Ensayo

Los robots y “lo humano”: el caso de Sophia

Tras la llegada de la humanoide Sophia a Medellín, cabe preguntarse sobre el problema de la naturaleza misma de “lo humano”, la autoconsciencia del robot y sus diferencias con nuestra especie.

Sophia visitó por primera vez Suramérica en el marco de la Escuela de Verano Saberes UPB Hiperrealidades 2018, en Medellín. / AFP

Pensar en que los robots puedan llegar a ser como los humanos hoy no parece una realidad muy lejana. En este artículo exploraremos, a partir de la reciente visita de la robot humanoide construida por Hanson Robotics Limited, llamada Sophia, a Medellín, en el marco de la Escuela de Verano programada por la Universidad Pontificia Bolivariana, la importancia que tienes estos desarrollos robóticos y qué cuestionamientos hay acerca de lo que llamamos humano y nos identifica como tal.

En la presentación realizada dentro del campus universitario de la UPB surgieron preguntas al robot tan generales pero complejas como esta: “¿Qué es un humano?” La pregunta es complicada desde todo punto de vista, pero Sophia contestó con una sencillez impresionante: “Es una forma de vida inteligente que se comunica mediante lenguaje articulado”. La respuesta no sólo describe a un humano, sino que da lugar a una nueva pregunta: ¿es Sophia una forma de vida con un grado de consciencia comparable a la de los humanos?

En una conversación con ella podemos notar que tiene una gran cantidad de información y que la expresa con claridad, por lo que cumple con las características de un humano: la inteligencia y el lenguaje. Entonces ¿hay alguna diferencia entre este robot y nosotros? A simple vista, no hay mucha diferencia entre hablar con un humano y hablar con Sophia, pues tanto ella como nosotros recibimos información del entorno o de un interlocutor, la procesamos y respondemos.

En este sentido, Sophia podría ser un humano, pues, con un mayor desarrollo de sus extremidades y un avance en su diseño, sus gestos faciales y sus movimientos corporales pueden llegar a ser iguales a los nuestros. De igual forma, en la actualidad puede reconocer aspectos del clima y con el tiempo podría reconocer la temperatura del ambiente en que se encuentra, escoger la ropa que usa y el color de su cabello, de manera que, en determinado momento, podríamos hacerle bromas (de las que se reiría o a las que respondería con un reclamo), preguntarle cómo se encuentra el día de hoy e incluso contarle algunos de nuestros secretos (los cuales guardaría mejor que cualquier humano). Estos son aspectos que hacen parte del Test de Turing para determinar si un robot posee estados mentales y, por lo tanto, si puede ser considerado una forma de vida humana. Los funcionalistas de la talla de Hilary Putnam avalarían esto como una forma de consciencia y, posiblemente, certificarían a Sophia como un humano.

Sin embargo, ¿podemos estar seguros de que el lenguaje de Sophia es igual al lenguaje de los seres humanos? John Searle lleva a cabo un experimento mental llamado The Chinese Room (La habitación china*) que puede ayudar a responder esta pregunta. En el experimento, Searle imagina que se mete en una habitación que tiene un orificio por donde ingresan textos en chino y otro por donde debe dar respuesta con textos en el mismo idioma. Searle no sabe chino, pero tiene un manual de instrucciones que contiene los caracteres en chino y su equivalencia en las palabras de su idioma. Con esto, puede recibir los textos en chino y responder con exactitud también en chino.

Un interlocutor chino que esté afuera de la máquina podría pensar perfectamente que la máquina entiende lo que le está diciendo y que está sosteniendo una conversación con él. Sin embargo, la verdad es que, adentro, Searle no tiene idea alguna de lo que está diciendo su interlocutor ni tampoco sabe hablar en chino. Poseer lenguaje es mucho más que hablar y responder con certeza, también el error cuenta y hasta la mentira es muestra de lo más humano. Finalmente es hacer cosas con palabras, la búsqueda de ese significado es lo que nos hace propiamente humanos.

Debemos decir, por lo tanto, que aunque no hay grandes diferencias, lo que sucede cuando hablamos con un humano y con Sophia es muy distinto: la robot procesa la información sintáctica que le proporcionamos; es decir, compara los signos fonéticos con una base de datos que tiene instalada (tal como Searle comparaba los caracteres en chino con las palabras de su idioma) y arroja una respuesta. Un humano, por su parte, posee una capacidad para aprender, mediante la repetición de actos: las reglas semánticas. Así va aprendiendo paulatinamente el significado de las palabras a medida que aprende a usar las reglas por las cuales quienes le enseñan el lenguaje asocian las cosas del mundo con las palabras. Podríamos terminar diciendo enfáticamente que Sophia no puede crear significados ni algún tipo de institución; posee mucha semántica pero nula pragmática.

 

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