Meninas frente al espejo

Luis Luna en el universo cuántico

El “Jardín de los senderos que se bifurcan” es la exposición del artista Luis Luna que actualmente se presenta en Cero Galería.

En las tres imágenes de esta página, algunas de las obras de Luis Luna. / Cortesía

El artista toma como referente el cuento de Jorge Luis Borges para conducirnos por sus universos paralelos. Al igual que en el texto, su muestra nos lleva a descubrir caminos que se ramifican, donde alternan varias posibilidades para recorrerlos. Cualquier ruta que tomemos se conectará con la otra. Es decir que sin importar el trayecto que elijamos, hallaremos la intertextualidad y el sentido de las obras, y a lo mejor podamos descubrir el laberinto que plantea Luna. De manera simultánea, este Jardín nos abre varias puertas para entrar en las derivaciones conceptuales y técnicas por medio del dibujo, la pintura, el collage y la fotografía, pues el artista se pasea por ellas sin problema alguno y las combina a su gusto.

El Jardín nos invita a emprender un viaje, el cual es una constante en su vida y en su obra. Nos estimula a entablar desplazamientos físicos, espirituales, mágicos y mentales que son generadores de correlaciones entre los distintos niveles que estructuran sus universos. Mediante un proceso de pensamiento convergente conecta imágenes, conceptos, relatos, viajes y su propia vida que se despliega en su trabajo. Nos invita a participar en una serie de constelaciones, a modo de un rizoma infinito, en el que el tiempo no existe y el espacio se expande. Nos habla de un pensamiento conectado por siglos y es cercano al pensamiento de Paolo Bianchi, con su teoría del multiculturalismo y nomadismo cultural. Como parte de las narrativas en las que discurren sus obras, Luna afirma: “Mi trabajo ha sido basado en procesos continuos ininterrumpidos donde los temas se entrelazan. La Caridad del Cobre, los viajeros de la Nueva Granada, el Apocalipsis de San Juan ilustrado por Durero, creando una red de imágenes que saco al azar y entrelazo en distintos momentos. Hay un gusto por el bricolaje de entrecruzar contenidos, por ejemplo, símbolos precolombinos y alquímicos, temas goyescos e ilustraciones de la época de la Independencia, imágenes cabalísticas y nombres de ciudades, que se vuelven un disparador de ideas, asociaciones”.

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En su exposición actual, Luna nos presenta una serie de confluencias en el espacio y en el tiempo, como por ejemplo una escena de una plaza de mercado que se hibrida con una representación de un cielo de secuencia del génesis del médico alquimista del Renacimiento. En la fascinante pintura titulada Brana fusiona el concepto de la creación del universo que toma de la teoría de cuerdas de la física Lisa Randall, especializada en partículas y cosmología, para tratar de hallar el funcionamiento íntimo del universo, con las fotografías del universo que ha tomado el telescopio Hubble.

Luego Luna las combina con textos herméticos de Hermes Trismegisto que discuten si esta teoría es un acercamiento a las escritas en la antigüedad. La existencia de esos textos se estima antes de la época de los faraones en Egipto y en ellos se encuentran los siete principios descritos en uno de sus libros, el Kybalión, que pueden anteceder miles de años a la física cuántica actual. El resultado de este diálogo es una imagen de ensoñación donde se une el pasado con el presente, en un entramado complejo de pensamiento y de tiempos. La muestra invoca un pensamiento que requiere que el espectador se detenga más allá de una lectura rápida de las obras.

En la muestra de Luna, las bifurcaciones están conectadas por medio de los hallazgos y pistas que encontramos en los caminos. Imágenes de la historia del arte y frases de la física cuántica convergen en una obra que se encuentra en el camino de la derecha, donde aparece la imagen de la Aguadora, del pintor colombiano José Manuel Groot, un animal mitológico y un fragmento de un poema de Federico García Lorca.

Si tomamos a la izquierda, en la ruta se halla una pintura que contiene una referencia al libro El mundo de los muertos o existen otras posibilidades donde la palabra, las frases, los materiales empleados pueden conducirnos a una lectura que el artista ha tejido con filigrana. En la exposición también descubrimos unas láminas simulando un libro, donde se leen palabras luna marfil / orbe / saeta /, es como si estas palabras aleatorias nos invitaran a cruzar el espejo y descifrar el enigma. Lo importante es encontrar las intersecciones que muchas veces nos dejan en la incertidumbre, así sigue abierta la posibilidad de que otra vía nos dará respuestas o realizará una interferencia en nuestras vidas. En otras alternativas podemos enriquecer la obra con nuevas miradas y lecturas.

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Luna está inmerso en el estudio de los planteamientos de la física cuántica, teoría en la que es posible que podamos viajar a través del tiempo, atravesar paredes, estar en el mismo sitio en el mismo instante, en que nuestra comunicación puede ser telepática. Desde su aproximación a estos planteamientos el artista se acerca al jardín de Borges: “Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos”. En uno de esos tiempos tal vez podemos encontrar y sentir ese Aleph que buscan los artistas y alquimistas. El artista explora redes que cuestionan las casualidades y dan paso a las sincronías que revelan los cientos de conexiones que pueden ocurrir en un segundo en el universo.

Con todo el bagaje intelectual, la sabiduría e interdisciplinariedad, la expansión del arte, y con una trayectoria en la que Luna ha trabajado por más tres décadas ininterrumpidamente, podemos afirmar que el viaje está implícito en su ADN, lo que hace que su obra se vuelque hacia lo ambivalente, lo desconocido, lo por llegar. Luna nos lleva por trayectos, no solo hacia lugares físicos, sino también hacia un conocimiento intangible. Su práctica deviene en el viaje, logra crear poéticas y metáforas de diversos acontecimientos en donde se encuentran de manera tácita unos recorridos imaginarios, reales, de cruce de tiempos, de mezcla de técnicas. En sus viajes se comprueba que el Sol y las estrellas están hechos de la misma materia que la Tierra. Por medio de la conexión del arte con otras disciplinas, ¿el espectador transita la obra y se adentra en las teorías del origen y la interconexión de las partículas? El universo que deja de ser esa gran máquina con un funcionamiento específico, como lo plantearon algunos científicos, para pasar a algo indeterminado en los tiempos de lo cuántico.

Luna está ligado a una tradición artística diversa, como él mismo lo manifiesta. Entre los artistas que lo han marcado se encuentran el Bosco, Francisco de Goya y Kurt Schwitters. Con este último ligó su práctica para realizar la Catedral, donde cada día él y otros artistas hacían una intervención en la instalación. Entre los filósofos más influyentes en su obra está Wittgenstein, de quien admira la incertidumbre como paradoja que surgió después de terminar su Tractatus logico-philosophicus, libro en el que pretende explicar el funcionamiento de la lógica y que lo llevó a cuestionarlo, pues las estructuras no siempre se rigen a partir de esta. Además le apasiona la lectura de libros herméticos y la espiritualidad persa. De la mano de escritores que lo han acompañado en su trayectoria, como Borges, Luna atraviesa estas fuentes, las combina, las interpreta, las manipula, crea sus propias versiones con la libertad y erudición con las que juega. Sus vivencias en los viajes, su familia, el taller en Villa de Leyva, la filosofía y la literatura tejen su obra. Sus mundos son impredecibles, profundos, sorprendentes y con su trabajo comparte y nos invita a vivir en cada uno de ellos, en los físicos, virtuales o en realidades aumentadas, como lo viene trabajando en una de sus series.

El artista abre los cerrojos, cruza el tiempo, su imaginación se desborda con los relatos, diagramas alquímicos, mapas de rutas, teorías del universo. Su afinidad con los planteamientos de la física cuántica lo lleva a explorar universos donde todo es posible, todo puede convivir y todo se conecta. En su Jardín congrega, multiplica la imagen, la invierte, la agranda o la disminuye como si estuviera en un espejo, modula diversas prácticas artísticas para trascender lo particular y hacer habitables los espacios circundantes, incluso por un instante.

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María Elvira Ardila

Cultura

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