Luto: ojos que reinventan el cómic colombiano

El trabajo del historietista caleño Luto es exigente y juguetón, un conjuro contra el cansancio de las formas y la ingenuidad en el lenguaje. A propósito de “Viñetero”, su nuevo libro, una conversación con el autor y su mundo.

Luto, fanzinero y artista gráfico caleño, nacido en 1987. / Fotografía por Margarita Tobón

Entre pájaros —con círculos y colores que bajan, suben, rodean y flotan— se leen en portada las letras de la palabra Viñetero, el título del primer libro de cómics del historietista, fanzinero y artista gráfico Luto (Luis Eduardo Tobón. Cali, 1987).

La palabra es esquiva. Está ahí, eso es evidente, pero trae con ella la intención de perderse entre un cierto caos, entre la confusión. Aun así, sabemos que no podría hacerlo, no podría huir de la mirada de un lector juicioso del cómic o de un curioso que se acerque a confirmar qué es lo que dice la portada de ese libro de un tono amarillo desconocido, porque ha sido planeada de esa forma desde antes, concebida para confundir, pensada para dar certezas al lector que preste atención, que se detenga, que se quede en el color, en las figuras, en los pájaros. Nada está hecho al azar, todo comunica, habla, grita. El autor ha creado un juego del lenguaje que nadie ganará, ni siquiera él mismo. De un experimento tan riesgoso no saldrá ninguno invicto. El autor habrá aprendido, el lector habrá conocido y el cómic habrá sido transformado. Todos cambiados por siempre.

Lo de Luto en Viñetero gira alrededor del oficio del historietista: las luchas con el cómic, con el público que hay en Colombia; con la creación, que es un parto doloroso. Y la pugna que el autor hace en este libro no surge de la nada: su trabajo ha sido crítico desde el principio, en él ha hecho público su criterio y sus convicciones. Empezó en el 2004 con Carefuckyou, tal vez su personaje más popular. Un cuerpo de hombre con cabeza en forma de una mano que tiene el dedo del medio levantado, expresando el insulto que le da nombre, es la figura más crítica e inconforme que el autor ha creado. Con este personaje habla de temas políticos nacionales, se queja de cualquier cosa que vea en la calle e insulta, insulta por su propio bien. “Luto no se compromete con ninguna idea ajena a su propia convicción y eso es bastante bueno, mucho más aquí, donde bien sea por miedo o conveniencia no se dice lo que se piensa, pero él sí lo hace, no se corta ni se censura”, cuenta Marco Noreña, historietista y amigo del autor.

Viñetero abre con un cómic de personajes que ilustran algunos estereotipos de los que hace mofa: el empleado infeliz, el exsoldado, la mujer llena de cirugías, la madre adolescente, el empresario tramposo y, para coronar el grupo de los exiliados, el historietista. En esta primera página empieza y termina el formato tradicional del cómic. Lo demás es una experimentación ambiciosa de su lenguaje, la exaltación de eso que lo compone: el globo de diálogo, la onomatopeya, la viñeta. Es una abstracción de esos mismos recursos, el olvido de las reglas, la desobediencia, el desahogo, el delirio. “Todo obedece a un interés personal y profesional, un interés por el oficio. Una de las cosas que me llama la atención es cómo el lenguaje de la historieta se puede explotar, no es que esté en contra del lenguaje tradicional, sino que me interesa también entender cómo esos mismos elementos tradicionales se pueden usar para experimentar, para contar cosas más abstractas. Eso me gusta mucho. Viñetero es una serie de historietas que van en una búsqueda de lo que se puede lograr con este lenguaje”, dice Luto.

El Museo La Tertulia fue el lugar donde Luto tuvo la oportunidad de presentar su proyecto ganador de las Becas Estímulos Cali 2015, que consistió en hacer unos sellos en borradores de nata. Les grabó diferentes escenas y personajes con un equisacto (una clase de bisturí más delgado y preciso) y los llenó de tinta de sello. Otra mirada para explorar no solo el lenguaje, sino también la forma de producirlo, de imprimirlo, de hacerlo físico: “Entre esa producción hice varias cosas. Yo jugaba con distintos ejes temáticos, cogía personajes o cosas que yo encontraba dentro de mi entorno, lo que veía alrededor. También intenté hacer pequeñas historietas en los sellos: hice unos con globos de diálogo o nubarrones de cuando hay una pelea o cosas así. Jugaba con las opciones de color que vos encontrás en las tintas de sello”, cuenta Luto.

Alejandro Martín, curador del Museo La Tertulia, habla de los cómics en Viñetero: “Su trabajo se ha basado siempre en entender muy bien el lenguaje del cómic, él es un experto en esos guiños. Para Viñetero se concentró más en trabajar con todos los elementos del cómic y de ahí sale el libro: de un montón de experimentaciones. Lo que logra es muy chévere, uno empieza a pensar que es muy frío y difícil cuando lo abre, pero él hace que sea juguetón y divertido y que involucre al lector”.

El personaje que guía la narración de las historietas en Viñetero nació en el 2011 para un proyecto de un colectivo de historietistas llamado As.Co (Asociación de comiqueros). El proyecto se llamaba “Historietas del bajo mundo” y la idea era escoger a un grupo de dibujantes experimentados para que recorrieran el Pacífico buscando jóvenes dibujantes, mientras llevaban una bitácora del recorrido y la experiencia. Luto fue invitado y durante el viaje surgió este personaje medio pájaro, medio humano, medio globo de diálogo, que desde el principio narra la situación del cómic en Colombia. El libro termina siendo la recopilación de cuatro años de trabajo y es publicado gracias a las Becas Estímulos Cali 2017, de la Alcaldía de Cali: “El material se fue acumulando hasta que se me presentó la beca. Yo busqué entre mi cosas y encontré que el único que valía la pena publicar era este, entonces lo que hice fue recoger todas estas historietas y ponerlas junto a la experimentación con colores que hay en la mitad del libro”, dice Tobón.

La mitad del libro la marca el anexo que el autor quiso incluir y que se llama Kumis. En esta parte los contenidos se vuelven mucho más densos, casi incomprensibles: el autor explota el color, lo vuelve figura, combina esto con el collage, con la ilustración, con algunas letras —no muchas— y con todo esto sigue queriendo hablar del cómic, de eso que ha movido su vida y lo ha puesto en la escena artística alternativa de su ciudad: “La parte de color, esa sí es una experimentación de otros niveles: ahí no hay necesariamente una lectura, un sentido que yo dé estrictamente y a la que el lector tenga que llegar o se tenga que apegar. Digamos que es casi una orgía gráfica. Yo lo que hago es dar un grafismo interactivo del que se pueden leer mil cosas, ahí no hay necesariamente una idea que se deba leer, a diferencia del resto del libro en donde hay una idea más clara”, cuenta el autor.

Antes del anexo, de esta orgía gráfica que nos invita a participar, nos repele, nos cuestiona, Luto hace una aclaración: en este libro escucharás sonidos, verás movimientos, sentirás golpes, pero en realidad no estás más que viendo dibujos. Previniendo al lector, pidiéndole que tenga cuidado, que no se fíe de su propia interpretación, aunque esta —como todas las otras— puede ser la correcta.

El estilo de Luto en este proyecto es atrevido, pero no está vedado para los colombianos. De hecho, sus ansias por hurgar entre el mundo del cómic, desenmarañar ese lenguaje tan directo y engañoso, lo han puesto en el mapa artístico de su ciudad. La primera hibridación que quiso hacer fue entre el cómic y el cine, con un proyecto que se llamó Videódromo, en el que proyectaba películas viejas, entregaba fanzines que incluían la programación, la reseña de la película y una editorial, y diseñaba un afiche. Todo esto fue acercando a los jóvenes caleños al cómic de una manera más amena. También están otros proyectos, como el cómic ROK & RON, o el Pandebono Hardcore, que es un fanzine que apenas lleva tres versiones y para el que ha invitado a varios personajes que están en las escena del rock valluno, al igual que a artistas gráficos y escritores que le han aportado imágenes y cuentos, y hasta a amigos que tienen recetas de cocina con nombres alusivos al rock.

Pero sobre las quejas, inconformidades, dolores con el oficio y demás temas, Cali prevalece: “Mirá, yo creo que de Cali hay mucho en mi trabajo. No tanto como de jugar al cliché, no voy a poner a Carefuckyou a decir ‘mirá, ve’. Sino más con lo cotidiano, todo lo que yo veo, la gente que yo veo en el supermercado, la utilizo a la hora de dibujar. Si te fijás yo intento dibujar a todo el mundo distinto. Cuando hay escenas con gente al fondo o en exteriores yo dibujo caras distintas. Los detalles de los postes en la calle, los andenes, la basura en la calle, los grafitis, el edificio, todo está ahí, todo lo veo en Cali. En Viñetero, por ejemplo, me refiero mucho a la fauna de mi ciudad, a sus pájaros”, dice Luto.

Viñetero es un juego inocente y peligroso, despreocupado y calculado que se acerca al público con humor, crítica y reflexión. Una experimentación difícil entre el lenguaje del cómic, sus recursos y la vida que conoce su autor: la caleña. Una combinación compleja, rara para nosotros, y es que este es el verdadero oficio del artista: descolocar los elementos, abusar de los guiños, engañar, convencer, dejarlo todo como no estaba.

Para conocer más de Luto: lutocorps.blogspot.com.co.