Entre líneas

Necesitamos más historias

No hay una historia, sino múltiples. Relatos de gente común que capturan la honestidad de su experiencia, que desafían la “historia oficial”. Son piezas, hechas de palabras, con las que van armando el origen del mundo, sus costumbres, las hazañas de ciertos hombres y mujeres.

Malala, la joven activista pakistaní, quien dice: “la voz tiene poder”. / Afp

Las palabras nos sobreviven. Trascienden el tiempo y el espacio, las palabras son viajeras por naturaleza. Las palabras no hablan de una sola verdad sino de una mirada, y es así como cada uno de nosotros, con esa mirada única, tiene el don de contar. En qué elegimos contar -un recuerdo, una denuncia, una sensación- y cómo lo contamos existe el poder de transformar una comunidad, una familia o, lo más importante, a nosotros mismos.

Narrando podemos cambiar el mundo. Malala, la joven activista pakistaní, dice: “la voz tiene poder, la gente escucha cuando hablamos; no se trata de combatir el terrorismo con la violencia sino con las palabras”. Al contar nuestra historia otros se sentirán identificados, yo también sufrí, dirán, yo también amé. Se crea un sentido de pertenencia. Podríamos incluso hablar del término “cohesión cultural” a partir de lo que compartimos.

“Es imposible no amar a alguien después de conocer su historia”, leí alguna vez. Una vida que se pone en escena tiene carne y hueso, tiene alma. Es por eso que los personajes, aunque ficticios, nos importan. Por eso sentimos dolor tras la muerte del coronel Aureliano Buendía, por eso entendemos -no justificamos- un poco mejor a Juan Pablo Castel luego de conocer su oscuridad en El Túnel. Experimentamos, por un momento, la diferencia y la similitud en la piel de los otros.

Necesitamos más historias de mujeres y de niños y de zapateros y de campesinos. Necesitamos palabras que nos inspiren, que descubran lo que se oculta en la lejanía de una vereda o en la intimidad de la noche, que recuperen la memoria de un pueblo y de una época, que nos brinden refugio en estos tiempos lluviosos. Asimilaremos mejor la realidad cuando está oculta en la fantasía. La expresión nos hará libres, el poder de la palabra volverá a las personas y dejará de ser exclusiva de unos pocos.

Contemos más, pero contemos mejor. Descreamos, hagamos preguntas, agotemos un tema hasta entender nuestras razones, el porqué de nuestra condición animal y tan poco humana. Cada personaje, de papel o de fibra, tiene algo que lo moviliza, un objetivo dominante.

Hagamos promesas con relatos. Narremos para anticiparnos, puesto que tenemos incertidumbre de lo que viene. Prometamos con imágenes, con poesía, con prosa un giro inesperado: que al despertar el mundo todavía esté allí.

@julianadelaurel

 

 

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