El 1°y 2 de noviembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Llega la danza australiana: cuerpos más allá de los límites

La compañía contemporánea Australian Dance Theatre es todo transgresión. Con un espectáculo digno de admiración, nos damos cuenta de que con el cuerpo se pueden alcanzar los más increíbles movimientos. Viene con “El origen de la naturaleza”.

Renegamos mucho del presente. Que todo tiempo pasado fue mejor, dicen algunos nostálgicos. Que como van las cosas no hay futuro posible, dicen los apocalípticos.

Y, sin embargo, hay quienes, desde el ahora, desastroso y caótico y con tantas evidencias para decirlo con certeza, producen imágenes que nos permiten reconciliarnos con la vida, con la belleza. Pese a mostrar el dolor. Porque no se quedan allí, construyen. Ponen a pensar. Deleitan. Chocan. Transgreden. Hacen sentir y, con ello, crecer.

Además, son lo suficientemente humildes o ambiciosos –para el resultado, qué más da qué calificativo sea– para nutrirse de todas las fuentes necesarias para decir lo que tienen que decir.

Así que entremos en materia. Todo esto mencionado anteriormente le cabe a la compañía Australian Dance Theatre. Nacida en 1965, en Adelaida (en el sur del país, casi colindando con el océano Índico), esta compañía bebe de diversas tradiciones que alimentan su original propuesta de danza contemporánea. Empecemos por lo aborigen; viven en territorio kaurna y le rinden tributo permanentemente, en sus coreografías y cantos. Luego viene el conocimiento de ballet clásico, en donde el país es reconocido por su calidad interpretativa. A esto le añaden yoga avanzado, que exhibe su dominio de la respiración y control de la fuerza. Como si fuera poco, le suman artes marciales y breakdance. Es una receta compleja, pero suculenta. Y bien ejecutada, porque usted no se da cuenta necesariamente de todos estos ingredientes, sino que se traga el bocado completico y en la boca estallan sus muchos sabores.

Para Garry Stewart, su director desde hace dos décadas, un tipo talentosísimo con pinta de boxeador, de arete y barba candado, lo que cuenta es encontrar los medios necesarios para exigirle –o pedirle con disciplina y firmeza- al cuerpo todo lo que pueda dar. Sea en la disciplina que sea. Sea con el cuerpo que sea. Del color que sea. De la etnia que sea. Y si incluso ese cuerpo no puede levantarse o saltar por tener alguna discapacidad, le encontrará su mejor movimiento.

Una bailarina negra, voluptuosa, robusta y potente; un asiático de chivera y caja torácica inmensa que se mueve como un felino; un caucásico delgado que parecería romperse, pero nunca lo hará. Todos persiguen la valentía del movimiento y exhiben su fuerza y armonía. Todos, sin excepción, logran lo imposible: una increíble ligereza. Caer como nenúfares al escenario.

Esa es la diversidad de la que se nutre. Ese es el mundo que le gusta, y al que le habla. Ese que disfruta de las diferencias y que encuentra en ellas belleza, riqueza, solidaridad y amistad. Y con las cuales construye una sinfonía que suena a la perfección.

Más allá, más allá

I. Piense en Francis Bacon, el pintor dublinés cuyos rostros son como gritos, como espectros. ¿Puede imaginarse una obra de danza en donde no se ve el cuerpo? Sólo se sugiere, se ven sus movimientos como pinceladas, como manchas o distorsiones. A Stewart le interesan tanto los nuevos medios como el escenario. Produce obras de baile para video, que le permiten crear los efectos que busca. Nueve minutos de frenesí donde no se perciben sino movimientos bruscos que revelan una suerte de duro secreto. No se necesita saber más para entrar en esa historia.

II. Bailarines de breakdance

Porristas

Gimnastas

Jugadores de rugby

Bailarines de capoeira

Luchadores y boxeadores

Hasta llegar a 100 deportistas. El ejercicio se llama Collision Course (curso de colisión, o de golpe) y se trata de mostrar, gracias a una cámara que captura el movimiento en extrema lentitud, a múltiples cuerpos chocándose entre sí en distintas escenas. Por la descripción podría ser un espectáculo lamentable, pero no, es de una belleza infinita y está tan bien construido que el ojo alcanza a percatarse de la manera como los cuerpos se protegen y acomodan frente a un golpe. Recuerda un poco la técnica de release en la danza, que se inspira en el bebé y en cómo éste nunca se golpea al caer cuando están aprendiendo a caminar, sino que rebota de manera natural. El objetivo de entender este movimiento es volver a aprender a moverse, desde el impulso y el latido. Perderle el miedo al golpe, entenderlo.

Al ser su materia prima, el cuerpo es lo más preciado para esta compañía. Conocerlo en detalle, conocer su alcance y sus posibilidades, es su meta. Correr sus límites. Stewart, tan fuerte que es, cuida a sus bailarines como porcelanas. Lo que no quiere decir que si debe mostrar algo profundamente doloroso no usará el cuerpo para evidenciarlo. Esta compañía se ha destacado por las temáticas, perfectamente políticas, que ha abordado a lo largo de los años. Violencia física, castigo, desplazamiento forzado o migraciones han sido algunos de los temas que han tocado, causando admiración e indignación por la brutalidad que tan bien representan y critican. “Gran despliegue físico, emociones extremas, energía, rigor”, son algunas las palabras que definen su trabajo.

“El origen de la naturaleza”

La pieza que veremos en Bogotá fue creada para ser interpretada, bailada, en medio de un jardín botánico. Con el tiempo se adaptó al escenario. Allí van naciendo, como la naturaleza misma. Se siente la eclosión en los movimientos, de cada célula, de cada rama, de cada raíz, de cada vida.

Como su director la describe, “es un espectáculo de danza y música basada en la idea de los ritmos de la naturaleza. Los humanos –y toda forma viviente– existen en una sobrecogedora y compleja sinfonía de ritmos que se traslapan y que constituyen el verdadero tejido de la naturaleza y de la vida misma. Estos ritmos se manifiestan en el día y la noche, en las estaciones, en las mareas, la migración, la hibernación, en el dormir y el despertar, en los patrones del clima, el sistema binario del nacer y morir y los varios sistemas del cuerpo”.

Y así, pese a nuestros continuos esfuerzos por destruirla, las fuerzas de la naturaleza se imponen sobre la humanidad para demostrarnos que no podemos ser ni estar sin ella. Y serán estos bailarines del mundo quienes vengan a mostrárnoslo con toda su belleza.

* No olvide que también puede ver este espectáculo en vivo a través de la iniciativa Teatro Digital del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el jueves 2 de noviembre a las 8 p.m., en la página de www.teatrodigital.org

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