En teatro

Paula Malik y Clementina: dos eternas enamoradas

La payasa bogotana Paula Malik es la directora y única actriz de “Clementina, la eterna enamorada”, obra que hace una crítica por medio del clown a la creencia de encontrar el príncipe azul y el amor eterno.

Imagen de la obra ‘Clementina, la eterna enamorada. / Cortesía

Paula Malik es una abogada que prefirió las risas y los aplausos en vez de los tribunales. Mediar a partir del conflicto le pareció muy denso, así que optó por ser payasa. Vivió un tiempo en España, donde empezó a practicar malabares, el arte que le ayudó para pagarse toda la carrera de derecho.

Mientras estuvo en la universidad, disfrutó de su carrera, pero cuando salió a la práctica prefirió dejarlo todo como un buen recuerdo. Como payasa ha buscado profundizar en las emociones de los seres humanos. Por eso, todos sus actos son basados en vivencias propias. Cree en la risa, no sólo porque vive de ella, sino porque piensa que todos deben buscarla sin importar el porqué. “Es necesario reírse de cosas simples o profundas. Por eso siento que deberían existir muchos payasos”.

Ser payasa le ha generado un sentimiento de gratitud hacia la vida. Ahora siente que a pesar de que muchas personas creen que no se puede vivir del arte, ella lo está haciendo. “De las risas y los aplausos nadie vive”, aclara. Y aunque reconoce que la economía de los artistas independientes no siempre es favorable, la satisfacción de hacer lo que le gusta lo puede valer todo.

Hace ocho años decidió vivir de esto. Su madre hubiese preferido que no abandonara nunca su profesión de abogada, asegurándole que para ser lo que quería debía estudiar mucho. Tenía razón: desde que su hija tuvo esa ilusión, no ha parado de aprender.

Empezó con el Ku Klux Klown, el grupo pionero de arte clown en Colombia que dirigían Jorge Mario Escobar y Fernando Rojas. A falta de una institución que permitiera formarse sólo como payasa, sus estudios se basaron en los múltiples talleres que fue tomando con diferentes artistas reconocidos, como Auner el Excéntrico, Gardi Hutter, Johnny Melville y Jeff Jhonson.

De los años que trabajó en los talleres del Ku Klux Klown tuvo como resultado su primera obra: Clementina, la eterna enamorada. Años más tarde, por otra circunstancia, desarrolló la segunda, La banda animal.

Clementina, de alguna manera, es una puesta en escena de sus sentimientos. La obra trate sobre una mujer a la que dejan plantada en el altar, y aunque a ella nunca le pasó esto, buscó poner en las tablas algunos de los sentimientos que también sentía que podía tener Clementina, es decir, cualquier mujer que se identificara con ella. Al mismo tiempo quiso visualizar por medio del clown el pensamiento que veía en las mujeres de Latinoamérica cuando tenían como referente al príncipe azul para encontrar el eterno amor.

Clementina nunca habla, sólo narra todo con las expresiones de su cuerpo. Esta técnica cobra importancia, porque el personaje es acompañado de objetos y sonidos que le ayudan a comunicarse con el espectador. Asimismo, la obra rompe con la cuarta pared en la que se separa al artista del público, lo que permite mayor interacción por ambas partes.

Sólo transcurre un día, el más importante para Clementina: el de su boda. Todo comienza cuando ella se levanta y empieza a organizar todo para su casamiento. Se imagina cómo será su entrada al altar, cómo actuará en aquel momento y cómo va a pasar el resto de su vida con su amado y los hijos que desea tener. Para esto, Clementina hace todo lo posible para que nada le salga mal. Se mide el vestido, se peina, se maquilla y hasta hace un ritual para rezar por su matrimonio.

Nada de esto es suficiente. Sin importar la ilusión, su prometido nunca llega. No pasa mucho tiempo para querer conseguir otro amor que se parezca al anterior. Se casa con el nuevo príncipe, pero buscando y buscando, se da cuenta de que no es lo que pensaba. Todo era un fiasco. De nuevo, desilusionada, prefiere encontrar otra alternativa antes de buscar otro amor igual. Termina por reconocer que, antes de amar a los otros, es preferible amarse a ella misma.

Muchos de los accesorios de Clementina son de plástico. Con esto y con la forma en que se desarrolla la obra, Paula Malik hace una reflexión: lo único que no se puede reciclar es el amor.

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