El libro se lanzó en noviembre de 2018

La cita con la historia

“Las citas de lujo de la Madame” (Planeta) tiene cuatro capítulos, y para el escritor Wilson Morales hubo mucho material que se quedó guardado en el tintero.

Wilson Morales Gutiérrez es el editor de Sucesos y Judiciales del periódico “El Universal”. / Pedro Mendoza

En el capítulo “Niña bonita” del libro Las citas de lujo de la Madame, Wilson Morales, su autor, narra detalles desconocidos de Liliana Campos, alias la Madame: “Cuando tenía 12 años sus padres le anunciaron que toda la familia se iría a Estados Unidos. Liliana dejó a medio camino el bachillerato y se establecieron en Nueva York, en donde intentaría llevar una vida normal en medio de la estrechez económica. Una vez terminó los dos años que le faltaban para graduarse de bachiller, ingresó a la Academia de Barbizon de modelaje, situada en la exclusiva Quinta Avenida”.

Morales relata los amores de la protagonista que la llevaron a ser madre: “El asunto de los reinados y pasarelas tuvo que esperar porque meses después, cuando tenía 19 años, Liliana recibió una noticia que la llenó de felicidad: estaba embarazada. En junio de 1990 fue madre de una niña y un par de años después llegó un niño”. El libro habla de la posibilidad que tuvo Campos de ser reina en Miss Esmeralda y de cómo, mientras ella se encargaba de los pequeños, la situación de su marido se complicó por problemas con la justicia de los Estados Unidos.

Puede leer: De Germán Pinzón a Gonzalo Arango

Con textos narrativos aferrados a realidades, describe situaciones como la primera prisión de la Madame. En el 2003 fue capturada en los Estados Unidos por orden de un fiscal de la Corte de Nueva York. “Estaba muy por debajo de su peso normal y muy pronto fue recluida en una celda de muros anchos, barrotes reforzados y rodeada de presas de la más alta peligrosidad. El tiempo pasó, las heridas sanaron y de un momento a otro se encontró en una nueva relación sentimental, esta vez con un ciudadano ruso. Bordeaba los 30 años cuando la unión alcanzó la madurez necesaria y quedó embarazada de su tercer y último hijo”.

Datos, transcripción de llamadas e historias de la protagonista se matizan en lo que la Fiscalía llamó la Operación Vesta. Un capítulo cuenta sobre las casas VIP, los israelíes y el aberrante caso del condenado capitán de Infantería de Marina Raúl Romero, quien tatuaba su nombre en la piel de sus víctimas, niñas de sectores deprimidos de Cartagena.

Un mes y algunos días duró la producción del libro. El escritor se encerró para leer y escuchar más fuentes que le dieran forma al relato. Pidió una licencia en el periódico, luego otros días más, y así, en medio de una disciplina que se iniciaba a las 6 de la mañana y terminaba en la madrugada, fue reconstruyendo la historia y enviando textos a su editor en Bogotá, Édgar Téllez. Confrontando, discutiendo, borrando, pero escribiendo: la pasión que mueve su vida.

“Lo primero que uno busca es llenar al lector de toda la información posible. Este es un relato periodístico, no es ficción. El libro es una gran crónica de lo que fue mi trabajo en cuanto a ese cubrimiento sobre el caso de Liliana Campos. El primer gran temor era no conseguir la información, que la gente dijera ‘aquí no hay nada nuevo’, pero poco a poco se fue dando. En la escritura del libro surgieron cosas nuevas, los editores están para mejorar. Édgar Téllez me ayudó mucho”, afirma Morales.

El libro tiene fotos insertadas en la mitad, algo inusual en este tipo de producciones editoriales. El último capítulo se abre contundentemente: “El caso de Liliana es simplemente un caso más de prostitución. Su señoría, tengo que decirlo, no con pena, ni tampoco con ánimo de ofender a mi cliente porque ella es consciente de su actividad, pero sí tengo que decirle a usted, su señoría, y a la señora fiscal, que efectivamente la señora Liliana del Carmen Campos se dedica a la prostitución”.

“Leí el libro apenas me llegó. Uno tiene como temor, no sabe cómo salió, lo que editamos, lo que escribimos, lo que luchamos con el editor”, dice Morales.

La cita con el escritor y periodista

Morales es amante del trabajo de José Saramago. El tono de su voz se eleva cuando habla del Ensayo sobre la ceguera, una de sus obras preferidas. “Es más, creo que no leí ningún libro, yo vi fue una película. La descripción es genial, tú sientes los pasillos, el olor a mierda, sientes la oscuridad, ese mundo donde nadie se logra ver. En vez de letras ves imágenes” afirma, mientras acomoda unas hojas en su sitio de trabajo.

Las coincidencias en la vida de este periodista no son gratuitas. Trabaja en la sala de redacción del periódico donde comenzó a escribir el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez y cree en el realismo mágico: “Entonces nace la magia para escribir. El Caribe es color, noche, brisa, sabor. Somos todos. Por eso la gente cuando viene se engancha, porque hay historias insólitas, todo un mundo por contar”, dice.

Puede leer:Antolín Díaz, de la selva a la prensa bogotana

Morales lleva años en el oficio, siempre en la crónica roja. Se inició con temor y, como en Mil maneras de morir, no sabía que tantas cosas trágicas pasaban. “Hay una realidad y hay que asumirla con profesionalismo”, dice. Valeria Viaña, quien escribe para el periódico Q’hubo, dice que Morales demostró la capacidad de contar buenas historias en el ámbito judicial: “Es arrolladora la manera como logra captar tantas escenas y acontecimientos tan delicados”.

En medio de la entrevista me recordó a las que, según él, son sus dos madres: la biológica y su tía Rosario, que vive en un pueblito en los Montes de María, y mencionó la frase que ella le decía: “Haz las cosas con pasión, así sea lo más pequeñito del mundo”. Él, recordando a su tía, escribe cada noticia con entusiasmo, “como si estuviera escribiendo en el medio más grande del mundo”.

Se hace tarde, ya debe comenzar su jornada diaria en un periodismo que es de provincia, pero no menos importante que el que se hace en el centro y las grandes capitales. En el libro se recrean sus historias, las que encontró recorriendo Cartagena, buscando prostitutas en un mundo en el que los que compraban parecían ser más pecadores que los que vendían.

Morales habla de sus colegas: “Aquí hay gente que hace trabajos magníficos que parecen de Gabo, de realismo mágico, cosas que pasan desde la orilla de la playa hasta la montaña más recóndita de los Montes de María. Esto que ha pasado conmigo es muy importante para los periodistas de la región. Que una editorial de ese tamaño (Planeta) haya volteado la mirada de lo central hacia la provincia es importante. Falta mirar más hacia el Caribe y sus regiones. Hay que resaltarlo. Mira, Pedro, no olvides lo que dijo León Tolstoi: ‘Pinta tu aldea y serás universal’ y en esta aldea pasan cosas geniales”.