Memoria y arte

Los mitos que rompe el Museo Colonial

El 6 de agosto se cumplieron 75 años de la apertura de uno de los museos más emblemáticos de Bogotá, reinaugurado el viernes pasado, luego de un trabajo de cuatro años.

Fragmento del cuadro “De español e india nace mestiza”, una reproducción de la colección del Museo de Denver. / Yorley Ruiz

El Museo de Arte Colonial, más conocido históricamente como la Casa de las Aulas, que alberga al Mono de la Pila, primera pila de agua de la ciudad, abrió de nuevo sus puertas al público general desde ayer, después de haber sido cerrado en 2013 para su reestructuración.

Las paredes de este museo guardan la historia del país. Grandes hitos políticos, académicos y religiosos pasaron por allí y la voz de su impacto tiene eco hasta nuestros días. En este lugar tuvieron sede la Universidad Javeriana y la Biblioteca Nacional. Fue la cárcel de Francisco de Paula Santander después de su atentado a Simón Bolívar. Allí, la Asamblea Nacional firmó la Constitución de 1831, se interpretó por primera vez el himno nacional de Colombia y sus habitaciones sirvieron como bodega del Ministerio de Educación Nacional. Allí también, en 1942, se inauguró el Museo Colonial.

“Este claustro es uno de los sitios emblemáticos del centro histórico de Bogotá, y lo digo así, sin lugar a dudas, porque en este centro ha pasado de todo. Toda la historia del país ha pasado por acá".*

Poco después de la llegada de los jesuitas a Santafé, en 1593, el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero comenzó las gestiones para la creación del colegio máximo de la Compañía de Jesús. El diseño arquitectónico estuvo a cargo del religioso italiano Juan Bautista Colucci, de la misma orden. La construcción de este recinto comenzó en 1604 y para 1609 ya estaba terminado todo un complejo de edificaciones que tendrían relación entre sí: la Casa de las Aulas, el Colegio Mayor de San Bartolomé y una parte del templo San Ignacio.

“En el 2013 se cierra el museo para dar paso a un trabajo interdisciplinario para la reconstrucción estructural y para la creación e investigación del nuevo guion curatorial. Fue entonces cuando se le preguntó a la gente: ¿qué piensan, saben y comprenden por época colonial?”.*

Esta edificación se convirtió en 1620 en la primera sede de la Universidad Javeriana, bajo el nombre de Academia Xaveriana. Allí se realizaban grados en artes (filosofía) y teología. Más tarde, desde 1704, comenzó a funcionar la Facultad de Derecho. Toda esta estructura académica varonil funcionó hasta 1767, año en que el rey Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de Santafé.

“Entre las respuestas de la gente a lo que creían que había sido la época colonial se encontró la leyenda negra de la conquista. Decían que eran ‘malos, espantosos españoles, que vinieron aquí a arrasar contra los bellos y puros indígenas’, pero en la realidad, ni los unos eran tan malos, ni los otros eran tan buenos. Aquí había guerras, intereses de poder”.*

Después de esta expulsión, la Casa de las Aulas pasó a ser la bodega donde el fiscal Antonio Moreno y Escandón, encargado de levantar los inventarios y la expropiación de la Compañía, guardaba los bienes de la orden, los cuales pasaron a ser del gobierno virreinal. Más tarde, Antonio Nariño fue declarado presidente titular de Cundinamarca y convirtió la Casa en el cuartel general de sus tropas.

“Decían que la sociedad colonial era piramidal, estratificada. Abajo estaban los esclavizados, luego los indígenas, los blancos pobres, luego la Iglesia, los funcionarios eclesiásticos y los funcionarios de la colonia, el rey y Dios, pero, cuando uno va al Archivo General de la Nación, se da cuenta de que ¡no!, eso no era así. En las casas de los españoles vivían indígenas y afrodescendientes y muchas veces las nanas les daban pecho a los niños blancos. ¡Convivían! La relación entre el blanco español, el afrodescendiente y el indígena era más privada e íntima de lo que nos podemos imaginar”.*

Después de haber sido proclamada la independencia en 1810, y terminado el período de la Patria Boba (1811-1816), fueron borrados todos los escudos españoles que tenía el lugar (1819). Por decreto de Santander se convirtió en la sede de la Biblioteca Nacional (1822), que más tarde se dedicó a contar y catalogar los libros.

“Aseguraban que las ciudades coloniales del mundo andino eran hartas y aburridas, y no pasaba nada, que todo el mundo era rezandero y sólo había campanas. ¡Mentira! Aquí había un desorden impresionante, había relaciones de amoríos por todas partes, el pintor le ayudaba al otro a encontrarse con la monja, como la leyenda de Gregorio Vásquez. Había asesinatos. No era ni tan religiosa, ni tan estancada, ni tan aburrida”. *

Para el año 1839, a causa de la compleja situación política, el país entró en un nuevo período de guerra, en el cual la Casa funcionó como cuartel de reserva de Bogotá, como cárcel de presos políticos y como hospital para los heridos de la capital. Fue apenas en 1843, terminada la etapa de violencia, que este épico lugar pasó a ser sede de las sesiones del Congreso de la República, del despacho judicial y hasta del palacio presidencial.

“La religión contra la Ilustración y contra la ciencia. ¡Mentiras! La figura de un virrey como Antonio Caballero y Góngora, que era arzobispo virrey, que impulsó y patrocinó la Expedición Botánica, dentro de esa ola de ilustración en el siglo XVIII, nos muestra que eso también era un mito”. *

Dentro de la antigua Capilla de los Indios fue proclamada la Constitución de 1886. El año siguiente fue escuchado por vez primera el himno nacional de Colombia. Más tarde dejó de ser sede de la Biblioteca Nacional y pasó a albergar el Ministerio de Educación, hasta que por decreto del entonces presidente de la República, Eduardo Santos, el 6 de agosto de 1942 se inauguró el Museo de Arte Colonial.

*Constanza Toquica, directora del Museo Colonial.

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