Falleció ayer en la Clínica de Marly

Las letras costeras de Burgos Cantor

El escritor cartagenero y fundador del Departamento de Humanidades de la Universidad de Cartagena deja como legado una ciudad narrada a lo largo de su historia.

El escritor cartagenero falleció este martes 16 de octubre en la Clínica Marly de Bogotá.Gustavo Torrijos

Nació en 1948, uno de los años más convulsos de la historia nacional. Nació en Cartagena, en una ciudad literaria, acorde a su destino. Nació con un libro bajo el brazo, y en ese libro, que pudo ser de Faulkner o de Borges, estaría más que un primer encuentro: estaría el asombro que lo acompañó para redescubrir en la literatura el sentido y la salvación de una realidad adversa.

Una mesa de estudio, decenas de hojas que parecían cápsulas de la historia. Los primeros bocetos de su narrativa se alzaban en medio de los apuntes de la clase de matemáticas. Unos padres que fueron maestros y que por ser maestros fueron mentores y guías en la vida de Burgos Cantor. Unos padres que leyeron aquellos universos que su hijo construía con la facilidad con la que jugaba en las calles húmedas y angostas de Cartagena. Unos padres que decidieron enviar los escritos de su hijo a un experto: Manuel Zapata Olivella.

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“Ancas sudorosas. Polvo y sangre en los ijares. La muerte terciada sobre el hombro. Nalgas mojadas. Piernas cortas. Sobre el galápago Pacho Torre recorriendo cuerpos y caminos. Desde los primeros ranchos de la población presienten su llegada”. Y de aquí partió todo. Este primer segmento no solo es el inicio del primer cuento escrito y publicado por Burgos Cantor. La lechuza dijo el Réquiem fue el texto que salió en la edición número tres de la revista Letras Nacionales, dirigida por Zapata Olivella, un hombre del arte que vio en Roberto Burgos un trazo prometedor e ilusorio de la literatura nacional.

“Aunque escribir es un oficio solitario no todas las veces es fácil encausar los delirios de la soledad”, diría Burgos Cantor en el texto La vida es corta y el arte largo, que fue publicado por El Espectador en el 2017 y que narra el encuentro del autor con García Márquez una noche en que hacía homenaje a la obra literaria de Burgos Cantor y su aporte a los relatos que edifican a Cartagena como una ciudad que ha sido contada por las plumas más sublimes de nuestro país.

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Sus revoluciones se hicieron desde los libros. Sus textos reúnen aquellos retazos del espejo que anoche terminó. De ese espejo surge el reflejo de una Cartagena que vio embarcar y desembarcar guerras, conquistas, libertades y miles de memorias.

Burgos Cantor, quien era director del pregrado en creación literaria de la Universidad Central, dejó en su palmarés el Premio Jorge Gaitán Durán, el Premio de Narrativa José María Arguedas de Casa de las Américas y el Premio Nacional de Novela 2018. En las estanterías, librerías, bibliotecas quedan grandes obras como Lo amador (1980), El patio de los vientos perdidos (1984), Quiero es cantar (1998), La ceiba de la memoria (2007) y su última novela, Ver lo que veo (2017), entre otras. 

Hoy sopla un viento de ausencia en la isla de Manga, lugar de sus musas, sus memorias y sus secretos. Pero así mismo, de allí queda el éter de sus tachones y sus más certeras reflexiones. Sus letras, imperecederas como sus remembranzas, navegarán en la región Caribe salvaguardando la historia de su querida Cartagena.

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

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