Juan Gabriel Vásquez, premio Biblioteca de Narrativa Colombiana

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Hoy, en el auditorio Fundadores de la Universidad Eafit, se llevó a cabo la ceremonia oficial del premio, que tuvo como finalistas a Vásquez, William Ospina y Piedad Bonnett.

La diferencia entre la novela y el cuento es que la primera, según Juan Gabriel Vásquez, “es un vehículo que te lleva a un lugar desconocido y luego vuelve para traernos las noticias. Leer y escribir novelas es viajar a territorios que no están cartografiados. Un cuento no es un viaje, es un cruce de caminos. El cuento es un atisbo, una sugerencia de algo, es ir caminando y ver una puerta entreabierta y alguien te dice algo ahí al fondo. Ese pequeño momento es un cuento. La novela es un viaje entero”.

El pasado 9 de enero los organizadores del Premio de Biblioteca Breve habían anunciado los tres finalistas: William Ospina, con la novela Guayacanal; Juan Gabriel Vásquez, con un libro de nueve cuentos titulado Canciones para el incendio, y Piedad Bonnett, con su más reciente novela, Donde nadie me espere.

Vásquez, ganador del premio, narra en Canciones para el incendio cómo vivió la violencia capitalina, la violencia que envolvió su juventud, memorias que recuerda cuando pasa y recorre las calles empedradas del barrio La Candelaria, calles que están llenas de secretos, como los andares del autor cuando se dirigía a las cátedras magistrales de la carrera de derecho que estudió en la Universidad del Rosario.

Cada cuento tiene un poco del anterior. Se entrelazan y hablan el mismo idioma, sobre la misma época, en diferentes escenarios y con diferentes personajes, o al menos con nombres diferentes. A medida que se va leyendo se va construyendo una atmósfera conocida, pero que con el pasar de las páginas se sienta que es contada desde la voz de un joven.

El año pasado, en una entrevista para El Espectador, Juan Gabriel Vásquez comentó que, mientras redactaba y reunía algunos cuentos escritos anteriormente, varios años atrás, leía paralelamente a Chejov, escritor y médico ruso conocido por su corriente realista y naturalista, quien con sus letras fue apoyo y guía para mantener la misma narrativa en cada relato.

En 2001 escribió Los amantes de Todos los Santos, el primero de los relatos de esta edición. 

Durante los diez años posteriores se dedicó a escribir los otros cuentos, que se sometieron a “un filtro” para así dejar los mejores para el libro final. Algunos de los textos fueron escritos en tercera persona. El doble, Aeropuerto, Las malas noticias y El último corrido, por su parte, fueron narrados directamente por Vásquez.

La herencia de Vásquez, como la de muchos colombianos, ha sido la violencia y la intolerancia, que poco a poco se olvidó y se empezó a contar de otra manera. 

Ha escrito sobre este tema en diferentes textos, como La forma de las ruinas, su más reciente novela, libro en el que cuenta algunos de los pormenores y consecuencias de los asesinatos de  Rafael Uribe Uribe y de Jorge Eliécer Gaitán.

Vásquez había sido el ganador del premio Alfaguara de novela en el 2011, con El ruido de las cosas al caer. Este texto contaba la historia de Ricardo Laverde y Antonio Yammara, quien deduce que su nueva amistad, la cual conoce en un billar, tiene un secreto, causante de una gran atracción por la misteriosa vida de Laverde.

El jurado de esta sexta versión del premio de narrativa colombiana estuvo conformado por Javier Cercas, quien lo presidió, Ricardo Silva, Jerónimo Pizarro, Juan Camilo Suárez y Ana María Aragón. Según Héctor Abad Faciolince, creador del mismo, “este premio es un triple empate por la calidad de las obras y de los escritores. Para los jurados de esta edición fue fácil elegir a los finalistas, algo que no se repetirá al momento de definir el ganador”.

Que los tres sean escritores consagrados es, para Abad Faciolince, una confirmación de que cuando alguien se dedica intensamente al trabajo literario, las repercusiones en la calidad son notables. En cuanto a las temáticas de los textos, considera que son variadas al incluir una novela de corte rural sobre la colonización de lo que se llamó la Gran Antioquia en el sur del centro del país, como se lee en la obra de William Ospina; una novela estrictamente urbana, como la de Piedad Bonnett, y los cuentos realistas con estructura y finales muy novedosos de la mano de Juan Gabriel Vásquez.

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