madrid.

Magnetic Midnight

Lucía Echavarría se fue para Uzbekistán y regresó llena de ideas que surgieron después de toparse con “los abrigos de terciopelo adornados con plata, cinturones y tapices típicos de Asia central”, dice un artículo de la revista Vogue, en el que destacaron los “mosaicos ricos y complejos, los espirales, las flores y las hojas tradicionales de la técnica de tejido de la palma de iraca”, que la diseñadora bogotana adoptó para su colección. Las imágenes con las que Echavarría regresó al país se cruzaron con las costumbres de Usiacurí, Atlántico, lugar en el que se produce cada una de las piezas.

Cinturón en palma de iraca

“Primero hago el diseño y después una familia de Bogotá hace el armazón para que yo pueda llevárselo a los artesanos de Usiacurí. Allá hacemos talleres en los que ellos participan y tejemos. Lo que me gusta es que cada una de estas piezas no tiene que ver con tendencias ni temporadas: cada objeto es único y está pensado no solamente para que adorne a quien lo compra, sino también a su espacio”, dijo Echavarría, fundadora de la marca, explicando cómo y por qué, además de hacer tocados, carteras o cinturones, produce piezas dignas de exponerse como obras de arte.

Primero hizo tocados que vendía para eventos especiales como matrimonios o graduaciones. Estos tocados que a veces vienen en forma de diadema o corona elevan la estatura. Suman metros, pero, sobre todo, realzan el brillo. “Se ven raras”, dijo alguien que vio a dos mujeres bogotanas caminando por un centro comercial con dos tocados coloridos. Los detalles en su cabeza, además de elevarles los centímetros, llamaron la atención de los ojos acostumbrados a ver las prisas y la pasividad caminando por las calles. Algunas mujeres se lanzan, y además de casarse con sus adornos, se los llevan a la calle, pero los casos son excepcionales. Por esta razón, Magnetic Midnight decidió que también podía producir para la cotidianidad femenina, y la palma de iraca acompañó el proceso: bolsos y cinturones en los que se combinan distintas técnicas artesanales que proponen sus colaboradores de Usiacurí, y después vienen los detalles que sugiere Echavarría, con los que convierte a las pequeñas piezas en dorados accesorios que se ajustan a cualquier cuerpo y espacio.

La cabeza de esta marca no está interesada en los cambios de la industria. No quiere hacerlo. Echavarría busca que cada objeto que produzca llegue a manos que perciban su proceso y que le inyecten vida. No se hacen más de quince o veinte piezas por colección y ninguno es igual al otro. Los bolsos, por ejemplo, demoran aproximadamente tres semanas en dorarse, así que se decidió que no serían producidos en masa.

Mallarino

Las hermanas Mallarino venden pedacitos de la selva en sus joyas. Venden diversión y modernidad. Venden oxígeno, animales, hojas y frescura. Los accesorios, que son inspirados en la fauna y flora colombiana, también tuvieron en cuenta el joyero de su madre: un espacio selecto y sofisticado que tuvieron en cuenta para comenzar.

Aretes en filigrana 

Las piezas son hechas en Mompox, lugar al que llegan los diseños para ser hechos con filigrana, técnica característica de un pueblo que no solo fue descrito y homenajeado por García Márquez en varias de sus obras, sino también por las elecciones y los resultados de cada accesorio de Mallarino.

Los tucanes y las flores que rodean la ciénaga Juan Criollo llegaron hasta Michelle Obama e Isabel II, dos de las clientas que lucen los finos cruces de los materiales de cada joya. El oro convertido en cabellos. La precisión de cada intento por darle forma al material, después convertido en alguna rana o una flor asomada en un pueblo que, a pesar de ser real, fue y sigue siendo descrito como un mito: “Mompox no existe. A veces soñamos con ella, pero no existe”, escribió Simón Bolívar.

“Cada pieza está hecha a mano con extremo cuidado, utilizando la delicada técnica de filigrana, que consiste en coser a mano la joya con un hilo de oro. La filigrana permite formas mágicas, que hacen que cada pieza de joyería (que creamos) sea excepcional y única”, dijeron en su página web las caleñas Mallarino, que se han dedicado a mostrar los tejidos forjados en el pueblo del departamento de Bolívar.

Las tres marcas, elegidas por Poli Mallarino para conformar la muestra que se llevó a cabo en Deimos, regresan a las técnicas de los artesanos colombianos para producir sus piezas, que además de ser vendidas, buscan posicionar tradiciones nacionales en el exterior.

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* Redacción Cultura

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Joyas y accesorios colombianos que están recorriendo el mundo

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