La psicología marca la personalidad de sus novelas y relatos

“Nueva Nobel de Literatura es progresista no mamerta”

El profesor polaco Bogdan Piotrowski, traductor de la anterior Nobel de ese país, Wislawa Szymborska, y decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de La Sabana, explica la importancia de la obra de Olga Tokarczuk.

La obra de Olga Tokarczuk se consigue en español bajo los sellos editoriales Lumen, Siruela, Anagrama y Océano. / EFE

Bogdan Piotrowski es filólogo de la Universidad de Cracovia y doctor en Ciencias Humanas de la Universidad de Varsovia. Vive en Colombia desde hace 40 años cuando vino por una beca de intercambio al Instituto Caro y Cuervo, donde se hizo maestro en literatura hispanoamericana. Es reconocido como traductor al español de la anterior Nobel de Literatura de Polonia, Wislawa Szymborska (1923-2012), de quien publicó el libro La gran dama de la lírica, con 24 de sus poemas. También ha traducido al español al Nobel de Literatura de 1980, Czeslaw Milosz (1911-2004), lituano-polaco, y la obra poética del papa Juan Pablo II, el polaco Karol Wojtyla (1920-2005). Piotrowski es autor, entre otros libros, de la antología Infierno poético de Polonia. Desde 2016 la Academia Colombiana de la Lengua lo eligió como miembro de número y actualmente es decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de La Sabana. Explica la importancia de la obra de su compatriota polaca Olga Tokarczuk, elegida el jueves pasado como Premio Nobel de Literatura 2018, galardón que la Academia Sueca había aplazado y que fue anunciado junto con el de 2019, que recayó en el austriaco Peter Handke.

(Más: Las traducciones de Piotrowski sobre Szymborska).

¿Cómo define literariamente a Olga Tokarczuk, autora de ocho novelas y tres libros de relatos y ya traducida a treinta idiomas?

Es una escritora que tiene muchos lectores que la admiran y otros que la critican y la cuestionan. Las lecturas de sus libros no permiten ser neutral frente a las ideas que expresa. Representa las tendencias relacionadas con la globalización y el multiculturalismo, en el sentido más amplio.

Se habla de ella como activista feminista y opositora al gobierno de derecha de Polonia. ¿Eso se capta en su escritura?

Algunos la tildan—como lo dirían los colombianos— de mamerta. No sé hasta qué punto. Sí puedo afirmar que asume posiciones de progresista.

Teniendo en cuenta eso. ¿Qué aspectos destaca de su obra?

El cuestionamiento de la tradición y la rebeldía son rasgos muy presentes. En sus declaraciones políticas reafirma las ideas relacionadas a menudo con lo políticamente correcto. Estos rasgos se reflejan, naturalmente en su creación. (Más: Los ganadores de los Nobeles 2019).

¿La ha traducido al español?

No. Pero traducirla sería una gran oportunidad para poder divulgar la cultura de Polonia.

¿Qué diferencias o coincidencias puede tener ella frente a la poeta Wislawa Szymborska, la primera Nobel polaca en 1996 y quien tuvo una etapa inicial llamada “la estética del realismo socialista”?

Pertenecen a otras generaciones y revelan otras experiencias socioculturales. Sin embargo, ambas están inmersas en la tradición literaria y cultural. Las dos ahondan en los anchos ríos del humanismo polaco que ofrece muchas corrientes. Al nadar, se alejan y se acercan.

¿Qué educación hay en Polonia que genera tan excelentes escritores como Anna Kamienska, Miron Bialoszewski, Tadeusz Rózewicz y Zbigniew Herbert, los dos últimos también candidatos al Nobel?

Nuestra cultura tiene más de mil años y, desde el Renacimiento, como en otros países europeos, se cultiva el polaco. Desde esa época tenemos al escritor Nicolás Rey, como padre de la lengua polaca y a Jan Kochanowski, como poeta nacional. La literatura ejerce un papel consolidador y de concientización de la nación y conviene recordar que en el Romanticismo surgieron cuatro poetas nacionales: Adam Mickiewicz, Juliusz Slowacki, Zygmunt Krasinski y Cyprian Kamil Norwid. Es preciso recordar que, además de estas dos grandes escritoras, recibieron el Nobel de literatura cuatro polacos más: Henryk Sienkiewicz, Ladislao Reymont, Czeslaw Milosz e Isaac Bashevis Singer quien escribía en yiddish (idioma de la cultura judía).

El jurado del Nobel destacó de Olga Tokarczuk la “imaginación narrativa que representa, con pasión enciclopédica, el cruce de fronteras como una forma de vida”. ¿Qué significa eso para los lectores que no la conocemos?

Por un lado, es una autora trasgresora y prefiere penetrar en los espacios culturales de controversia y, por el otro, testimonia estudios concienzudos, investigaciones sociales e históricas que dan peso a su obra.

¿Por qué se le atribuye un estilo como de “realismo mágico eslavo”? ¿Tiene coincidencias con García Márquez?

Su taller de escritura es también de gran solvencia y, en algunos aspectos, la obra de ambos revela similitudes en la construcción de la cosmovisión. Sin embargo, en la lectura se percibe que la narrativa de Tokarczuk pertenece a otra tradición literaria.

Sí, más contemporánea. ¿Cuál es la visión de ella de la Polonia del siglo XX versus la del siglo XXI?

Tokarczuk aspira no solamente cuestionar la identidad nacional y de las personas que se sienten patriotas, sino promover el proyecto de las nuevas comunidades. Busca cómo romper con las costumbres y hasta cuestiona las leyes en esta tendencia de apertura sin límites, tan de moda actualmente.

Ella nació en 1962 en Sulechów, un pueblo de la región de Silesia. ¿Qué tipo de raíces implica eso? Ahora vive en las montañas de Wroclaw. ¿Cómo es esa región y por qué la preferirá?

Su pequeño pueblo de origen cuenta apenas con 17 mil habitantes y queda cerca de la frontera con Alemania. Recordemos que estos territorios regresaron a Polonia después de la II Guerra Mundial y fueron poblados mayoritariamente por los habitantes de los antiguos terrenos polacos del Este que ahora pertenecen a Ucrania. El mismo apellido de la Nobel indica sus raíces polacas-ucranianas. Si bien es cierto que el pueblo tiene raíces medievales, su historia recuerda que su pertenencia oscilaba, según la época, de Polonia o de Alemania. Tokarczuk, en este sentido, es víctima de la falta de la verdadera identidad y esto se refleja en su obra.

Con esa ambigüedad, ¿qué importancia le atribuye como autora al hecho de que sea psicóloga?

Sus estudios de psicología le facilitan la observación de las personas y de la sociedad. Le brindan las herramientas que aprovecha exitosamente en sus narraciones y que le permiten crear personajes literarios más complejos. Lo podemos valorar en, quizás, su obra más importante, Los libros de Jacob.

¿De qué trata y por qué la resalta?

Esta novela monumental recurre al personaje de Jacobo Frank, quien en siglo XVIII se autoproclama mesías judío, pero que despliega los destinos de las personas, de las familias y hasta de las naciones. Es una obra fundamentada en hechos históricos, pero con las aspiraciones que caracterizan la tendencia de la nueva novela histórica. Denuncia las hipocresías y traumas sociales y cuestiona la capacidad de la veracidad del lenguaje y, sobre todo, relativiza el discurso histórico.

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Nelson Fredy Padilla

Cultura

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