Green Moon Festival

La cultura creole que pervive

Este festival fue concebido en 1987 y se realizó hasta 1995 en su primera fase. En 2012 se retomó. Presentamos un contexto de su importancia, ante la amenaza de que no se lleve a cabo en el 2018.

Julia Martínez, artista sanandresana, se presentó en septiembre de 2017. / Cortesía

Sobre la historia de San Andrés

Eran un grupo indígena que frecuentaba las islas de San Andrés y Providencia antes de la atroz llegada europea. Los miskitos, provenientes de lo que hoy conocemos como Nicaragua, eran —y son— tejedores empedernidos, algo que retomarían con el pasar de los siglos y quedaría en la plurivalente memoria de lo que hoy es San Andrés.

Hacia el año 1527 arribaron los puritanos ingleses (puritano: “vivir de acuerdo con la Biblia”), y con ellos llegó el vigor de lo que venía pasando en Europa: guerras religiosas entre católicos y protestantes.

Justo en el año en que Colón puso pie en América, 1492, la Corona de Castilla había tomado tres decisiones cruciales e instantáneas: su reino sería católico, blanco y hablaría castellano. Fue entonces cuando se volvieron piel de nieve y expulsaron a musulmanes y judíos tras 700 años de convivencia.

A causa del conflicto que se vivía en Europa y de que los españoles lideraban la llegada a América, en grupos protestantes se despertaba el interés por buscar un mundo nuevo en el que no tuvieran que toparse ningún católico y pudieran practicar libremente su puritanismo. Fue una de las primeras utopías que despertó esta tierra, tan vieja como la de ellos, pero siempre nueva para la historia.

Así se fueron poblando de europeos las islas del Caribe y el norte del continente. También fueron llegando africanos. La diferencia radicaba en que los unos llegaban en busca de utopías y los otros como medios para esas utopías: América se convirtió en el fin último del tráfico de esclavos y del comercio de la piratería financiado por las coronas inglesa y francesa como contragolpe al monopolio económico español.

En San Andrés se formó una cultura marcada por la diversidad lingüística. Los africanos desarrollaron la lengua creole, derivada del inglés, pero con calcos de su tradición, de sus cantos, sus bailes, de un recuerdo vivo, como dice Diana Uribe. Ello aportó enormemente a la memoria musical del territorio.

La utopía de los ingleses no pervivió. Tiempo después revivieron aquello de lo que habían huido: la guerra religiosa se trasladó a América. Hubo disputas entre ingleses y españoles, con Cristo de por medio, pero por la isla.

Los ingleses fueron expulsados. Los africanos pasaron a escuchar a padres jesuitas. Y el creole seguía vivo, y se le sumaron el castellano y las costumbres españolas, y la cultura sanandresana continuó transformándose.

Para 1810 hubo una nueva coyuntura. San Andrés se sumaría al proyecto de la Gran Colombia, por lo que volvería a ser un punto comercial, lo que generó un cercamiento de los sanandresanos en su propia isla.

Entonces aumentó la necesidad de afianzar la cultura raizal que habían alcanzado como resultado de las mezclas entre su pasado ancestral y sus transformaciones históricas. Dicha necesidad no ha desfallecido hasta hoy.

 

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“Un abrazo fraternal en forma de raza y cultura” fue el eslogan con el que nació el Green Moon Festival (Festival de la Luna Verde) en 1987, creado por un grupo de gestores culturales que querían conmemorar la riqueza cultural e histórica del Caribe, centrándose en la descendencia creole, esa cultura lingüística que surgió unos siglos atrás. El nombre del festival se eligió por una convocatoria que hizo el entonces intendente, Simón González Restrepo; se llamaba a la radio y se votaba por alguna propuesta.

Para ese entonces, ya se tocaban temas de ecología (green) y, cuentan, la luna (moon) era un motivo poético para González. La primera versión del festival se realizó el 21 de mayo de ese año, y continuó haciéndose año tras año hasta 1995.

La música de artistas de todo el Caribe y la muestra de otras manifestaciones culturales que buscaban homenajear la tradición caribeña y afianzar los vínculos míticos con el territorio cesaron por más de una década a causa de razones políticas enmarcadas por la ignorancia, el olvido y la negación.

En 2012, la gobernadora Aury Guerrero Bowie, junto con el departamento y la Cámara de Comercio de San Andrés, logró retomar el festival, que no ha dejado de realizarse, pues el gobernador actual, Ronald Housni, también lo apoya.

A pesar de las alianzas con sectores privados, el 80 % de los fondos anuales para el festival provienen de la voluntad de cada gobernador. Una fuente aseguró que “esta dependencia suele generar presiones y burocracias que ponen en riesgo la identidad y la correcta planificación del festival”, por lo que la versión del próximo año podría estar en riesgo.

Ante esto, El Espectador asume una postura en pro del Green Moon Festival, por ser un espacio para la celebración y rememoración de la identidad y la tradición raizal caribe. Asimismo, por la capacidad de la Fundación Moon Festival de gestionar su internacionalización, permitiendo que la tradición cultural raizal se muestre, a través de, por ejemplo, mercados y programas culturales en Europa y el resto de América.

 

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