Las conquistas espaciales en la obra de Juan Fernando Herrán

El bogotano es uno de los artistas colombianos de mayor reconocimiento internacional. Sus obras, realizadas con medios como la instalación, la fotografía y el video, remueven ideas e imágenes relacionadas con asuntos como el poder, la memoria y la historia.

"Héroes mil". Instalación escultórica en el Monumento a los Héroes. VIII Premio Luis Caballero. Foto: Archivo de Juan Fernando Herrán

La vitalidad de la obra de Juan Fernando Herrán (Bogotá, 1963) está dada por el conocimiento que el artista tiene de los medios con los que trabaja y por las investigaciones que realiza para el desarrollo de sus procesos. La fotografía, el video y la escultura han sido los lenguajes centrales con los que Herrán ha constituido un discurso acerca del poder como una forma de la voluntad humana que incide en los cambios y las crisis históricas. Sus resoluciones estéticas erigen representaciones que trocean la linealidad del tiempo y desmontan los relatos oficiales de hechos, espacios emblemáticos o realidades específicas. Sus instalaciones, como él mismo lo expresa, “son parcialmente conquistas del espacio”, sean paisajes o edificaciones.

En la exposición que Herrán realizó en noviembre en la galería Nueveochenta, los espectadores se encontraron con un video que recorre el interior de un espacio antiguo que deja ver los detalles de su arquitectura, repentinamente emerge el sonido de una voz que narra aspectos y vivencias que tuvieron lugar en la edificación. A su vez, aparecen unos trazos en carboncillo que se superponen a la imagen en movimiento y están acompañados de la nítida sonoridad emitida por las líneas sobre la superficie. Esto aunado con la voz testimonial de fondo constituyen una poderosa experiencia audiovisual. El video Crónicas envolventes, que le dio el nombre a la exposición, hace parte del proyecto que el artista desarrolló en 2017 luego de realizar una investigación de la historia y memoria arquitectónica de la iglesia Saint-Andrè-Le-Haut, ubicada en Vienne (Francia). Han sido precisamente este video y las fotografías de la serie Piedra y polvo —que también hicieron parte de la muestra— las que me motivaron a mantener una conversación que tenía pendiente con uno de los artistas colombianos de mayor reconocimiento internacional.

Creo que es importante que hablemos del origen de “Cronologías envolventes”. ¿Cómo fue la experiencia con el espacio de la iglesia Saint-Andrè-Le-Haut y cómo surgieron las ideas desarrolladas en el proyecto?

Conocí el sitio cuando fui en enero de 2017. Fue mi primera visita a la ciudad de Vienne, a raíz de una invitación del curador Mark Bembekoff a realizar una exhibición en el Centre d’art contemporain La Halle des bouchers. Vienne es una ciudad con una historia romana muy extensa, hay muchos lugares emblemáticos que conservan la carga de lo que fue el Imperio romano, y después de dar muchas vueltas encontré la iglesia de Saint-Andrè-Le-Haut, que es el lugar que da pie a todo el proyecto. Lo que queda en este momento de la iglesia son principalmente las ruinas de la edificación gótica, pero contiene muchas capas históricas que se perciben a nivel de la superficie, en las paredes y en el suelo. El lugar fue un cementerio en una época, se volvió una iglesia monacal de un grupo de monjas y después incluso funcionó como edificio de vivienda. Luego de mis recorridos decidí que lo que yo quería hacer era algo que tuviera que ver con todas esas etapas de la edificación a nivel arquitectónico: quise “escanear” el edificio utilizando video y fotografía. Las fotografías lo que hacen es enmarcar ciertos espacios y poder avivar un relato o una narración que tiene que ver con la materialidad del sitio y con la construcción. Pero el video Crónicas envolventes lo que intenta es comprenderlo todo, tiene un espíritu totalitario en el buen sentido del término.

Considero que su trabajo en general es un levantamiento de tiempos muertos, hay un peso importante de la historia y la memoria, una pasión por meterse en los archivos y en los espacios para reactivar lo que ha quedado oculto, pero que sigue ahí. ¿De dónde surge esa forma de penetrar los asuntos y los espacios que explora?

Me gusta entender los procesos históricos, encontrar información ya sea documental o material, cosas que me hablen de otros momentos y me interesa la transformación de los objetos o de los espacios. Desde hace mucho tiempo me siento atraído por la historia y por esos procesos extendidos en el tiempo. Yo creo que la historia le hace a uno ver las cosas de otra forma, no como si fueran una aparición de la nada, sino que nos permite entender que todo está vinculado y tiene algún tipo de explicación. Me apasiona poder reconstruir cómo fue algo. Son procesos de largo aliento que me exigen una observación precisa e interpretar en el espacio de exposición eso que tanto he observado.

¿Cómo entiende la memoria? El concepto siempre es una cuestión bastante flexible e informe, es contenedora de entrecruzamientos. ¿Cómo la ha concebido para llevarla a sus creaciones?

Yo creo que hay temas históricos que tienen que ver con la memoria que me interesan porque tienen un pie en el presente. El proyecto Héroes mil (2015), con el que participé en el VIII Luis Caballero, y que incluye el video Ecos tutelares, contiene una investigación histórica muy profunda. En esta apuesta que desarrollé en el monumento de Los Héroes se revela lo que somos como nación hoy en día, pone en escena tiempos superpuestos en el que se repiten formas de construir y de entender nuestro contexto. Allí acudo a las figuras del monumento y el héroe: ¿quiénes han sido los héroes en nuestra historia? Son discursos políticos que vienen estructurados desde la guerra de la independencia y que engendran todo este ánimo guerrerista que está muy metido en los colombianos. Cuando uno se da cuenta de que la guerrilla invoca a Simón Bolívar, pero que también la derecha lo hace, es muy complejo comprender ese sistema icónico del ídolo y emerge una especie de limbo que es muy confuso. A mí Héroes mil me parece que es pertinente por el momento histórico y porque evidencia que no somos capaces de zafarnos de la relación con la guerra como único motor de la historia.

“Héroes mil” revela una vez más ese entramado que constituye entre los medios que usa y el espacio donde se emplazan sus obras. Creo que gran parte de su maestría tiene que ver con la consolidación de un todo en el que cada medio aporta de una forma determinante.

Siento que mis proyectos terminan definiéndose en distintos medios porque lo que me da un medio para ciertas cosas no me lo da el otro. Eso que acabas de decir que son complementarios es lo que percibo cuando digo “es que necesito la fotografía”, porque yo ya tengo una serie de información, por decir algo, a nivel tridimensional, pero necesito realmente la evidencia de lo que está ahí, y para eso, es perfecta la fotografía. Y el video también me permite hacer esos cruces e ir a sitios y avivar a partir de imágenes en movimiento cosas que tienen que ver con el presente. Entonces cuando recorro un mismo tramo de paisaje —como en el video Ecos tutelares—, un tramo por donde llegaron de Europa muchas de las esculturas icónicas al país y recorro esa histórica vía férrea, en verdad es muy loco porque uno está ahí en el mismo lugar por donde llegaron las esculturas mencionadas. Es bonito ver cómo es que ese espacio tiene cosas que están iguales y otras que han cambiado radicalmente. Es de nuevo el pasado y el presente, pero encontrados. Cuando uno ve en las tomas que ese ferrocarril hoy en día ya no funciona, uno dice “es la ilusión del país atravesado por líneas férreas, que es en gran parte la idea del progreso en esa época, que evidentemente no funcionó”. Y es una metáfora de lo que nos ha pasado, es que echamos para adelante y para atrás, una idea poderosa a nivel poético. Eso se hace posible a través de un lenguaje como el video, la activación del tiempo como forma de la simultaneidad.

En esa misma línea, todo el tiempo estamos hablando de instalación en el trabajo de Juan Fernando Herrán. Ese es un término muy usado con el que considero hay que tener cierto cuidado. No todo lo que es categorizado como instalación lo es. ¿Qué puede decir al respecto?

Creo que la gente tiene una versión muy simplista de la instalación. Ahora todo es una instalación y eso es demeritar realmente lo que puede ofrecer este lenguaje y es que a partir ya sea de elementos fragmentarios o de activación del espacio, tú llegues a experiencias muy significativas y que tú percibas las cosas en el tiempo, no solo con tus ojos, sino con tu cuerpo en movimiento. Yo creo que cuando la intervención en el espacio es suficientemente diciente, realmente el espacio mismo posibilita la experiencia. Tú no estás simplemente con el ojo en medio de una instalación, sino que también esta resulta una experiencia corporal, porque las cargas en el espacio se sienten con el cuerpo, no solo a través de la visualidad. Entonces la instalación no se trata de “poner cositas en el espacio”, como suele pensarse.

Dice esto e inmediatamente pienso en su proyecto “Escalas” (2013), en el que, al igual que en “Héroes mil”, usó la madera como material para construcciones de gran formato. Esas escaleras imposibles sí que hacen que el cuerpo del espectador se vea afectado, allí traduce una realidad puntual: las escaleras irregulares hechas para acceder a los barrios de las montañas de Medellín.

Todo empezó por el proyecto fotográfico Escalas y dentro de esa investigación llegó el momento en que me di cuenta de que “necesitaba hacer algo escultórico”. Llevaba muchos meses recorriendo barrios marginales, enfrentando una experiencia espacial fascinante. Quería hacer algo que tuviera que ver con las maneras como se han construido estos barrios. Entonces decidí hacer unas escaleras con los ángulos y las bifurcaciones que yo había visto en el lugar. En uno de los recorridos vi cómo estaban haciendo unas escaleras contra una ladera y me fijé que era solo con tablas y dije: “Acá está, quiero hacer una estructura con tablas”. En este proyecto hay unas metáforas muy sencillas y otras mucho más inquietantes. Yo inicialmente quería hacer un video, pero en esa experiencia de subir y subir hay algo relacionado con el cuerpo, no es solo visual. Tú sientes el incremento de la elevación, cómo esas estructuras son vulnerables, complicadas, laberínticas. En una imagen de video, sabes que estás girando, pero no tienes una relación con el espacio. Eso se recobró cuando surgió la escultura. Esas escaleras improvisadas son construcciones muy frágiles, hacen parte de un desarrollo social frágil. Es una infraestructura que es usada para llegar a las casas caminando, el camino que recorres para una conquista diaria: la de llegar a casa.

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Érika Martínez Cuervo

Cultura

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