Plasmar la vida

La historia del fotógrafo Leo Matiz Espinosa, quien retrató a importantes personajes mexicanos como Frida Kahlo, de quien dejó cerca de 180 imágenes.

Retrato de Frida Kahlo tomado en 1941. /Fundación Leo Matiz

En Aracataca, Magdalena, nacieron dos grandes personajes de la historia del país Gabriel García Márquez y Leo Matiz Espinosa. De García Márquez ya se sabe que nació en 1927, y se escribieron cientos de miles de cuartillas sobre él y su obra. Matiz nació diez años antes, el 1º de abril de 1917. Su adolescencia la vivió en Santa Marta y en Barranquilla. En sus primeros años de vida no fue a un colegio, pues sus padres lo mantuvieron en casa, rodeado de bananos, en una finca que administraban. Su padre le fue inculcando algunos consejos para la vida. Su madre le enseñó a leer. (Lea la historia de Nereo López)

Al ver su entusiasmo por aprender, lo internaron en un colegio de Ciénaga, pero allí no duró mucho, pues lo obligaban a usar zapatos y camisas, y él ya se había acostumbrado a la libertad de los campos de la costa. A los 13 años, unas tías lo llevaron a Bogotá a estudiar en un colegio de curas, con la condición de que se volviera sacerdote. Nunca tuvo la actitud para eso. Al poco tiempo fue expulsado, porque no asistía a misa ni comulgaba, y porque en sus tiempos libres hacía dibujos que fueron considerados pornográficos.

Estando allí tuvo su primer acercamiento con una cámara fotográfica. Aquel objeto de gran tamaño, cubierto con una tela negra, le llamó la atención. En alguna ocasión se atrevió a mirar por el visor, pero hasta ahí llegó su intriga por la cámara fotográfica, pues prefería dibujar. (Lea la historia de Francisco Carranza)

A los 16 años publicó sus primeras caricaturas en la revista Civilización, de Barranquilla. Desde ese entonces, se encaminó por el mundo de las revistas y medios impresos. A los 20 años, junto con José Joaquín Jiménez, creó el semanario Folletón, una revista especializada en crónicas de temas polémicos y libertinos como la marihuana, la cocaína o las cabareteras. Su obsesión por el dibujo y sus obras lo llevaron hasta Bogotá, en donde ingresó a trabajar en el periódico El Tiempo como caricaturista. Admiraba y quería ser como Ricardo Rendón.

 

El quijote de México, 1944. 

En alguna ocasión tuvo que dejar de lado el lápiz y el papel para colgarse una cámara fotográfica en el cuello, porque Enrique Santos Montejo, conocido como Calibán, le manifestó que no quería más caricaturistas, que lo que necesitaba era un reportero gráfico. En aquel momento no sabía ni cómo ponerles un rollo fotográfico a las cámaras, pero el destino sorteó sus cartas y lo encaminó por el mundo de las imágenes reales. Su primera cámara fue una Roylander de fuelle.

Era un apasionado por viajar y conocer nuevas culturas. Aquel gusto lo llevó a Panamá, en donde estuvo dibujando caricaturas en bares. De allí, se fue para México. A su llegada, se atemorizó porque pensaba que era un lugar demasiado grande para él. En un comienzo, todo se tornó oscuro, las puertas y oportunidades se cerraron en su cara. Pese a esto siguió y no desfalleció. En sus intentos optó por ir a los cafés a observar y dibujar caricaturas.

Sus días como forastero fueron transcurriendo y un día cualquiera conoció al escultor centroamericano Francisco Zúñiga, quien lo ayudó a conseguir trabajo, pero no como caricaturista, sino como fotógrafo en la revista Así. El fotógrafo era enviado a hacer los reportajes gráficos que tenían mayor complejidad. Esa circunstancia lo ayudó a mejorar su técnica y conocimientos, además de encaminarlo por el que sería el oficio al que se dedicaría hasta sus últimos días.

Estando inmerso en el mundo de las imágenes congeladas en México, realizó un reportaje gráfico de las condiciones en las que se encontraban los reclusos de la cárcel de Mazatlán. A ese centro de reclusión entró por un permiso que le otorgó el Ministerio del Interior. Él fue un preso más. Aquellas fotografías las realizó en 1942 y fueron estas las que impulsaron su carrera como fotógrafo, ya que logró ganar fama y reconocimiento en los medios de comunicación mexicanos. Luego trabajó en revistas como Life y Harper Magazine.

Una de las fotografías más aplaudidas del artista fue Pavo real del mar, que tomó en Santa Marta en 1939. Estando en México se codeó con grandes personajes públicos. Por su lente pasaron Frida Kahlo, de quien dejó cerca de 180 imágenes. Tuvo gran cercanía con Diego Rivera y Pablo Neruda. En 1945 recibió el premio al mejor reportero gráfico en México. En 1947 realizó una exposición en Nueva York, en el Museo de Arte Moderno. Ese mismo año se devolvió para Colombia, ya que fue perseguido por haber denunciado al muralista David Alfaro Siqueiros de plagio.

“La red o pavo de mar”​, tomada en  Santa Marta en 1939.

En 1948 vivió los desmanes y las muertes del 9 de abril y registró cientos de imágenes del caos que generó el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. A partir de ese año, se dedicó a retratar diversos lugares y hechos importantes de Colombia. En 1951 abrió una galería de arte, en donde se expusieron por primera vez obras de Fernando Botero. Su vida transcurría entre viajes, fotos, exposiciones, sucesos y búsqueda, hasta que llegó 1978 y todo se transformó de un solo golpe por un atraco en Bogotá. Matiz perdió el ojo izquierdo.

Alejado de obturaciones, lentes y encuadres, regresó con la publicación de su primer libro, en 1992. En 1995, sus imágenes llegaron al Museo de Fotografía de París, convirtiéndose en el primer latinoamericano en exhibir sus fotografías en aquel importante lugar. Al año siguiente retomó su trabajo como fotógrafo, luego de 16 años.

Leo Matiz fue un amante del río Magdalena, por el que realizó infinidad de viajes. Le encantaban su paisaje y la naturaleza. Algunas de sus fotos más reconocidas las tomó allí. Consideraba que la cámara era un objeto de comunicación, con el que se podían crear obras de arte. Vivió creando cada uno de los días de su vida. Creaba al caminar, al hablar, al tomar fotografías y cuando dibujaba. En 1998 creó la Fundación Leo Matiz, y ese mismo año, el 24 de octubre, murió.

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