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La televisión: entre la realidad y la ficción

Las nuevas series de la pantalla chica basadas en historias reales han despertado tanto elogios y alabanzas por su narrativa como críticas negativas por exagerar algunos de sus detalles; sin embargo, la primera voluntad de sus creadores ha sido clara: que no traguemos entero.

“Chernobyl” es una miniserie que, a pesar de narrar un hecho real, incluye elementos ficticios para atrapar al espectador.HBO

La última era de entretenimiento popular estaba gobernada, como dice la escritora Joy Press, por el escapismo. “Escapamos de un presente deprimente a mundos de fantasía donde el conflicto puede ser espectacular, pero carece de sentido real”, dice en una columna. Game of Thrones, la serie británica que mezclaba la época medieval con detalles fantásticos fue una de las que más conquistó a las audiencias televisivas durante los últimos años, desde su inicio hasta su final, con un mundo que, aunque tenía tintes humanos como la lucha por el poder, estaba construido sobre un campo ficticio. Pero ahora, la aparición de series como Chernobyl o Así nos ven, ambas situadas en la década de 1980, marca el inicio de una nueva era de oro para la pantalla chica y los servicios de streaming, en la que las historias basadas en hechos completamente reales se adueñaron en poco tiempo de la atención del público a escala masiva.

La primera de ellas, por un lado, nos muestra las condiciones humanas que surgieron tras una tragedia nuclear, el heroísmo en tiempos de caos y los efectos nocivos para un pueblo que puede causar un régimen totalitario; Así nos ven, por otro lado, nos presentó las fallas del sistema de justicia racista de Estados Unidos y cómo los medios de comunicación son capaces de ir en contra de su labor principal al amplificar mentiras que perjudican a inocentes.

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Aunque ambas series cumplen documentándose con lo que pasó en realidad, hay que reconocer que este es un campo de juego donde hay que ser precavidos, pues esa realidad que presentan suele mezclarse con ficción al reconstruir las historias, y no todo en ellas es totalmente cierto. ¿Es una técnica válida? Por supuesto. ¿Arriesgada? También.

Chernobyl, la aclamada miniserie de HBO que retrata el desastre nuclear de 1986, fue la primera en llenar el vacío en las conversaciones de oficina que dejó el amargo final de Game of Thrones. Le bastaron cinco episodios en el mismo número de semanas para conseguirlo. Su rigor a la hora de buscar cómo retratar el drama de la tragedia nuclear en Prypiat fue elogiado por la crítica, así como su brillante dirección de arte y edición de sonido, entre otros detalles. Pero, así como le llovieron cumplidos, también le cayeron encima reproches, principalmente por mostrar una Unión Soviética distante de la real, además de una serie de imprecisiones históricas.

El desencanto con una obra de este tipo es común en la era digital. Como explica Anthony McCarten, guionista de La teoría del todo, hoy es imposible mentir en una película biográfica o histórica porque las audiencias están muy bien informadas. “Es la era de Google. La gente ve una película y dice ‘me encantó’, hasta que la buscan en Google y ven ‘oh, esto es falso’. Así que la relación que estableciste con ese espectador se destruye”. Contar historias reales con extrema precisión y rigurosidad es una tarea muy difícil. “Creo que en realidad es mucho pedirle a una película que reproduzca al 100 % la realidad en la pantalla cuando parece que a las persona promedio en sus vidas les cuesta mucho recordar exactamente cómo sucedieron las cosas, incluso sobre el almuerzo que se tuvo con alguien la semana pasada”, describía Scott Foundas, crítico de cine de Variety en la antesala de los Óscar de 2015. Y es precisamente por ello que Craig Mazin, creador de Chernobyl, le advierte al público que no piense que todo lo que sale en su obra es verdad.

“Lo que pasa con la verdad es que, en su mejor versión, no es viral; sin embargo, lo que puedes hacer es atraer a la gente a una verdad a través de algo que sea narrativo o viral, y luego decir: ‘Con toda honestidad, lo que has visto es una especie de verdad. Pero mira todas estas otras cosas’”, explicó Mazin en una entrevista con Vox. Por ello, a la par de la serie, el escritor desarrolló un podcast en el que deconstruía su obra para enseñarle al espectador qué fue inventado o comprimido en ella para lograr un efecto más dramático. Con esto, él consigue un buen ejercicio de autocrítica a su trabajo, pero además les entrega una motivación a sus espectadores para que no se conformen solo con la historia que sale en televisión e indaguen por la realidad que a él se le escapa por momentos. “Lo último que quise decirle a la gente fue: ‘Ahora que has visto esto, sabes la verdad’. No, no lo sabes. Conoces algo de la verdad y algunas de las cosas que se han dramatizado”, dice el escritor de la serie.

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Lo que hace a este género atractivo —el docudrama— es que le da la oportunidad a nuevas audiencias de conocer hechos que pueden ser desconocidos o que en otra presentación no van a lograr captar la misma atención del público. “Honestamente, la gente podía leer un documento de 40.000 páginas sobre Chernóbil y luego no entenderlo todo, porque hay demasiados detalles. Pero ciertamente, por la forma en que Mazin y Johan Renck lo abordaron, y la forma en que todos los departamentos lo llevaron a cabo en términos de diseño de producción, diseño de vestuario, maquillaje, accesorios… hubo una atención meticulosa al detalle y la autenticidad”, explica el actor Jared Harris, quien hace de Valery Legasov en Chernobyl.

Además, estas obras han sido productos que, si bien hablan de historias del pasado, juegan con la sensibilidad del presente para advertir sobre los peligros del futuro. “No quiero contar historias del pasado a menos que tengan una relevancia inmediata para el momento… En el caso de Chernobyl, contamos la historia de un gobierno que miente, y hay personas que finalmente terminan pagando el precio de esas mentiras, y existe una cierta cultura de negación y la degradación. Y ahora mismo, creo que hay una guerra global contra la verdad”, dijo Mazin en una entrevista.

En Así nos ven, por ejemplo, hay una escena en la que el ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pide que haya pena de muerte para los menores acusados de violación y protagonistas de la trama. Esta anécdota bien pudo pasar desapercibida en el guion. Pero el detalle de poner a la figura más poderosa de la política estadounidense hoy defendiendo una injusticia es un guiño a lo frágiles que son las sociedades modernas ante las decisiones equivocadas de un gobernante. Chernobyl, por otro lado, nos entrega una reflexión aun más importante sobre el costo de las mentiras.

“A la verdad le da igual lo que queramos. Le da igual nuestro gobierno, nuestra ideología, nuestra religión. Esperará eternamente. Y este, al final, es el regalo de Chernobyl. Antes temía el precio de la verdad; ahora solo pregunto: ¿cuál es el costo de las mentiras? No es que vayamos a confundirlas con verdades. El peligro es oír tantas que ya no reconozcamos la verdad. ¿Qué hacemos entonces? ¿Queda algo que no sea abandonar la esperanza y contentarnos con cuentos? En esos cuentos da igual quiénes sean los héroes. Queremos saber de quién es la culpa”, dice Valery Legasov en el monólogo final de la serie.

Las series del género docudrama no podrán ser ciento por ciento precisas, pero le están ofreciendo al público algo que a los documentales les queda corto: emoción y atracción por la historia. Aunque Chernobyl y Así nos ven fueron las que marcaron un hito, este tipo de televisión viene creciendo a pasos agigantados desde hace un par de años con la aparición de series como American Crime Story: Todos contra O.J. Simpson y también en su versión del asesinato de Gianni Versace. La parrilla de contenidos tanto en canales premium como en servicios de pago por streaming traerá sin duda más historias de este tipo en el futuro. Tan solo en la segunda mitad del 2019 se estrenará la tercera temporada de The Crown, el drama que retrata la historia de la Corona británica. La serie promete volverse cada vez más popular a medida que se acerque a capítulos más modernos, como la historia de la princesa Diana de Gales. Por ahora, está entrando a los primeros años del reinado de Isabel II . Como explica Linda DeLibero, directora de Estudios de Medios y Cine de la Universidad Johns Hopkins, “existe un verdadero deseo de sentir que lo que está presenciando es algo verdadero, y todo lo que ha sucedido en la industria del entretenimiento desde la llegada de internet solo ha hecho crecer este impulso”. Esto hace que contar historias reales esté cada vez más de moda.

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2019-06-23T18:46:00-05:00

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Camilo Gómez / @camilogomez8

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