Para después

Después habrá tiempo para los ideales, aquellos que reposan en libretas empolvadas, aquellos que escribiste con la firmeza del deseo y el desespero del novato.

Archivo particular

Aquellos que sonaron demasiado románticos porque la valentía se negó a arriesgarse, aquellos que llegaron antes de que estuvieras preparado. Después tomarás la decisión de revolucionar tu vida; la tuya y la de nadie más, con la osadía, el coraje y la intrepidez que requiere cualquier revolución; siendo ésta la más significativa y urgente. Vas a luchar, por fin, sin uniforme, sin máscaras, sin antifaces, sin armaduras ni artilugios por lo que te prometiste aquella noche en la que renunciaste a todo, menos a lo que eras.

Después escribirás tu obra, tu historia, tu lucha, como si se tratase de una epifanía ineludible, como si se tratase del talento que les imploraste a los dioses y que ellos, en su eterna compasión, te otorgaron. Lo harás de tal manera que todo alrededor parecerá desvanecerse, lo harás con tal vehemencia que el tiempo no se envolverá en excusas pueriles. Después te dejarás llevar por tus instintos, por el deseo, por la piel, por la colección de besos que sí anhelas y no por los que reemplazaste en su lugar.

Después te permitirás llorar desconsoladamente, convencido de que todos los mares caben en tus lágrimas. Llorarás por todas las noches en las que te creíste tus propias farsas. Llorarás porque de vez en vez fallabas y te obligabas a permanecer en un estado de hipnosis que llamaste sueño profundo. Llorarás por corregir tu sensibilidad.

Te dejarás aconsejar por aquellos que gestaron la grandeza. Por Beethoven, que en medio del caos, del alcohol de su padre y de su sordera, avanzó hacia la música hasta abrazarse con ella. Por Bach, que supo reclamarle a Dios por la muerte de todos sus seres queridos a través de sinfonías magistrales. Después le harás caso a Bukowski y dejarás que aquello que te asfixia con gracia despiadada lo haga. Tomarás el café despacio, sin que el alba apremie. Después sortearás tus decisiones, tratarás de que encajen con tus cicatrices y no con los manuales que impusieron allá afuera. Si no lo lograses, culparás con ruindad al destino por no avisártelo más pronto.

Después, siempre después. Como si estuvieras hablando de varias vidas.

Temas relacionados

 

últimas noticias

La mano de Dios (Cuento)

Cien palabras para ganar un premio