La memoria de un tiempo

Manuel H. Rodríguez fue uno de los referentes de la fotografía colombiana del siglo XX, dejando huella y memoria histórica a través de sus imágenes.

Voto femenino. Padre dando tetero al hijo, 1957. Banco de la República

Su cabello alborotado y blanco. La barba en forma de candado y una cámara siempre colgada al cuello. Así solía verse Manuel Hermelindo Rodríguez, un bogotano de procedencia humilde y gran observador. Su curiosidad, su trabajo, su actitud, lo llevaron a convertirse en uno de los referentes de la fotografía colombiana del siglo XX, dejando huella y memoria histórica a través de sus imágenes. (Lea la historia de Nereo López)

Manuel H. Rodríguez nació el 14 de julio de 1920 en Bogotá. Cuando apenas era un niño, desarrolló su gusto por la tauromaquia. Vivía cerca de la antigua plaza de toros de San Diego y el guardia de seguridad los dejaba entrar a él y a su hermano hasta la arena. A partir de ahí, nunca dejó de ir a las corridas de toros. (Lea la historia de Carlos Caicedo)

Un día, se dio cuenta de que quería inmortalizar y congelar en una imagen lo que sus ojos observaban. Desde entonces, decidió dejar su profesión de tipógrafo y dedicarse de lleno a la fotografía. Las primeras imágenes que captó fueron tomadas con una cámara de cajón y sus inicios fueron como fotógrafo del barrio La Candelaria.

Entre los fotógrafos de la época empezó a darse a conocer al inmortalizar con su “Rolleiréflex” al torero Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, Manolete, en una mala tarde que tuvo en la plaza de toros de Santamaría, en Bogotá, en 1946. Aquel retrato en blanco y negro que evidenciaba la tristeza del torero por haber decepcionado a su público recorrió las páginas de los principales periódicos de la época.

La mayoría de sus tomas fueron capturadas espontáneamente en las calles bogotanas. Por una u otra razón, Manuel H. estaba en el lugar y el momento indicados. El 9 de abril de 1948 se encontraba con su hermano tomando un café cerca de la oficina de Jorge Eliécer Gaitán. Entonces oyó gritos, vio que la gente empezaba a correr y él también salió a ver qué ocurría, con su cámara colgada al cuello, como siempre. Cuando llegó a la Séptima, le dijeron que habían asesinado a Gaitán. La gente gritaba “Mataron a Gaitán”. Él obturaba su cámara y buscaba hechos.  (Lea aquí la historia de Leo Matiz)

Jaripeo, el paseo de la muerte,1954. /Archivo El Espectador

Al día siguiente, fue al cementerio donde habían botado el cadáver de Juan Roa Sierra, el supuesto asesino de Gaitán, y tomó más fotos. Cuando reveló sus rollos, se encontró con una imagen de Roa Sierra que lo impresionó. En ella se veía al hombre que un día antes la muchedumbre había linchado y arrastrado por las calles del centro de Bogotá con la cara hinchada por los golpes recibidos. Esa imagen fue la portada de varios medios de comunicación. A esta se suman registros de las multitudes saqueando los locales y gente caminando hacia la Plaza de Bolívar con machetes y martillos. De este día quedaron más de 164 fotografías, que son la memoria gráfica de un momento que marcó la historia del país.

Una de las fotografías más impactantes que tomó Manuel H. Rodríguez fue un retrato de Jorge Eliécer Gaitán, donde está con los ojos cerrados, envuelto en sábanas blancas y rodeado de cinco personas. Los hechos del Bogotazo marcaron su vida tanto profesional como personal, porque no se explicaba el dolor que sintieron cientos de miles de personas el 9 de abril. Sentía impotencia por no haber podido hacer nada para ayudarlas. Cuando hablaba del tema, su voz temblaba y sus ojos se humedecían, pero jamás dejó de ir en busca de imágenes.

Fotografió a César Rincón, Belisario Betancur, Piero, Gabriel García Márquez, Cantinflas, entre otros. Fue condecorado infinidad de veces. Obtuvo la orden Civil al Mérito Ciudad de Bogotá en el grado de Gran Oficial (2000), el Premio Nacional Vida y Obra otorgado por el Ministerio de Cultura (2004) y la Orden Civil Al Mérito, en el grado de Comendador (2007). Más allá de los premios, siguió haciendo fotos, como siempre. Buscaba dejar un legado histórico a través de sus registros. Por eso, en 1952 abrió su estudio Manuel H, en la Carrera 7 N° 22-09, un lugar que fue declarado Monumento de Conservación Arquitectónica en el año 2000.

Allí se albergan más 200 mil fotos y 400 mil negativos. El fotógrafo luchó durante varios años contra el deterioro de la casa, donde están las imágenes que retrató por más de 40 años. Buscó hasta sus últimos días que ese lugar se convirtiera en un museo, pero no lo logró. Falleció el 18 de septiembre de 2009, pero dejó un inmenso legado con más de 700 mil negativos, tanto en blanco y negro como en color.

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