Por: Manuel Drezner
El arte y la cultura

Otra versión de Woyzeck

Una de las obras más representadas de todo el teatro alemán fue el fruto de un dramaturgo que murió de 23 años. Se trata de Woyzeck, de George Buchner, la cual está llena de novedosos conceptos dramáticos y que es considerada como precursora del teatro moderno, en especial el expresionista. El director colombiano Jimmy Rangel ha llevado a la escena del Colón una versión propia de esta obra maestra, pero antes de seguir adelante hay que advertir que la pieza original de Buchner solo asoma ocasionalmente, ya que el concepto de Rangel se desvía en mucho del concepto del creador.

En el texto original se describe a un soldado que es llevado a la locura y al crimen por experimentos científicos, donde por ejemplo solo puede comer garbanzos por varias semanas, y además por los celos. Simbólicamente Buchner quiso describir a un hombre que quiere escapar de las humillaciones y el abuso de la sociedad en la que vive. Lo anterior implica que el personaje de Woyzeck, si bien tiene alucinaciones desde el principio de la obra, va siendo llevado a la locura por lo que lo rodea. Hay tres personajes contrastados que contribuyen a la enajenación mental del hombre, su capitán, el médico que hace los experimentos y el tambor mayor de la banda del ejército que seduce a la mujer de Woyzeck. Aquí hay una inexplicable desviación del original, pues el tambor mayor desaparece y es combinado en uno solo con el capitán. Como este es representante de una moral rígida y que no perdona (“los pobres no pueden tener moral”, dice) y el tambor mayor es la fuerza bruta, al no tener esos personajes separados, se elimina una de las motivaciones de Woyzeck.

Por otra parte, el montaje introdujo una cantidad de personajes mudos que ayudan a un montaje muy efectista, pero que distrae de la fuerza que tiene el original. En el momento en el que, lleno de celos, Woyzeck asesina a su mujer, ese asesinato se hace no en la soledad de la orilla del río, sino en medio de una multitud. Igualmente hay una cantidad de juegos de agua, que anegan a los personajes, y que igualmente ayudan a la espectacularidad, pero que no veo que agreguen mucho a la comprensión de la pieza. Hay que agregar que se trata de algo con sonido de gran volumen, con golpes de bombo, muy efectivos en su primera aparición, pero que se vuelven molestos al ser repetidos una y otra vez.

Se trata entonces de un montaje que busca más que la fidelidad a la obra, lo espectacular (y hay que decir que lo logra), pero que debe verse únicamente si no se espera conocer una obra maestra de la dramaturgia universal.

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