Artbo / Fin de semana

Lina Leal: La melancolía de un eco

La obra “Más claro no canta”, de Lina Leal, ubicada en el Museo Santa Clara, invita a reflexionar sobre la violencia contra la mujer desde el significado del canto de las aves.

La muestra “Más claro no canta” estará hasta el 30 de junio en el Museo Santa Clara. / Juan Camilo Cárdenas

Sus manos respaldan la fuerza de sus palabras y de sus anhelos. En medio de la luz tenue, de los curiosos que quieren conocer la historia del Museo Santa Clara, anteriormente un convento de clausura de la época colonial, Lina Leal vuelve en el tiempo para contar su pasión con los secretos de las personas, para evocar con orgullo que sus apuestas en el arte están salpicadas por el barro, por las lágrimas, por los rastros de pintura que se van convirtiendo en capas de la historia, en colores que representan un testimonio y que pintan las paredes que han sido testigos de luchas, de violencias, de sollozos, de sonrisas, de insomnios, de actos de amor y de actos cómplices.

Entre los confesionarios y los pasillos se escucha el cantar de las aves. Cada eco es el dolor, es el presente encumbrado por las heridas de un pasado que se resiste a ser lejano. La voz de la violencia se transforma y el resultado de su metamorfosis es el canto de un pájaro, con un tono particular que evoca melancolía. Las ondas de sonidos, ilustradas con pequeños granos de bicarbonato, son tan amorfas como la comunicación que creemos tener y que en realidad se esfuma buscando un receptor que entienda y transmita el mensaje.

Más claro no canta nace a partir de una frustración. Recojo testimonios de un nivel de complejidad muy alto. No hay ninguna reacción frente a eso en la sociedad. Ninguna reacción del Estado. No hay una acción real a una transformación. Somos seres tan individuales y egoístas, que vivir en una realidad y en un entorno tan violento como este nos resulta parte del paisaje, parte de lo cotidiano. Ya no nos activa ver que una niña menor de edad, de nueve años, está embarazada y que la violó el padrastro o que la misma mamá la prostituyó. Son unas situaciones que son degradantes. Y al ver esa frustración, en la que no pasa nada, me dije: como lo puse en un lenguaje que la gente no entendió, voy a buscar otro lenguaje. Terminamos en la descomunicación. Wittgenstein habla en el Tractatus logico-philosophicus de eso, de la palabra, el lenguaje humano, es muy precario. No logramos dar el mensaje, no logramos comunicar con la palabra lo que realmente queremos decir. A partir de ahí creo un lenguaje nuevo”, contó Lina Leal, autora de la exposición.

La muestra artística, compuesta por espacios interactivos y por varias piezas audiovisuales, contiene un alto poder simbólico, pues las voces de mujeres víctimas de la violencia en América Latina se escuchan entre los pasadizos del Museo Santa Clara, que en un pasado fue un convento habitado por clarisas que permanecían en clausura, y habla de un interés por reflexionar sobre el poder patriarcal, sobre aquella atmósfera en la que el hombre ha ejercido múltiples manifestaciones de represión y violencia sobre la mujer.

“Lo que hice fue coger cada uno de los testimonios, y de acuerdo con la frecuencia sonora, teniendo en cuenta la emoción de la persona que está hablando, hice una traducción al canto de las aves. Hay un banco de sonido en Cornell University, y ahí están clasificados los sonidos según la situación que está viviendo el pájaro. Hay dos grandes categorías de los cantos: canto, trino o llamado de urgencia. Esos se van dividiendo. Y se clasifican según la situación: ansiedad, miedo. Entonces realicé la frecuencia con base en la emoción de cada persona. Entonces, como a la gente no le interesa, lo hice así a ver si lo entienden de esta manera. Luego, al tener el canto del pájaro, puse el sonido en baja frecuencia para poder llegar a obtener los dibujos de la voz, que se basan en las mandalas. Las mandalas son vibraciones y la palabra produce vibración. Todo lo que se dice y lo que se piensa tiene un efecto. El om de la meditación es amor, paz, equilibrio y armonía. Tiene un mensaje positivo. Y si mira las mandalas que tienen esa información son circulares. Y estos dibujos de la voz de la exposición no son circulares. Eso quiere decir que son mensajes negativos. Al final reduzco ese testimonio, ese secreto, a estos dibujos. Aquí busco un receptor, alguien que entienda”, afirma Leal.

Una metáfora de voces rotas, de voces convertidas en cantos de melancolía y dolor se escuchan en diversos espacios del Museo Santa Clara. La desfiguración de los dibujos de voces y los videos a blanco y negro de mujeres que hablan a través de sus ojos vidriosos configuran un escenario en el que el visitante tendrá que escrudiñar entre los susurros, los sollozos y los cantos aquellos relatos íntimos que exhalan la culpa injustificada de ser víctimas de múltiples manifestaciones de violencia. El interés de alzarse como los receptores que configuran un lenguaje fragmentado desde siempre es uno de los objetivos de esta muestra, que forma parte de los Secretos, que desde hace años Lina Leal ha ido recogiendo en un sendero que inicia en sus pensamientos errantes y que difícilmente encuentra un fin en la Tierra.