A 30 años de “Rodrigo D. No futuro”

La cresta no hace al punketo

Ramiro Meneses, el actor que le dio vida al músico que protagonizó la primera película colombiana en llegar al Festival Internacional de Cine de Cannes, ahora dirige “El man es Germán”, una serie cuyo personaje principal luce unos pelos parados. “Estos no son los punketos de la vida real. Son punketos hechos a la medida del producto”, dice.

Ramiro Meneses es el director de “El man es Germán”. Óscar Güesguan - El Espectador

Ramiro Meneses tiene en la mano izquierda un aparatejo que transmite descargas eléctricas. Hace unos meses se dobló la mano mientras jugaba fútbol y solo hasta ahora está haciendo algo para mitigar el dolor. Yanilu, la fisioterapeuta, administra el nivel de las descargas con un control que emite un pitido cada vez que sube la intensidad del corrientazo. Aunque lleva varios años practicando la electroestimulación, nunca había tenido un paciente con un umbral de dolor tan alto.

Nueve. Meneses habla de la revolución cubana. Recomienda ver Cuba and the Cameraman, un documental de Netflix en el que Jon Alpert, cineasta ganador del Emmy, narra los avatares de tres familias cubanas a lo largo de cuatro décadas en la historia del país antillano.

Suena el pitido. Diez. Ramiro Meneses habla de reguetón. “No entiendo cómo los que odian esa música logran hablar de ella sin siquiera escucharla. Es muy extraño. Es como las personas que odian la Biblia, pero nunca la han leído”.

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De nuevo el pito. Once. El actor recuerda a un belga de dos metros que conoció en los años 80. “Tenía una personalidad arrolladora. Fue el primer tatuador a color que se conoció en Colombia”. Junto con un francés conformaron una banda de punk. Contra la Pared, se llamaba.

Otra vez el sonido. Doce. El músico dice que a finales de los años 80 no había muchas razones para sentirse orgulloso de ser colombiano. “Eso era desagradable. La idea era no ser colombiano. La gente buscaba la manera de disfrazarse de venezolano. Eso era bueno. Era un país donde se vivía bien y se ganaba mejor”. Las cosas han cambiado.

Trece. Yanilu abre los ojos de par en par. Meneses ni se inmuta. Ahora habla de Mutantex, la banda de punk rock que conformó con Ómar Alfonso Arroyave y que terminó haciendo la música de Rodrigo D. No futuro, la primera película colombiana escogida para la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Cannes. Eso pasó en 1990.

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“El primer nombre de la banda fue Abortos Hijos de Puta, luego se llamó Fornicar Ltda. y después Entes. Como el nombre mutó tanto, finalmente le dejamos Mutantex, con equis, para que sonara más punk”.

Es la última vez que suena el pitido. Catorce. Ramiro Meneses habla de Rodrigo D, el objetivo de este diálogo. Este año se cumplen tres décadas de la filmación de la película que dirigió Víctor Gaviria. Al actor, que por estos días dirige Germán es el man —una comedia que cuenta la historia de un hombre con cresta, pero que evidentemente no es punketo—, le sirvió que se pensara (erróneamente) que Rodrigo D era un sicario de Medellín. Por culpa de ese imaginario, unos meses después de terminar la filmación de la película lo llamaron para que interpretara a Victorino Moya, uno de los primeros matones a sueldo que protagonizó una serie de televisión en Colombia.

“Me he encontrado gente que llega y me dice: ‘Oiga, muy bueno su papel de sicario en Rodrigo D’. Ahí es donde me doy cuenta de que no han visto la película y que simplemente repiten lo que dicen los demás. Durante un tiempo la gente pensó que la película (Rodrigo D) hablaba de violencia. Con el pasar del tiempo, la gente piensa que habla de música”. La primera batería que tocó Meneses en su vida era en realidad un retazo. Estaba llena de almohadas y los tensores eran artesanales.

“En ese tiempo protagonizar una película era algo realmente importante. Ese fue un personaje que tenía mucho de mi esencia”. Inconforme, grosero, músico, soñador, políticamente incorrecto. Fueron dos meses de rodaje. Todos los días se levantaba a las 5:00 a.m. para convertirse en Rodrigo y, con el arte como única arma, hacerle muecas a la Medellín de los pistolocos, los narcos, los ladrones y los paracos. No exagera cuando dice que el radicalismo salvó su vida y la de otros jóvenes que vivían en medio del fuego cruzado.

“Si se era metalero no se podía ser punkero, si se era punkero no se podía ser metalero. Si se era alguna de las dos, ni por las putas se podía ser delincuente. Si alguien se atrevía a jugar a dos bandas, esa persona era desterrada del combo musical, entonces mucha gente prefirió seguir por el mundo de la música, antes de optar por el camino de la delincuencia”.

Treinta años. Se dice rápido; no se pasa igual. Cuando terminó la grabación de Rodrigo D. No futuro, Ramiro Meneses le dijo a Víctor Gaviria que lo pusiera a hacer cualquier cosa. Así fue. “Después de protagonizar una película, terminé ayudando al de las luces, al microfonista, al de vestuario o a recoger las cosas cuando ya no quedaba nadie en el set. Todo lo utilicé con un solo objetivo: aprender”.

De ese Ramiro Meneses que llegó a Bogotá con el objetivo de estudiar teatro y arte dramático para hacer un trabajo más honesto y menos orgánico, aún vive el ser humano que considera que el arte es “un elemento fundamental para salvar al hombre de tanta violencia”.

Los más puristas lo han cuestionado por dirigir una serie (El man es Germán) que muestra a un grupo de punketos chistosos, imagen que dista mucho de la dureza de esa cultura urbana.

“Una cosa no tiene que ver con la otra. Esos son unos personajes hechos específicamente para una serie de televisión. Es un producto humorístico. El punk es más complejo que eso. Es una forma de vida”. Entonces, una vez más. La cresta no hace al punketo.

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2019-05-26T09:07:38-05:00

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2019-05-26T09:36:50-05:00

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Joseph Casañas - @joseph_casanas

Cultura

La cresta no hace al punketo

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