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Primera vez de “Bohemian Rhapsody” en vivo

Queen: la banda que reinventó el rock

“Queen: una noche en bohemia”, se proyectó el 9 de octubre en las salas de Cine Colombia. Habrá una segunda función el próximo 11 de octubre. Con entrevistas inéditas, el documental les brindará a los asistentes una visión más amplia de lo que significó el año 1975 para la historia de la agrupación. La transición definitiva.

"A Night at the Opera", álbum al que pertenece “Bohemian Rhapsody”, se estrenó en 1975./Cine Colombia Cortesía Cine Colombia

“Freddie Mercury hizo un pacto con el diablo”, dijeron, intentando explicar la letra de Bohemian Rhapsody. La teoría se había incrustado en la boca de algunos de los que escucharon la letra cuando fue estrenada. Una de las versiones es la que se explica en el pacto que Mercury habría hecho con Satán. Se dijo que Bohemia se refería a la ciudad de Bohemia, actual República Checa, donde, según un relato de Goethe, el doctor Fausto le había pedido fama al diablo. También que, en la canción, Mercury personificaba a ese hombre y que era una confesión a su madre, en la que le decía que había arruinado todo y que ya de nada serviría su juventud. Que su momento había llegado. Se habló del solo de guitarra a cargo de Brian May, que simbolizaba el llanto de la madre de Mercury, de demonios en forma de rayos y de ángeles que llegaban a salvarlo. Se mencionaron batallas y una posterior derrota del diablo, quien no logró llevarse el alma de Mercury. Por su parte, el cantante nunca explicó qué quería decir la letra de su canción, solo dijo que se trataba de “relaciones”. Que no salió de la nada y que hizo sus investigaciones, pero que la gente debería escucharla y sacar sus propias conclusiones. Han pasado 43 años y Bohemian Rhapsody continúa siendo un enigma sin resolver.

Queen se inició con fe. Recién conformaron la banda y firmaron con Trident, el dinero brilló por su ausencia. Nadie los conocía, los mánagers eran quienes lucían la ropa opulenta. A ellos los mantuvo la pasión. En sus inicios también compusieron lo que se esperaba del rock y tuvieron que soportar la presión de lo que sí se vendía en la radio. En 1975 mandaron todo al carajo e hicieron lo que quisieron. Se alejaron de las pretensiones comerciales, se despojaron de la contaminación exterior, no quisieron ofrecer disculpas y compusieron lo que les corrió por las venas. De esa pulsión por querer mirarse al espejo y reconocerse nació Bohemian Rhapsody, la canción con la que se lanzaron al vacío.

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La cabecera de la cama de Mercury era un piano adornado con candelabros. Si a la mitad de la noche recibía un aluvión de creatividad, elevaba los brazos hacía atrás y tocaba lo que le estuviera retumbando en la cabeza. De los largos y delgados dedos del cantante salió la melodía que acompañó a los “galileos” del himno de Queen. La compuso cuando vivía en Holland Road, en Kensington. Llamaba a las musas de la inspiración escuchando a Liza Minnelli y se fundían en él las teclas de un piano que parecía una extensión más de su cuerpo.

Cuando Mercury comenzó a intentar tocar la canción con el resto de la banda, pensaron que se había enloquecido. Nadie entendía. “El sonido no conectaba con nada”, dijo John Deacon, recordando a Mercury tocando partes que no tenían sentido. Todos esos cortes hacían que los demás integrantes fruncieran el ceño y se dijeran: ¿qué carajos es eso? Implicaba muchos cambios, como por ejemplo, que Roger Taylor tuviese que explotar al máximo los agudos de una voz que había estado escondida tras la batería. Todos grabaron durante más de diez horas las voces que harían sonar a Bohemian Rhapsody como una orquesta.

La letra fue otra razón para que les dijeran: “Por favor, no hagan esto”.

Mamá, acabo de matar a un hombre

Puse una pistola en su cabeza

Apreté el gatillo, ahora está muerto

Mamá, la vida acaba de empezar

Pero ahora tengo que ir y dejarlo todo

 

“¿Qué? ¿Qué le pasa a Freddie? ¿Se está confesando? ¿De dónde salieron esas letras? ¡Nunca lo hemos visto leyendo un libro!”, decían. El shock empeoró cuando escucharon Scaramouche, Scaramouche, bailarás el fandango, que daría sentido a la inclusión de la ópera en la canción, a pesar del silencio respecto a las miles de preguntas que le hicieron al compositor.

Mercury tuvo que divertirse mucho al ver sus caras. Fueron 180 grabaciones por separado y luego pasaron a la edición. Después de hacerlo todo por partes: piano, bajo y batería, solo de guitarra, voces y de nuevo cortes y más cortes, unir las partes resultaba aterrador. No sabían qué iba salir de ahí, y cuando los ejecutivos de la disquera la escucharon, la reacción fue de vacío profundo. Les dijeron que la editaran.

“¿Quién aguantará seis minutos de esa locura por radio?”. Decían que nadie la escucharía, que no era rock, ¿por qué ópera?, que si estaban locos. Probablemente sí, pero lo último que quisieron fue recurrir a la cordura, así que se lanzó sin más arreglos.

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La primera vez que se tocó en vivo fue en diciembre de 1975, en el Hammersmith Odeon de Londres. Ese año el mundo entero supo de Queen. La crítica inglesa los devoró. “¿Es este hombre un payaso?”, título la revista New Musical Express de Inglaterra una nota que se refería a Mercury. Después del lanzamiento del álbum A Night at the Opera, los ataques a la música e imagen de la banda dejaron de importarle a la gente, pero, sobre todo, a Queen. Estaban listos para el resto del universo. La confianza que tuvieron desde el inicio y que Mercury mencionó varias veces como uno de los motivos de su éxito, se reforzó. Los cuatro extravagantes y desencadenados músicos se convirtieron en una de las bandas más importantes de la historia del rock.

Además de la calidad de sus melodías claras con un constante y presente rock en el fondo, Zandra Rhodes, diseñadora de modas inglesa, contribuyó con la imagen de los cuatro rockeros, que se vistieron de colores vivos, ropa ajustada y detalles femeninos. Se quedaban grabados en el oído y la retina de quien los escuchara. Mercury salía a cantar en trusa. Antes con el cabello largo y las uñas pintadas. Un par de años después aparecieron los pantalones de cuero negros y ajustados.

Después de más de cuatro décadas, Queen sigue siendo una banda popular. No fue pasajera, ni mucho menos pasó de moda. Permanecerá como leyenda a pesar de la muerte de Mercury y la distancia del bajista John Deacon de las cámaras. Aún se habla de Bohemian Rhapsody como de una canción que desafió la lógica, transgredió todas las imposiciones del rock y permaneció durante nueve semanas liderando el Top of the Pops. Todavía se reviven momentos del Live Aid, que para muchos fue la mejor actuación de todos los tiempos. Hoy, la banda que lideró Freddie Mercury continúa recordándole al planeta que la diferencia tiene brillo propio, que las formas y los límites de la música son modificables, que los géneros pueden reinventarse y que para el amor no hay fronteras. Queen continúa rompiendo con todo.

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2018-10-10T12:50:32-05:00

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Laura Camila Arévalo Domínguez- @lauracamilaad

Cultura

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