Museo de Arte Erótico Americano (Marea)

La casa que esconde el arte de lo erótico

Fernando Guinard, director del museo habla del único centro de exposición de este tipo de arte en Latinoamérica y de las causas que lo llevaron a crearlo.

Uno de los cuadros que están en el Museo de Arte Erótico (Marea). / Cortesía

 

“A Tirsa se lo metía detrás de la puerta / de la vieja casa de Catalina Safar viuda de / Jattin / Junto al mar. Tenía un deseo tan desesperado / de meterle la mano entre las piernas y tocarle / el centro de su ser, de acariciar su pelambre / que languidecía al almuerzo / mientras me sobaba la bragueta”.Raúl Gómez Jattin

Con este poema, Fernando Guinard, creador del único Museo de Arte Erótico de América Latina, explica su pasión por el erotismo, ese que, según él, para los pobres mentalmente no tiene cabida.

En su casa, ubicada en la localidad de Suba, vive rodeado de cuadros donde aparecen desnudos, esculturas que muestran actos sexuales y un montón de figuras que representan la sexualidad. La Bestia de los infiernos, como lo apodó el escritor y dramaturgo Sergio González León, no le tiene miedo al paso del tiempo ni a contar su pasado, que se caracteriza por anécdotas que para muchos serían vergonzosas.

“El Marea es un antídoto contra la presencia constante de la muerte que habita un país plagado de bárbaros supersticiosos”, asegura Guinard. Y aunque Colombia sea un país conservador, esta tendencia no ha impedido que se mantenga en pie un lugar que les rinde culto a los deseos carnales del hombre.

La casa 17, como se conoce en el barrio Niza Córdoba, suele ser vista a los ojos de los religiosos como un centro de perversión, pero para un transeúnte que se aleja de los tabúes este lugar puede ser la representación de la libertad y la tranquilidad. Allí, todos los demonios son revelados. Cada cuadro, fotografía o recorte de periódico cuenta una historia, una anécdota, y juntos son el recuerdo de grandes amigos del fundador del museo.

El Marea (Museo de Arte Erótico Americano) nació en el año 2000, luego de un sueño revelador. Un sueño en el que se mezclaron la realidad y un toque de ficción. “La última es necesaria para darle un origen artístico al museo”.

Lo real: “Un día cualquiera de 1987, mientras dormía, soñé que estaba en una orgía con Amparo Grisales y Margarita Rosa de Francisco, dos de las mujeres más bellas, exóticas y sensuales de Colombia en ese momento. Luego de la faena, me caí de la cama. Caí de culo”.

Ficción: “Ya despierto, y con el coxis maltratado, tuve una visión: se me apareció la Virgen María en medio de una enorme nube de humo y me dijo que realizara dos obras que mostraran el lado amable, sensual, lúdico y erótico de los colombianos que viven en una sociedad caracterizada por la falta de afecto”.

La primera obra que Guinard publicó es el libro El espíritu erótico, en el que cita a autores que hablan del erotismo, la pasión y lo físico. “El cuerpo ha perdido su dimensión sagrada. Diariamente lo vemos mutilado, torturado, asesinado. Se trata de rescatar el cuerpo individual para respetarlo, para habitarlo con una dosis de narcisismo que se equipare a la autoestima”, esta frase es de Álvaro Restrepo, conocido en el mundo del arte como el maestro del cuerpo, y con ella decidió Guinard abrir su libro. También usó a John Lennon con su conocida frase “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día”.

La segunda obra fue la fundación del Museo de Arte Erótico de América, el cual hasta el momento es el único en el continente. En los dos pisos de la casa se conservan pinturas, de las que se destacan las de Eivar Moya y Luis Caballero. “Conservo unas 500 pinturas, todas han sido donadas por artistas nacionales e internacionales. Creo que algunas no son muy buenas, pero hay otras que se roban toda la atención. Hay de todo… como en la vida”, explica Guinard.

El peruano Armando Villegas fue uno de sus maestros cuando empezó en el mundo del arte. En el 2011 fundó la ReVistaOjos.com, una publicación mensual de actualidad, artes plásticas y visuales, erotismo, literatura, poesía y eterno femenino.

Hoy, ya con los pies un poco más sobre la tierra, asegura que el objetivo del museo es proteger, preservar, promocionar y estimular las expresiones del arte, en especial el del arte erótico. “Es un proceso surrealista y delirante que he sacado del mundo de los sueños y lo he convertido en una realidad”.

Su concepto de arte erótico está ligado con la creatividad. “El propósito del arte es despertar la imaginación, es el arte de la seducción mutua, que empieza con la mirada, la coquetería, siguen los besos, las caricias, ahí se sabe si hay química entre los actores y después viene el acto sexual. El arte erótico debe tener veneno, humor y algo que se salga de lo obvio”.

Opuesto a lo que pasa con la pornografía, que para él es herramienta que dispara la atención al deseo de la carne. “La pornografía se convierte en el arte erótico de los pobres, y como se supone que ellos también carecen de recursos materiales y espirituales, esta siembra un imaginario monótono, del mismo modo que lo hace la televisión”.

El cuerpo se convierte en el objeto central de Guinard para explicar su deseo de exponer el erotismo. Sus cuadros también son el reflejo de la sociedad. Aunque algunos son muy explícitos, no tienen que ser considerados como pornográficos, para él “en el arte no hay pornografía a no ser que sea un trabajo mal hecho”.

Este amante del arte y del vino chileno no se avergüenza de su pasado. Ese le forjó lo que es ahora y le creó las preguntas que con los años logró responderse a sí mismo.