ESPECIAL: MUJERES REVOLUCIONARIAS

Las mujeres nos enseñaron a ganar

“Cuando yo empecé a entrenar en serio hasta mi papá veía eso como algo malo para las mujeres, machismo, me imagino” María Isabel Urrutia.

Caterine Ibargüen, saltadoraEFE

De Íngrid Berg a Mariana Pajón, pasando por Olga Lucía de Angulo, Ximena Restrepo, María Isabel Urrutia, Mabel Mosquera, María Luisa Calle, Cecilia Baena, Jackeline Rentería, Clara Juliana Guerrero, Jercy Puello, Yuri Alvear y Caterine Ibargüen, entre otras, las mujeres han escrito páginas gloriosas en la historia del deporte colombiano.

Y eso que durante la primera mitad del siglo pasado estuvieron excluidas de la actividad física por una sociedad machista, patriarcal y misógina, que apenas en los años 60 comenzó a darles cabida en el deporte.

Ese fue el gran mérito de la nadadora Ingrit Berg, quien antes de brillar en las piscinas nadó literalmente contra la corriente para ganarse el respeto de los hombres.

Hija de alemanes y estudiante del colegio Anglo Colombiano, en Bogotá, Berg se convirtió en 1961 en la primera mujer elegida Deportista del Año de El Espectador, un concurso dominado por hombres durante sus primeras tres décadas.

Múltiple campeona nacional, bolivariana y grancolombiana, Berg se reveló como talento y ejemplo de disciplina y perseverancia, porque aunque ya existían más mujeres deportistas, casi todas renunciaban cuando sufrían algún tipo de discriminación.

“Mi mayor virtud, más allá de la condición para nadar, ha sido la constancia y el deseo de demostrar que podemos hacerlo igual o mejor que muchos hombres, como ocurre en el mundo”, señaló en una entrevista con este diario el día en el que 3.012 lectores votaron por ella como la mejor de la temporada, por encima del atleta Manuel Cabrera y el futbolista Delio Maravilla Gamboa.

Mucho más reconocida fue otra nadadora, la vallecaucana Olga Lucía de Angulo, ganadora de 10 medallas de oro en los Juegos Bolivarianos de Maracaibo en 1970. Además participó en los Juegos Olímpicos de México 1968 y Múnich 1972. Se retiró cuando apenas tenía 17 años, porque el deporte, especialmente la natación, no era una alternativa de vida en esa época.

Poco a poco, la participación femenina en las delegaciones nacionales en eventos deportivos se fue incrementando. Era cuestión de tiempo que alguna lograra éxito en la élite mundial.

Ese honor le correspondió a la atleta antioqueña Ximena Restrepo, quien corrió los 400 metros en algo más de 49 segundos para colgarse la medalla olímpica de bronce en Barcelona 1992. Aunque tuvo apoyo, el país no le pudo ofrecer bienestar económico como deportista de alto rendimiento y terminó radicada en Chile.

Tal vez con quien cambió definitivamente la historia fue con María Isabel Urrutia, primero lanzadora y luego levantadora de pesas. “Cuando yo empecé a entrenar en serio, hasta mi papá veía eso como algo malo para las mujeres. Machismo, me imagino. Pero poco a poco abrimos el camino para que hoy las chicas puedan dedicarse exclusivamente a su deporte y sean vistas con más respeto”, admite orgullosa.

Había sido campeona mundial, pero su gran logro fue ganar el oro en los Olímpicos de Sídney 2000. “Desde ahí comenzaron los apoyos e incentivos a deportistas, logramos que las nuevas generaciones tuvieran más garantías y no sufrieran para sobrevivir, como nos tocó a nosotros”, agrega.

Y ahí sí, con apoyo, respeto y reconocimiento, las mujeres colombianas explotaron. En el nuevo siglo se han cansado de subirse a podios en todo tipo de eventos internacionales. De hecho, hoy son más que los hombres en las delegaciones nacionales en juegos multideportivos y brillan en modalidades tan diferentes como el tiro con arco, el boxeo, el bicicrós, el patinaje, la lucha, el fútbol y el voleibol.

Ellas recogen los frutos que sembraron Íngrid y Olga Lucía hace medio siglo, cuando el país deportivo no reconocía el enorme potencial de sus mujeres.

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