500 años de Da Vinci

Leonardo: pintor e inventor infatigable

Este pintor, arquitecto, ingeniero e inventor debe su gloria a las pinturas y a los dibujos que legó a la posteridad y a ser uno de los arquetipos del Renacimiento.

Da Vinci nació en 1452. Su cuna fue una población llamada Vinci, en la Toscana italiana. / AFP

Este pintor, arquitecto, ingeniero e inventor, debe su gloria a las pinturas y a los dibujos que legó a la posteridad y a ser uno de los arquetipos del Renacimiento. Vivió poseído por el espíritu inventivo: enérgico, desplegó toda suerte de iniciativas en el diseño de construcciones que se anticiparon a muchas innovaciones modernas, como una red de ferrocarriles urbanos o una máquina que podría haberse convertido en un helicóptero.

Puede leer: Los misterios de Van Gogh, desde lo más profundo de sus "Girasoles"

Nacido en 1452, su cuna fue una población llamada Vinci, en la Toscana italiana. Gracias al genio que portó desde muy joven, se convirtió en uno de los protagonistas de un momento estelar en la pintura universal. Históricamente se situó en el tránsito del quattrocento al cinquecento, es decir, de finales del 1400 a inicios del 1500. En ese momento se dio el tránsito estético, con rupturas y enriquecimientos mutuos, entre el clasicismo encarnado en Bramante y en el propio Leonardo, y el manierismo, dotado de mayor gracia y colorido, con personificaciones como Miguel Ángel y más tarde El Veronés con su explosión de colores en Las Bodas de Caná.

Todo esto configuró formas, digamos, más “melodiosas” y seductoras en el aliento pictórico trasmitido en las obras. Este movimiento estético ya no era tan caracterizadamente renacentista como las obras de la primera mitad del siglo XV, pero todavía no alcanzaba a ser completamente barroco, tal como vendría a serlo el movimiento cultural del siglo XVII.

Cambios sociales

Este fue un momento (1480-1550) de transformaciones que iba a traer cambios revolucionarios en la vida social, en la política, en la moral y en el mundo religioso. La expresión estética se afirmaba en su propia razón de ser: la belleza y en el ser humano, más allá de que muchos de los motivos estéticos continuaran externamente siendo de carácter religioso, un revestimiento que no alcanzaba a disimular la exaltación de todo lo bello que contenían las formas humanas.

Fue la misma época (en realidad una veintena de años después de la muerte de Leonardo) en la que Copérnico comenzó la revolución científica en el terreno de la astronomía. También fueron los días en que Maquiavelo sentó las bases para el Estado moderno. Este es el momento histórico en el que resurgió con fuerza la idea del individuo, como modelo de sujeto social, al decir de Burckhardt (historiador suizo). En otras palabras, la historia pasaba por un tempo caracterizado por el surgimiento del “hombre del Renacimiento”.

La célebre Mona Lisa

Leonardo creó obras maravillosas que han dejado su huella en la plástica universal. A su pincel se deben, por ejemplo, las pinturas La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana, La Virgen de las Rocas, o la Última Cena. Pero la apoteosis del retrato lo representa la Mona Lisa o Gioconda, una figura emblemática de la pintura universal. Este retrato al óleo presenta la figura femenina en un primer plano iluminado, con el tamaño que se recorta en las líneas del busto y la cintura, cerradas por los brazos y las manos que descansan cruzadas con elegancia sobre el sillón en el que la dama posa sentada. Todo esto contra un fondo de naturaleza boscosa, habitada por caminos sinuosos y aguas sosegadas.

Puede leer: Jean-Paul Sartre, ontología existencial

Las vestimentas son regias y están plasmadas en tonalidades oscuras para proporcionar cierta gravedad, apenas matizada con golpes tenues de luz sobre las manos tersas y los pliegues de las mangas, diestramente dibujados. El fondo, hecho de un paisaje remoto y algo diluido, ayuda al efecto de que, desde allá, desde la naturaleza incierta pero vigorosa, se llega al primer plano, al fabuloso rostro de esa mujer, esplendorosa, serena, enigmática y risueña. Es como un punto de contraste frente a toda agitación innecesaria. Tranquila y magnifica, lo humano y lo femenino en la realización de la creación, como ficción y como realidad.

Aunque la difuminación se extiende sobre el paisaje del fondo, también recubre con suavidad el rostro de la dama en el primer plano. Con esto el cuadro se cubre con una atmósfera rica en sugerencias de todo aquello que puede existir tras los ambientes protegidos por los velos, atenuantes de aquello que de otro modo pudiera ser demasiado explícito y crudo.

El juego semiótico

El rostro bien balanceado de esta Mona Lisa increíble se apoya en el tallo de un cuello lozano, que se extiende sobre un pecho iluminado y rozagante, convertido en unas turgencias de sensualidad rápida y discretamente cubierta por la tela del vestido, reforzado por pequeños arabescos y pliegues delgados. El rostro sereno que pasa a través de esa atmósfera iluminada está marcado por una mirada de soslayo y por el movimiento de la boca, tal vez el más famoso de la pintura, un leve gesto de sonrisa retenido, pero que puede contener un tejido de significados ocultos detrás de la expresión.

Ese soslayo en la mirada y el trazo leonardiano de la sonrisa, con los labios dulcemente herméticos, representa un juego de misterios y de complicidad con quien está por fuera del cuadro: el espectador y quizá también el pintor. Este es probablemente el factor cifrado que ha cautivado a millones de admiradores.

Entre el misterio y la complicidad, entre la sonrisa insinuada y la mirada ligeramente oblicua, se instala el nudo de los signos, que pueden alojarse en la expresión estética. Estos dan lugar a multitud de percepciones y sentimientos, y, sobre todo, a interpretaciones que completan la historia. La de Leonardo es una expresión estética en la que se sitúa una masa de emociones y, a la vez, un núcleo de significados: una fábrica de luz y de símbolos que levanta el puente de comunicaciones secretas entre la obra y el espectador.

*Cofundador y analista de Razón Pública.

867161

2019-06-21T21:00:00-05:00

article

2019-06-25T10:54:34-05:00

[email protected]

none

Ricardo García Duarte / Razón pública

Cultura

Leonardo: pintor e inventor infatigable

39

7063

7102