Construir desde el respeto

Muchos momentos en uno

La temporada de “Solo un Momento” será la oportunidad para espiar y vivir desde la intimidad de un diario femenino.

"Solo un momento" transforma la intimidad femenina en un objeto creativo universal. / Cortesía Jorge Velásquez

Una mujer que ingresa al escenario y está en blanco, sin construir, sin rostro y se va dibujando desde ese estereotipo que ha creado la sociedad, uno que limita con el maquillaje y la forma de cómo quiere verla el entorno. Así es el inicio de “Solo un momento”, una obra interpretada por la actriz Andrea Quejuán, dirigida por César “Coco” Badillo y que tras algunas funciones en Colombia, tendrá su primera temporada en La Sala durante el mes de marzo. Desde la perspectiva técnica este monólogo-performance está construido desde una visión femenina muy personal donde los espectadores podrán identificar a una mujer en muchas y a todas las mujeres en una.

En palabras de Quejuán: “Solo Un Momento es la vida, un instante con muchos momentos para ver. La vida es pasado, presente, futuro y -ese momento- es el ahora, donde el sentimiento que entreteje es el amor. Es el diario de una mujer de veintinueve años donde se cuestiona al amor en diferentes situaciones y se pregunta dónde se encuentra el amor en cada momento de la vida”.

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La complicidad, los sentimientos femeninos a flor de piel y una dupla de trabajo complementario entre actriz y director hicieron posible muchos momentos. La protagonista dice que “las mujeres somos un infinito, no somos una sola cosa. Es bueno que nosotras, las mujeres, hablemos de nosotras mismas como una multiplicidad, en cada situación somos una mujer diferente. Son historias que también llegan a los hombres, porque se habla de parejas, de relaciones, los hombres están identificados ahí porque a ellos también les ha tocado vivir muchas de esas situaciones”.

Para entender cómo un hombre dirige una obra contada desde lo femenino, Badillo lo explica a su manera: “Fue una experiencia bien interesante en cuanto al material femenino y cómo desde la visión del “macho” se debe respetar eso. Para describir ese universo hay que respetar el universo real; primero el de ella, que es el importante en este caso, y segundo escuchando una sensibilidad femenina que siempre se ha reprimido y también se ha irrespetado. La cultura lo que hace es reprimir esa parte femenina propia, jamás uno la acepta (cuando se habla desde la perspectiva masculina). Así que fue un trabajo de abrir los sentidos, un trabajo que hay que tratar con mucho amor, con apertura y no imponer nada. Ayudé en la estructura y durante las improvisaciones se fue encontrando un juego muy femenino que deriva, pasa de una situación a otra. No hay un solo discurso marcado que sea coherente o racional”.

Coco Badillo se ha caracterizado por sus creaciones colectivas, de ahí que Andrea Quejuán busque a este director y quiera dar vida a su diario personal. “Como sociedad colombiana nos caracterizamos por el método de la creación colectiva. Al igual que la obra somos muchas cosas: artistas, creativos… tendríamos que utilizar más ese aspecto para construir paz, por ejemplo”, enfatiza, al hablar del trabajo que realizó junto con Badillo. De la misma forma que un diario se escribe día a día, este uni-performance se enriquece con cada presentación. Badillo asegura: “Aunque es difícil ahondar en ese universo femenino, desde que haya una necesidad profunda de contar, además de la confianza; logramos un trabajo íntimo creativo donde hay límites y se busca crear un objeto artístico universal. Se habla de una mujer que busca su identidad que se está encontrando y a la vez se diluye en cada momento”.

Interrogar desde diferentes ángulos y posturas establecidas es una de las cualidades más marcadas de este monólogo. Amor, dios, religión, familias locas o descompuestas, sexo y el sin sentido de una guerra en la que cada herido es uno más, pero para las víctimas es uno solo en el corazón.

Desde la combinación de la realidad y la ficción, “Solo un Momento” llega al público con la realidad de una mujer que muestra sus heridas y las convierte en poema gracias a su manera de contar. De forma sutil y delicada como es el mundo femenino, la actriz desnuda su alma y abre su diario para compartirlo con el público. Así, termina involucrando al espectador en situaciones personales que no distan de la universalidad. De un momento a otro el público es actor y empieza a identificar situaciones propias en la intimidad de una mujer que al igual que el resto de las personas y debido a la presión social, muchas veces actúa por obediencia y no por deseo o necesidad.

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Carolina Guatava R [email protected]

Cultura

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