Es una promesa mundial en su instrumento

Julia Hagen y la disciplina del chelo

La intérprete austríaca, de 22 años, ha sido reconocida como una de las jóvenes promesas de este instrumento.

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Elgar, Haydn, Dvorak, Bach. Todos grandes, con grandes piezas para chelo. Una especie de repertorio obligado, acaso involuntario, si se escala la cumbre del violonchelo. “Son piezas que te retan, pero que también te llenan de humildad. Hay que asumirlas como un pasaje necesario en la carrera”.

Quien habla es Julia Hagen, chelista austríaca, que con 22 años va en camino de abrirse paso en un mundo tan lleno de dicha y oportunidades como de frustraciones.

Suele ser difícil señalar cuál es la cumbre de la experiencia, cuándo se es un maestro, dueño de una sabiduría superior. El punto máximo de la carrera hacia la perfección es un asunto esquivo cuando menos, ilusorio para algunos, imposible para otros. Pero el pasaje hacia la cima, bueno, esa es otra historia.

La carrera de Hagen empezó a los cinco años, bajo la instrucción de Detlef Mielke, en la ciudad de Salzburgo, acaso un sinónimo inmediato de música clásica. “Es una oportunidad maravillosa, pero también implica una especie de responsabilidad. Sabes en dónde estás y las cosas que allí han sucedido”, explica en una entrevista la chelista acerca del proceso de adquirir formación en un lugar poblado de leyendas musicales.

Hagen se refiere a su trabajo como una especie de servicio a la música, en la medida en que su interpretación puede traer elementos nuevos a una pieza clásica, a los pasos obligados de formación en un instrumento. No se trata tanto de dominar una técnica, sino más bien de establecer una suerte de narrativa en el interior de una obra, una nueva forma de navegar algo que puede ser considerado eterno.

Y esta es una perspectiva llena de humildad, más aún cuando se trata de una intérprete de 22 años. El director búlgaro Milen Nachev habla de esto al decir que “una de las tentaciones para un músico es dejarse dominar por los fuegos, el ego y los afanes de la juventud, pero el otro peligro es dejar de lado la frescura y la libertad de esta época conforme se avanza en la carrera y en la edad”. En una ocasión le preguntaron a Hagen qué significaba el chelo para ella. “Disciplina”, fue su respuesta inmediata.

Hagen ha formado parte de varias orquestas, pero tal vez su formato más recurrente es la música de cámara. “Hay una cierta intimidad, un grado más profundo de conexión con la música y el público. Las presentaciones en vivo son lo que más disfruto”, aseguró la chelista en una entrevista para un medio alemán.

A este aspecto también se ha referido Gautier Capuçon, chelista francés quien fue profesor de Hagen entre 2014 y 2016, como parte de un programa financiado por la Fundación Louis Vuitton encaminado en acercar grandes maestros a jóvenes talentos: “Estar sobre un escenario es lo más intenso de hacer música. Compartirla con la audiencia es también contar la historia de los compositores”.

La intérprete austríaca fue escogida para este proyecto junto con otras cinco promesas del instrumento. Los mentores durante esos dos años fueron Gábor Takács-Nagy, Pamela Frank, Lawrence Power, Nobuko Imai, Torleif Thedéen, Laurence Lesser y Claudio Bohórquez.

Hagen debutó como solista a los 14 años con la Vienna Jeunesse Orchestra, en Linz (Austria). Obtuvo el primer puesto en varios concursos Prima La Música, tanto en la categoría de música de cámara como en la de instrumento solista, y fue la ganadora del Concurso Internacional de Violonchelo 2010 en Liezen (Austria). En el verano de 2014 fue galardonada con el premio especial de la Asociación Europea de Profesores de Instrumentos de Cuerdas (ESTA) en el Concurso Internacional Brahms.

También fue invitada a participar en los proyectos de música de cámara MMM de la Academia Kronberg y de la Filarmónica de Viena en Salzburgo. Participó también en la Academia Internacional Seiji Ozawa.

 

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