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"Loving Vincent": óleos en la gran pantalla

Las cartas que Vincent van Gogh le escribió a su hermano Theo fueron la inspiración de “Loving Vincent”, el primer largometraje pintado al óleo.

Vincent Van Gogh, su estilo, su gesto, según su propia versión. / Cortesía

Una carta. Un hombre con la responsabilidad de encontrar a Theo van Gogh y entregársela. En el camino, cientos de personas que conocieron al principal exponente del impresionismo y quienes, así como reconocían sus habilidades artísticas, también lo tildaban de extraño, de loco.

En Loving Vincent, Armand Roulin, hijo del cartero de Vincent van Gogh y personaje de uno de los tantos retratos del artista, tiene la misión de entregarle la última carta a Theo un año después de la muerte de Vincent. En su búsqueda se entera de que la depresión y una enfermedad lo llevaron a la muerte seis meses después que a su hermano.

Con esta noticia se dirige a Auvers-sur-Oise, localidad cercana a París donde Vincent pasó los últimos meses, con el objetivo de encontrar al doctor Paul Gachet, pintor aficionado que se ofreció a cuidar del artista durante su estadía allí. Finalmente, la carta será llevada a su nuevo destinatario, la esposa de Theo.

La película, escrita y dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, más allá de ser un homenaje a las obras maestras del pintor, es un relato que se construye a partir de la realidad y la ficción de la historia de un hombre que quiso hablar a través de sus cuadros.

Autorretratos, retratos como El doctor Gachet y su hija Marguerite y paisajes como El dormitorio de Arlés, Terraza de café por la noche, El cielo estrellado, Campo de trigo con cipreses y Trigal con cuervos, representan lo que fueron sus pensamientos y deseos ante la vida.

Antes de pintar, Vincent van Gogh intentó unirse al negocio de arte de su tío, pero fue expulsado; trató de trabajar con su padre en el templo, pero los exámenes de admisión fueron muy difíciles y apenas llegó a ser un misionero de bajo rango. Todo lo que intentó le fue esquivo.

Hasta que un día Theo lo animó a luchar por sí mismo. A los 28 años encontró en la pintura la salvación para su ser desesperado. Diariamente llegó a dedicar ocho horas a retratar lo que veía, mientras que en las noches escribía cartas y leía grandes libros. Su dedicación le permitió realizar en apenas nueve años más de 800 obras, aunque sólo una fuera vendida.

“¿Quién soy yo en los ojos de los demás? Nadie. Un fantasma, alguien desagradable. Alguien que no tiene, ni tendrá, algún lugar en la sociedad. En pocas palabras, lo más bajo de lo bajo. Bueno, pues, aunque eso sea la absoluta verdad, algún día quiero mostrar, por mi trabajo, lo que este nadie, este fantasma, tiene en su corazón”, escribió en una de sus cartas.

Esos cientos de cartas que la esposa de Theo fue recolectando se convirtieron en la inspiración de la primera película pintada completamente al óleo. Durante siete años, Kobiela y Welchman se dedicaron a crear un largometraje bajo la técnica de animación stop-motion.

Fueron 125 artistas los encargados de replicar las pinceladas de Van Gogh para crear los 62.450 fotogramas en los que aparecen varios protagonistas de sus obras y de la película, como el doctor Gachet, Louise Chevalier, Joseph Roulin, Adeline Ravoux y Marguerite Gachet.

La vida de Vincent van Gogh se resume en sus dibujos y pinturas. Su muerte en una crisis de depresión que lo llevó a dispararse en el pecho a los 37 años y agonizar por dos días en la pensión Ravoux.

“En la vida de un pintor, la muerte quizá no es lo más difícil. Declaro que no sé nada al respecto. Pero ver las estrellas siempre me hace soñar. ¿Por qué, me pregunto, los puntos de luz del firmamento son inaccesibles para nosotros? ¿Quizá podamos llevar la muerte hacia una estrella? Morir en paz de viejo sería llegar allá a pie”, escribió.