Ladama: “Crear es existir”

Ladama es una banda musical compuesta por cuatro mujeres de diferentes países de América que busca reinventar ritmos tradicionales de estos territorios. Se presentaron el pasado 4 de julio en Bogotá.

Lara Klaus, Daniela Serna, María González y Sara Lucas, integrantes de Ladama, en un taller de música que se realizó la semana pasada en Bogotá.Fundación Batuta Bogotá

Un niño en una ciudad latinoamericana no quiere ser más como su hermano. Un hermano que quizá nunca volvería a salir de la cárcel. Ese niño conoció en una vibración, en un instrumento musical, la razón por la que en realidad quería vivir. Las notas musicales se convirtieron en su nuevo latir. En otro lado, en El Carmen de Bolívar, como en gran parte de los lugares americanos, se respira música, se habla música, se siente música. Y es ella misma la que abstrae a sus pobladores de los problemas que atraviesan en su diario vivir. La música recorre a todo el continente americano, y como en el niño, se convierte en su más profundo latir.

La música también transforma. Es quizás una de sus características más importantes y desconocidas. Esto lo pudo ver Ladama, un grupo de cuatro mujeres, todas de diferentes países americanos, que han reinventado los ritmos tradicionales que se encuentran en sus naciones. Y que, desde la música, llegaron a cambiar la vida de ese niño, y de comprender realmente cómo se vivía en El Carmen de Bolívar. Las unieron los ritmos de sus países, sus particulares instrumentos, pero, sobre todo, esa idea de que la música es un medio de transformación y cambio. María González, una de las cuatro, dice que “la música es el puente que usamos para dar herramientas de acción” a las comunidades que visitan en sus países. Es la herramienta fundamental que ellas brindan desde su labor como educadoras para que estas se organicen y combatan los problemas sociales por las que atraviesan.

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Para Ladama todo comenzó en 2014, cuando se encontraron por primera vez en One Beat, una residencia artística. Las cuatro, Lara Klaus, Daniela Serna, María González y Sara Lucas, habían ganado una beca que las trasladaba desde sus respectivos países (Brasil, Colombia, Venezuela y Estados Unidos) a un recorrido musical por diferentes estados de los Estados Unidos. La música se juntó con un deseo de transformación y en varias discusiones, las cuatro mujeres comprendieron que tenían una misma vocación. Como afirmó Lara Klaus: “Antes de todo fue la identificación que tuvimos entre nosotras, en nuestros países, en lo que representamos”.

“La cumbia, el porro, el baracatú, la música llanera, eso es lo que nos llevó a ser”, anotó González. Porque, aunque la música divide, entre ritmos, géneros e instrumentos, también es sinónimo de unión. Unifica, atrae y crea. Así fue que, siendo tan distintas, cargadas de diferentes historias de vida y de los propios contextos de sus países, se unieron para crear un solo proyecto musical. “(En Ladama) tenemos una muestra clara de cuatro naciones, de cómo es la mujer en la música en cuatro naciones”, afirmó Daniela Serna. Y sin embargo, manejan un concepto claro del respeto y la reinvención de los ritmos tradicionales de sus países. Saben que desde la mezcla particular que representa su banda pueden transformar realidades sociales.

Ladama reivindica. Se inserta en una doble reivindicación: de una inmensa variedad de ritmos americanos que corren por las venas del continente, pero también muestra que estos pueden ser interpretados por cuatro mujeres tan distintas y diversas como estos mismos. Sin embargo, como las cuatro dicen, esto no significa lo mismo para sus países, en donde tanto el rol de la mujer como sus ritmos tradicionales varían y fluyen de formas desiguales.

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En Colombia es un choque, un choque que lleva a la conciencia y a la reflexión. Para Daniela Serna, en el país Ladama representa una mezcla de orgullo de que exista una colombiana recorriendo el mundo con su tambor, pero también es una ruptura con lo que se espera de “la mujer colombiana”. La fuerza de los movimientos que se necesitan para interpretar el tambor se enfrenta con ciertos movimientos sutiles atribuidos a lo femenino. Pero es también, en palabras de Serna, la oportunidad de “que la gente repiense si es normal que el rol de la mujer sea limitado, si somos un país machista, que lo somos, y si de repente desde nosotras y desde nuestras canciones podemos generar un espacio de resignificación”. Además, Serna concluye diciendo que “el simple acto de ser tamborera es un acto de resistencia."

Para Lara Klaus, en Brasil se trata de algo diferente. Aunque la resistencia persiste, cree que Ladama es una muestra de la diversidad de mujeres, de historias que caminan por el continente americano. Todas distintas, pero con la capacidad de luchar y trabajar para así abrir caminos, y de buscar día a día estar en un mejor nivel. “Queremos luchar por subir y subir, y por conquistar nuevos espacios”, dice la baterista.

Así de diverso es el significado de la agrupación que defiende sus ritmos tradicionales para el caso de Estados Unidos. Sara Lucas, la única norteamericana del grupo, ha tenido que explicar, múltiples veces, que las otras integrantes de la banda no son migrantes, sino que habitan sus propios países y que salen de ellos no huyendo, sino a andar por el mundo en sus giras. “Significa muchas cosas, para diversas comunidades (...) si tocamos en Nueva York la migración se vuelve un tema esencial, pero luego tocamos en una comunidad latina en el sur de Chicago y significa algo completamente diferente, luego en el sur, en Louisiana, las personas entienden nuestra música en una forma muy visceral, porque entienden nuestras mezclas”, afirma Lucas.

En cambio, ser una mujer venezolana que toca la bandola, un instrumento tradicional de su país, en una banda como Ladama es totalmente diferente. “¿Qué ocurre cuando las mujeres se comienzan a sumar a la interpretación en un momento específico en donde la pedagogía del instrumento tradicional como la bandola llanera no estaba desarrollada?”, se pregunta González. La respuesta es sencilla pero compleja: ocurre ruptura e innovación. La artista fue corrida de un curso en el que aprendía el instrumento cuando solo tenía 12 años, porque le preguntó a su profesor un acorde que él no conocía. “Para mí fue un divorcio con la música tradicional, pero no con el instrumento, e hizo que yo comenzara a componer otros géneros”. Así, entre choques y enfrentamientos fue comprendiendo que desde la incomodidad que le producía podía potenciar su propia idea musical.

La agrupación significa, finalmente, para todos esos países en conjunto que se unieron por medio de la música y de cuatro mujeres con unos ideales compartidos, “una oportunidad de mostrarle a la gente que somos pioneras, que sí se pueden hacer cosas, que estamos abriendo caminos”, concluye González. Esos caminos que han venido con una idea básica: “Piensa local, actúa global”. Ellas han volteado el común acuerdo de que hoy en día las cosas se tienen que pensar desde su globalidad. Contrariamente, para ellas cada uno de sus países esconde historias propias, ritmos específicos, problemas con nombre propio, que pueden brindar al mundo global caminos nunca antes presupuestados. Ladama crea desde lo suyo y busca hacerlo universal. Quieren que el mundo pueda vibrar con esos ritmos tradicionales y milenarios del continente americano, y hacer de ellos una herramienta para la educación y el cambio. Es de esta forma que cumplen la frase que Lucas afirmó con tanta convicción: “Crear es existir”. Y ellas siguen creando con su nuevo álbum, que aún no tiene nombre, pero que ya fue grabado en Río de Janeiro.

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Manuela Cano Pulido

Cultura

Ladama: “Crear es existir”

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