Invitado al Hay Festival Cartagena 2020, del 30 de enero al 2 de febrero

Leonardo Padura: “Mi mujer es mi detector de mierda”

Entrevista con el escritor cubano sobre su más reciente novela de la serie de Mario Conde, la vejez, la muerte, la paz de Colombia y su próxima obra.

 Leonardo Padura dice desde su casa en Mantilla, sur de La Habana: “Siendo agnóstico y heterodoxo, Dios me tocó la frente con un dedo”. / AP
Leonardo Padura, con 64 años de edad, dice desde su casa en Mantilla, sur de La Habana: “Siendo agnóstico y heterodoxo, Dios me tocó la frente con un dedo”. / AP

Busqué a Leonardo Padura por La Habana, que acaba de cumplir 500 años de fundada. Fui a su natal Mantilla. No lo encontré. Estaba de gira internacional. A finales del año pasado hablamos por correo electrónico y le mandé un cuestionario, diciéndole que me quería centrar en su más reciente novela negra, la novena dedicada a los enigmas del policía Mario Conde, que empezaron en 1989, pues sobre su emblemática El hombre que amaba a los perros (2009, sobre el líder ruso León Trotski y su asesino) se han publicado montones de notas, incluida esta en El Espectador. “¡Esto es un fusilamiento, no un cuestionario!”, me advirtió, y me notificó que no tenía tiempo porque al día siguiente salía de viaje otra vez. Es el escritor cubano más reconocido de la actualidad (Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015) y su obra se publica en 25 idiomas, con serie en Netflix desde 2016 (Cuatro estaciones en La Habana). Pensé que no respondería, pero al día siguiente lo hizo por escrito y soportó contrapreguntas hasta que la paciencia se le agotó.

Acabo de leer “La transparencia del tiempo” (sello editorial Tusquets). Mario Conde llega a los 60 años de edad. Usted tiene 64. ¿Cuál es el balance de Leonardo Padura al llegar a la década en que se enfrenta la vejez?

El balance es terrible. Definitivamente ya sé que no podré ser un gran jugador de béisbol, que si alguna vez las mujeres me miraron con primeras intenciones ya no lo volverán a hacer, que debo cuidar mucho mi peso y mi presión arterial y leer para el resto de mi vida con gafas… Cosas así, todas horribles. (Le puede interesar: Héctor Abad y el porqué de su libro de Diarios).

Percibí una Habana en lenta adaptación a los nuevos tiempos en la que Bobby Roque, un amigo de la niñez de Conde, ahora homosexual, le pide encontrar una virgen negra robada, de origen africano, eso marca el ritmo y la trama, mientras el peso de los años transforma a los personajes, más a nivel mental que físico. ¿Ese pesimismo apocalíptico que siente Conde cómo lo vive Padura?

Como individuo sabes —Conde lo dice en la novela— que entras en el último cuarto de tu vida, porque si pasas de los ochenta es casi un milagro. Y como escritor, que penetras en un territorio muy peligroso, pues la vejez no es buena para ninguna profesión y la de escribir novelas es muy exigente. He visto con terror cómo grandes escritores pierden con la edad sus mejores facultades y se empeñan en seguir escribiendo y publicando, cuando su “detector de mierda” (Hemingway lo llamó así) les ha dejado de funcionar. En este sentido creo que tengo algo muy importante, y es un “detector” adicional, mi mujer, Lucía (López Coll, su primera lectora, también escritora, coautora de los guiones para Netflix), a la que le he exigido que cuando me vea aflojar el pulso, me borre los archivos de la computadora.

Conde siempre merodea por las fronteras de la muerte. En el caso suyo, ¿cómo avizora el fin de sus días? ¿O no piensa en ello sino literariamente?

No, no pienso en eso. O al menos trato. Pero trabajo con la muerte, porque la muerte es la más dramática de las coyunturas de la vida, la que siempre llega y acaba con todo. Es novelesca. Esa certeza me aligera de pensar en ella, pues sé que hagas lo que hagas, terminas ahí.

Me sentí cercano a Antoni Barral, el que trae la estatua de la virgen negra, el mismo que el 8 de octubre de 2014 habla de la escritura como un acto de “desdoblamiento y revelación” hasta el último día. ¿Conde vivirá con esa función hasta que usted muera?

¡Qué insistencia con la muerte, compadre! ¡Solavaya!... (expresión cubana para librarse del mal agüero) A ver: toda escritura que pretenda decir algo, que tenga un para qué, es de alguna forma un desdoblamiento. Aunque el autor trate de difuminarse tras las voces del narrador y de los personajes, por supuesto que siempre está ahí, con sus ideas, sus juicios y prejuicios, con ese algo tan definido o indefinido como es su ideología. Una novela es también una confesión: creas un mundo, das vida a unos personajes, y lo haces a partir de tu concepción del mundo, aunque haya personajes que expresen una que sea diferente a la tuya. En el caso de mis novelas con el personaje de Mario Conde esa cercanía es mucho mayor, pues Conde es siempre mi voz, mi mirada de un contexto, sea del presente o del pasado, de su propia sensibilidad o de la de sus acompañantes. Conde es un hombre de mi generación, con experiencias vitales muy propias de nuestra época y contexto, y el desdoblamiento, la revelación resulta mucho más evidente en cada una de las novelas en que lo utilizo. Por eso es que Conde siempre mantiene su coherencia respecto al mundo que lo rodea y a sus preocupaciones existenciales, porque las compartimos con una complicidad muy promiscua.

Barral también habla de que en este proceso hay que “intentar distanciarte de ti mismo” y del entorno. ¿Cómo se distancia o lo intenta usted en una isla como Cuba?

No me distancio. Me acerco, trato siempre de estar lo más profundo posible dentro de ella. La distancia tiene que ver con la mirada, la perspectiva, la capacidad de análisis para poder tener un mejor ángulo de visión del contexto. Si como ser civil participo, como escritor reflejo una realidad, y esa distancia resulta muy necesaria para poder hacerlo de una manera que te permita, a la vez, estar muy dentro del reflejo de una sociedad y una época.

Barral plantea que va de “transmutación en transmutación” hasta ser libre. ¿Se siente realmente libre a través de la literatura en la Cuba de hoy?

Soy un hombre todo lo libre que se puede ser en una sociedad como la cubana. Hace ya 25 años que soy lo que se llama un escritor independiente y trato de serlo también como persona. No tengo militancias ni religión, dos filiaciones que siempre te limitan pues son credos, y por lo tanto encarnan una ortodoxia. Mi libertad es la que me permite escribir lo que escribo y como lo escribo, respondiendo solo a mis necesidades expresivas y mis concepciones de la realidad y la historia, del individuo y sus destinos. Si no tuviera esa libertad no hubiera podido escribir, ni siquiera imaginar la escritura de novelas como El hombre que amaba a los perros, Herejes, La novela de mi vida o toda la saga de Conde. De todas formas, la libertad absoluta no existe: como ser social perteneces a un contexto en el cual funcionan leyes de todo tipo, y muchas de ellas tienes que acatarlas porque forman parte de un contrato social gracias al cual no nos pasamos todo el día matando hijos de puta, por ejemplo.

Usted termina “La transparencia del tiempo” con una nota de autor que dice: “la vida, la historia y la geografía me han hecho vivir y escribir, antes y después de cualquier milagro”.

Sí, tienes razón, termina así.

Pero, resúmame cada parte en una frase, por favor.

Su vida: la de un cubano nacido en 1955.

Su historia: la de un tipo muy común, crecido en la normalidad de una familia normal, al que de pronto le dio por escribir cuando supo que no tenía futuro como jugador de béisbol y que, además, por fortuna, encontró muy pronto a la mujer de su vida.

Su geografía: la insularidad. Agua por todas partes.

Su escritura: mi forma de vivir. Vivo de la literatura y vivo para la literatura.

Los milagros de su vida: haber recibido reconocimientos por mi trabajo que jamás imaginé que pudiera alcanzar; lo de tener la mujer que te mencioné antes; lo de creer (a veces, y siendo agnóstico y heterodoxo) que Dios me tocó la frente con un dedo…

En esta novela, más que en otras, es evidente una Habana que se derrumba. Ahora que la capital cumplió 500 años, ¿cómo ve el futuro de la ciudad y de su Mantilla? ¿Seguirán deshaciéndose?

No me gusta hacer predicciones de futuro. No tengo la bola mágica ni soy babalao… (sacerdote adivinador). Solo quisiera que mi ciudad, mi barrio, tomaran un segundo aire y evitaran ese “deshacimiento”.

Por otro lado, hay una Habana que resurge de las ruinas con el capital hotelero. ¿Hasta qué punto eso es bueno si está incluyendo una defensa del patrimonio arquitectónico?

Casi todo, casi, lo que signifique progreso es bueno. Que la ciudad tenga más hoteles, algunos muy bellos, es bueno. Y a la hora de defender un patrimonio arquitectónico, creo que Cuba —incluso por sus dificultades económicas— lo ha preservado bastante, aunque también por las mismas razones haya perdido una parte de él. El problema es que el progreso no siempre es respetuoso, a veces no puede serlo. Si las personas que hoy viven en un solar (una casa con varias familias) le construyen allí mismo un edificio feo pero con baño propio y dos habitaciones… pues al carajo el patrimonio. ¿Qué es más importante? ¿Las personas o los edificios? Creo que esa pregunta tiene una respuesta obvia.

Negociadores del proceso de paz colombiano, por ejemplo Sergio Jaramillo, y voceros de la exguerrilla Farc me contaron que aprovecharon su estancia en la isla para leer sus novelas. ¿Alguna vez se los cruzó y charló con ellos?

Sí, en un par de ocasiones, por intermediación del entonces embajador colombiano en Cuba, mi buen amigo Gustavo Bell. Hablé de literatura con ellos como con otros cientos de personas con que me he reunido en estos años.

¿Puede darme más detalles: nombres, lugares, libros? Y no molesto (jodo) más.

Y como era de esperar el libro que más les había interesado era El hombre que amaba a los perros, un interés que ha sido muy generalizado en la izquierda latinoamericana, desde Lula y Dilma hasta Cristina Fernández y López Obrador… Ah, y también personajes políticos europeos como François Hollande y Pedro Sánchez, entre los más conocidos.

¿Qué impresión le dejó ese proceso de paz? ¿Cree que lo mismo se debiera hacer con el Eln, la guerrilla que persiste en armas y cuyos comandantes frecuentan Cuba?

No me gusta hablar de temas domésticos de sitios en los que no vivo. Me faltan los matices. Solo creo que la paz es preferible a la guerra, la concordia al odio, la justicia a la injusticia. Los representantes de las Farc estaban tratando de lograr lo que yo creo preferible.

En su próxima novela, “Los fragmentos del imán”, sobre la diáspora de su generación, ¿desarrolla este cabo suelto de “El hombre que amaba a los perros”: “Creo que en esos años nosotros debimos de haber sido en todo el mundo occidental civilizado y estudiantil los únicos miembros de nuestra generación que, por ejemplo, jamás se pusieron entre los labios un cigarro de marihuana y los que, a pesar del calor que nos corría por las venas, más tardíamente nos liberamos de atavismos sexuales (encabezados por el jodido tabú de la virginidad, nada más cercano a la moral comunista que los preceptos católicos); en el Caribe hispano fuimos los únicos que vivimos sin saber que estaba naciendo la música salsa o que los Beatles (Rollings y Mamas Too) eran símbolo de rebeldía y no de cultura imperialista”?

Por supuesto. En la novela hablo de la diáspora de mi generación, y con ella vienen sus experiencias, buenas y malas. Esas que mencionas, y más…

Viene al Hay Festival de Cartagena 2020, donde ya juega de local. ¿Qué afinidades, aparte del aire colonial, encuentra entre La Habana y nuestra Ciudad Heroica?

Además de las obvias afinidades históricas y arquitectónicas, están las culturales. Los cubanos y los cartageneros, barranquilleros, los costeños, somos gente del Caribe, hijos de la mezcla más loca del mundo, y por lo general tenemos un carácter muy parecido. En el Caribe colombiano me siento definitivamente cerca de Cuba, y compartir con la gente de allí me hace evidente que tenemos más rasgos que nos identifican que elementos que nos diferencian. Me encanta el Caribe colombiano… como el cubano.

La última vez que estuve en Cuba, hace dos años, se me grabó una valla en la que se veía a Raúl Castro entre Fidel y el Che y se leía: “Nuevos retos, nuevas generaciones”. ¿Tenía algo de cierto o en qué han cambiado el gobierno y la sociedad de su país?

Hoy la dirección del gobierno pertenece a otra generación, casi todos son más jóvenes que yo, y eso es un cambio. En el país pasan cosas que parecían imposibles (mayor acceso a internet, facilidades para viajar, pequeños negocios privados) que en muchas forman están cambiando la manera de vivir, de pensar, de proyectarse la gente. Esos cambios, a mi juicio, no son tan profundos como deberían ser, pues la esencia política sigue siendo la misma respecto a elementos como la estructura económica o una total libertad de expresión. Pero algo se ha movido y, por supuesto, el movimiento es mejor que el estancamiento.

Entonces me reuní con periodistas y me resultó evidente su situación de opresión y la casi nula libertad de prensa. ¿Su literatura pervive libre de presión y autocensura o cómo ha encontrado el punto de equilibrio para decir lo que quiere?

Nadie está libre de presiones y autocensuras. En Cuba quizás sea más evidente, pero es un fenómeno universal. Siempre sentimos un compromiso hacia ese contrato social del que te hablé y el peso de lo políticamente correcto o incorrecto, el temor a poder herir alguna sensibilidad, ¿no es así? En mi caso ya te dije que he tratado de ser lo más libre posible en mi creación. He hablado en mi periodismo (está recogido en varios libros) de temas que no suele tocar la prensa oficial (y por eso la mayoría de mis textos han circulado en agencias o medios extranjeros) y en mi literatura he abordado problemáticas “sensibles”, algunas de ellas poco o nada mencionadas. Gracias a ello me he ganado la condición de escritor casi invisible en mi propio país, pues como a algunos no les gusta lo que digo, pienso, escribo, pues apenas existo como figura pública. No salen entrevistas conmigo en medios nacionales, ni en la televisión, no se promueve mi obra ni se mencionan muchas veces mis premios y reconocimientos. Por ejemplo, cada año tengo más intervenciones públicas y hago más entrevistas en Colombia que en Cuba… Las ediciones cubanas de mis libros son pequeñas y a veces circulan con obstáculos, y a los lectores cubanos de Cuba se les hace difícil el acceso a ellas… Pero pago sin mayores dolores ese precio y a la vez reconozco que, aunque no se me promueva, tampoco se me hostiga, aunque de vez en cuando algún ortodoxo me tire una bola bieeeeen adentro.

Leí en el perfil que le hizo Jon Lee Anderson: “El régimen tolera a Padura por razones más cínicas: como goza de un devoto público internacional censurarlo tendría un costo político. Y mientras sea visto como un autor que escribe con franqueza, el régimen puede usarlo como demostración de su tolerancia”. ¿Está de acuerdo?

No, en eso no estoy de acuerdo con mi amigo Jon Lee. Con lo que te dije en la respuesta anterior queda claro el porqué de mi desacuerdo.

LOS PERSONAJES DEL HAY FESTIVAL CARTAGENA DE INDIAS 2020

la expresidenta brasileña Dilma Rousseff (2011-2016) participará en la XV edición del Hay Festival de Cartagena, entre el 30 de enero y 2 de febrero próximos, en tertulia con el director del diario “El País” para América, Javier Moreno, sobre el futuro de la izquierda. La estrella literaria será la escritora canadiense Margaret Atwood, ganadora del Booker Prize, que presentará su obra, “El testamento”. También estarán la uruguaya Ida Vitale, ganadora del Premio Cervantes 2019, quien hablará con la poeta portuguesa Ana Luisa Amaral, y la mexicana Valeria Luiselli, nominada al National Book Critics Circle Award. Leonardo Padura hablará de los grandes músicos  Rubén Blades, Mario Bauzá, Cachao López, Papo Lucca, Juan Luis Guerra, Willie Colón, Johnny Pacheco y Juan Formell por su libro “Los rostros de la salsa”.

898407

2020-01-03T18:34:22-05:00

article

2020-01-04T20:34:54-05:00

[email protected]

none

Nelson Fredy Padilla / [email protected]

Cultura

Leonardo Padura: “Mi mujer es mi detector de mierda”

56

17264

17320