La biblioteca Luis Ángel Arango: el lugar de las identidades

Las palabras de Alberto Abello, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, entran en consonancia con los más de dos millones de ejemplares que hacen del recinto cultural un universo con centenares de mundos.

Una de las metas de Alberto Abello para la Biblioteca es “permitir que nos conozcamos en la diferencia, que reconozcamos la pluralidad”. / Pilar Mejía - Revista Semana

Una oficina cálida, un mueble que va de pared a pared, lleno de acetatos y libros. Su puesto de trabajo, grande, con un computador. Una sala y una mesa para cuatro. Su afinidad con la Costa Caribe se devela en sus gestos y expresiones, en su deseo nada oculto de conseguir una bufanda del Unión Magdalena. Es enteramente consciente de su rol en el mundo y del carácter invaluable que una biblioteca posee a la hora de enlazarla con la imaginación y las semillas sembradas en una sociedad que escarba aún su tierra para hallar a sus antepasados, a sus seres desaparecidos y a su identidad extraviada.

Todos pensamos, seguramente, en Borges cuando vemos una biblioteca, cuando vemos la Luis Ángel Arango, pues ella es esa especie de paraíso del que habla el escritor argentino. Abello habló de él, de la frase, de la belleza que representa el centro y de la joya que representa el escenario en el desarrollo cultural del país. “En una sociedad, una biblioteca ha jugado y seguirá jugando un papel importante. Es una especie de cielo. Es el lugar del saber, del conocimiento, un lugar de encuentro, el lugar de la cultura, de las artes. Es un espacio integral donde nos podemos inspirar, donde podemos crear. Es el espacio donde la sociedad puede encontrar las evidencias de su trayectoria en el mundo”.

Raros y manuscritos es una sección especial de la Luis Ángel Arango. Recóndito pero valioso, este espacio es la evidencia de la trayectoria que menciona Abello. “El Banco de la República por misión realiza actividades culturales en cuatro grandes áreas: arqueológica (la red de museos del oro liderada por el Museo del Oro de Bogotá), bibliotecas y centros de documentación, el área de artes y colecciones especiales y la de música. La Biblioteca se conjuga entonces en esa búsqueda de integralidad entre el conocimiento y las artes, y la programación cultural que se realiza tiene que ver con la puesta al servicio de sus –esas– colecciones, para que las personas las conozcan, las disfruten y se las apropien, y las usen aquellos que encuentren allí piezas fundamentales que estimulen las nuevas narrativas”.

Esas colecciones, los pasadizos de la Biblioteca y de los museos que la rodean, forman un epicentro cultural, valioso por sus piezas y por los relatos que hacen posible el acontecer de la historia y el testimonio de los días que avanzan, avasallantes, en medio del sigilo y el disimulo de un ideal de progreso, que se cuela entre la rutina y oculta esos pasos que nos han distanciado de nuestras raíces, de nuestros aconteceres y de nuestras historias.

En el mundo fáctico, en lo palpable y en el espacio cibernético, la Luis Ángel Arango ha logrado expandir su servicio a los usuarios y su oferta cultural. Entre los esfuerzos que ha hecho por ello, se resalta su capacidad de readaptación a este tiempo y a las dinámicas culturales que se derivan del uso de las redes y la investigación en bases de datos y en la internet misma, poniendo gran cantidad de su contenido allí, logrando así llegar a una mayor cantidad de personas. Además de este, otro esfuerzo por ofrecer más acceso a sus ítems es el convenio que acaba de pactar con Biblored, basado en un servicio de transporte de libros entre bibliotecas; y también está la opción para los usuarios de pedir ítems a domicilio.

Estudiantes, investigadores, poetas, escritores, familias y demás personas que viven entre la ficción, el rigor y el testimonio de los textos, han podido reencontrarse con la Biblioteca de diversas maneras, con esos miles de letras y de textos que han sido paridos por nuestra historia, por nuestros descubrimientos y asombros, por nuestros dolores y venganzas, por nuestros anhelos y muertes. Entre lo que más preocupa a Abello está que mucha gente que no tiene un interés específico por el libro como materialidad o por el archivo, no tiene consciencia de que la Biblioteca y su agenda cultural componen espacios de entrada libre. “Yo tomo el taxi y el taxista me dice: ¿Y el señor trabaja aquí? –Sí, señor. –¿Y eso qué es? –Una biblioteca, la Luis Ángel Arango. –¿Y cuánto cobran por entrar?”.

Frente a estos 60 años, ¿qué tiene preparado la Biblioteca?

No sólo tiene colecciones de libros, sino que tiene colecciones documentales y archivísticas que son las que menos conoce el país, pero que tienen una importancia singular: hay libros muy antiguos, documentos raros, manuscritos… Vamos a mostrarle al país la existencia de ello, porque desde allí pueden salir muchas contribuciones a la investigación sobre Colombia y sobre muchos procesos colombianos, sobre la educación, sobre la ciencia, sobre la política, la economía, las migraciones, la guerra….

Esta biblioteca es un espacio para la inclusión social del país. No solo étnica, sino económica, regional, política, de género, por eso, su compromiso con esta etapa de construcción y reconciliación social es la iniciativa La paz se toma la palabra, “teniendo a las bibliotecas (del Banco de la República) como eje principal de este ejercicio, para promover técnicas y métodos para hacer las paces entre los colombianos. Tenemos claro que la cultura es un factor clave en las identidades, y estas identidades son un factor clave en esos ejercicios de reencontrarnos, de reconstruir el tejido social, de hacer las reparaciones, de sanar, de perdonar. Ya está bastante estudiado cómo desde las artes, desde la música, con bibliotecas, se logra que las comunidades se vuelvan a pensar, se vuelvan a encontrar, puedan volver a convivir. El papel de nuestras bibliotecas es el de convertirse en espacios de encuentro para hacer las paces”.

¿En qué piensa que fallan los medios de comunicación en Colombia?

Los medios de comunicación son corresponsables de la polarización del país. Yo creo que el país merece que los medios hagan una autocrítica de lo que han venido haciendo. No se trata de acallar la libertad de expresión, por supuesto, no se trata de generar hegemonías sobre los procesos del país. Pero yo creo que un país como Colombia, que necesita decantarse, que necesita disminuir la pobreza y reconocerse, necesita un periodismo de investigación, de seriedad, de volver a las fuentes, de volver a las evidencias, y no tanto ese andar por el repentismo, las respuestas rápidas, la coyuntura

Definir a la Luis Ángel Arango es un ejercicio que atraviesa 60 años de historia, de secretos, de tesoros y de luchas por mantener un escenario donde todos quepamos y todos podamos hallar una respuesta a la vida misma. En la calle 11 con carrera cuarta surgió una semilla de la historia y, como bien dijo Abello, es “uno de los espacios culturales más amados por los colombianos. Que no nos quepa la menor duda”.

 

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