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Rock colombiano y "Génesis": La (des)confianza de un siempre amanecer

En esta entrevista, realizada en 1995 y recuperada por su atir, Luis Carlos Muñoz Sarmiento, Édgar Restrepo; Juan Fernando Echavarría (m. 2002), su esposa Beatriz Vargas (m. 2008), ambos, integrantes luego de Los Viajeros de la Música; Mario García; César A. Restrepo y su hijo, Édgar, recordaron anécdotas de la banda "Génesis", que van desde el robo de una flauta hasta la “levitación de un escenario”.

Yakta mama, de 1975, uno de los discos publicados por "Génesis".Cortesía

A la memoria de Édgar Restrepo Caro… y noble amigo

Con motivo de la anunciada “inminente” aparición de un CD, en memoria de Humberto Monroy, en el que se pretendía recopilar 13 éxitos más un inédito de la época dorada del grupo GÉNESIS, pionero de la fusión entre aires tradicionales andinos/Costa Caribe/Pacífica y sonidos del R&R, el 22/abr/1995 entrevisté a exintegrantes del grupo que aún persistía en reestructurarlo “en armonía con las intenciones y las proyecciones de Humberto”. Entre ellos se encontraba la memoria mayor de ese team-brico —nada que ver con su homólogo inglés— Édgar Restrepo Caro (1943-1995), manejador de grupos, como Speakers, su competencia Flippers, Streaks, y pionero en llevar el rock a la radio: Radio Mundial, luego HJCK y, por último, Radiodifusora Nacional de Colombia, emisora en la que hasta 1992 se transmitió su ya célebre La Cultura del Rock, del cual dejó 200 espacios. Luego, una funcionaria comercial que devino, primero, en directora encargada, y, luego, en funciones, borró, junto a 111 de Una mirada al jazz y 85 de La Fábrica de Sueños, que dirigía quien escribe. ¿La razón? Las cintas de carrete abierto que se usaban, las necesitaba para otros curiosos caprichos comerciales. Como hizo con tantos otros espacios que no eran de su gusto, privando así al país de una importante memoria cultural: la que con sapiencia, talento y rigor, Restrepo elaboró neurona por neurona. Y se dice “se encontraba” él, porque tal como informó la edición 100 de Cambio16, el 30/abr/1995, una camioneta de mariachis, en la paralela a la autopista con Calle 84, lo atropelló, causándole la muerte. De manera que, sin quererlo, esta entrevista devino tristemente testamento y, a la vez, doble homenaje, póstumo, a Édgar Restrepo y Humberto Monsoy, que ya debieron reunirse en el espacio cósmico a urdir algún sonoro aquelarre. 

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En dicha entrevista, Édgar Restrepo; Juan Fernando Echavarría (m. 2002), su esposa Beatriz Vargas (m. 2008), ambos, integrantes luego de Los Viajeros de la Música (1); Mario García; César A. Restrepo, uno de los hijos de Édgar y quien ilustró la contracarátula de un disco tal como vino al mundo, “pelao”, todos recordaron anécdotas, que van desde el robo de una flauta hasta la “levitación de un escenario”, pasando por otros sucesos “impublicables”, como el de un recordado viaje en avión a Pasto, donde dieron un concierto a “entre 7 y 15 mil personas”, como cuenta Lem, junto a Silvia, hijo de Juan y Beatriz, lo que los animó a seguir hasta Ecuador, donde presentaron otro para solo 50. Esto desanimó a Monroy e hizo que Los Viajeros, por contraste, visitaran Suramérica por siete años. La primera vez que fueron a Argentina los rechazaron por “indios”, dada su vestimenta a la boliviana, regresaron a Bolivia, cambiaron de atuendo, se cortaron el pelo y, ahora sí, volvieron allí sin problema. 

Se exaltaron contando cómo eran los conciertos en el periodo de mayor auge; estuvieron de acuerdo, tras hablar por separado, con que el aporte básico de GÉNESIS a la música colombiana está en haber fundido por primera vez los elementos acústicos de la música tradicional, andinos y caribes (echando por tierra la teoría de que fue Carlos Vives), con el sonido amplificado del rock; plantearon criterios distintos sobre su adaptación a una época en la que hay menos compromiso, musical, y más vedetismo y en la que proliferan “artistas” de toda clase, sin mucha clase; expresaron su alegría por haber tocado en determinados sitios o en todos los sitios donde se presentaron; relataron no haber tenido, curiosamente, problemas con la policía (si se les entrevistara hoy, es probable que cambiaran de parecer); analizaron, cada uno a su manera, por qué se desintegró GÉNESIS; opinaron sobre el estado actual de la música en Colombia referido, específicamente, a la “fusión” (inicialmente fue Miles Davis quien la definió: “La mezcla entre la técnica e improvisación del jazz y la electrónica del rock”: hoy, es cualquier cosa, lo que se entiende, pero no se comparte, en este mundo light, descafeinado y deslactosado). Y se habla de la fusión de bandas como las de Carlos Vives, Moisés Ángulo y Aura Cristina Geithner; y, por último, manifestaron, en unánime veredicto, las posibilidades que hay para que GÉNESIS toque de nuevo, partiendo del lanzamiento del disco que en homenaje a Humberto Monroy y ahora a Édgar Restrepo, su más ferviente impulsor, reúne lo más excelso del grupo que ellos dos habían creado con el solo nombre de Gene, en alusión al gen, partícula que determina la aparición de los caracteres hereditarios en los seres vivos. 

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“Sueñas que en el mundo no haya guerra / quieres que la gente solo sienta amor / dices que la paz es necesaria / que el entendimiento debe ser real. / Yo te pregunto si es posible esa alegría y esa armonía / si en todo el mundo la miseria está…” 

Juan Fernando Echavarría, el hombre de todos los pitos y luego integrante de Los Viajeros de la Música, como se dijo, junto a su cómplice amorosa y sonora, Beatriz Vargas, recordaba que, en Pasto, antes de tocar Quiero amarte, le robaron la flauta que había dejado encima de un amplificador, debiendo irse “pues no tenía con qué tocar”. Mario García, primer bajista de GÉNESIS, por su parte, se emociona evocando un concierto en el colegio Champagnat, de esa misma ciudad, a la que viajaron desde Bogotá en taxi, y para el cual no hubo tiempo ni de cambiarse y sin embargo “fue una de las mejores interpretaciones en vivo que tuvimos”. 

“Cómo decirte cuánto te amo / pero no encuentro las palabras / […] Hace unas lunas, yo siempre sueño contigo / siempre sueño contigo / y en mis caminos, yo siempre camino contigo / siempre camino contigo / pero no encuentro las palabras”. Cover del tema original de Cat Stevens, hoy Yusuf Islam, How Can I Tell You? 

Mientras para Juan Fernando Echavarría los conciertos de aquella época, básicamente entre 1972 y 76, “eran de vida de supermúsicos”, o sea que éstos no tenían que preocuparse “sino por su música… no había inquietud de hotel, de comida, de nada absolutamente terrenal”, aunque, eso sí, “una vida que es de doble faz: aparentemente de mucha gente, pero también de mucha soledad”; y, para Beatriz, cada uno de ellos “era un ritual, una convocatoria a la mística sonora, al encuentro de la convivencia con un género humano muy expresivo que entonces había”; para Mario García “eran mucho más vívidos”. Y agrega: “Le tocaba a uno hacer de todo. Pegar carteles, ensayar, cargar equipos. Se entregaba uno musicalmente en un ciento por ciento a la gente. Ese era el trabajo del cambio rítmico, no era que ‘toque… a-ja-já’. Había una mística. Eso era lo importante”. Y para Édgar Restrepo eran sencillamente “multitudinarios… cuando se emprendió una gira de seis meses a nivel nacional”, la que luego de Bogotá, donde hubo lleno completo en los seis conciertos del Teatro Municipal, y en Unicornio, los llevó a Medellín, Cali, Barranquilla, Pasto, Manizales, Pereira, Armenia, etc. Conciertos en los que, por otro lado, “se podía cortar el aire con un cuchillo… aire sólido”, contaba, refiriéndose a la “baretica”: que para el editor de turno resultó “varetica”.

Don Simón, tallador, hombre pródigo y de color / Don Simón, tallador, don Simón, tallador. / Siempre que trabaja, corre por su frente el sudor/ don Simón, siempre que trabaja, core por su sangre el calor. / Don Simón… Don Simón, es el tallador / su silencio es su mejor canción” […].

“El aporte básico… la primera vez en Colombia que, creo, se logró hacer una interacción entre música tradicional (venían músicos de la Costa Pacífica y Atlántica, del interior) con elementos contemporáneos del rock… impulsar ese movimiento que en una época bajó y que en este momento tanta gente lo está volviendo a impulsar”, piensa Juan Fernando. Criterio este que Beatriz comparte y amplía: “Es la expresión de una generación. A la vez, son raíces hasta ahora, porque podemos escuchar a Carlos Vives, quien toca un sonido que a mí me recuerda a Génesis. Escuchamos a la Geithner y también en ella escucho las raíces de Génesis. Creo, este grupo ha sido un gran maestro y ha dado una pauta que pese al tiempo y a las dificultades tiene muchos retoños”. Mario García, a su turno, sintetiza: “En mi concepto, el tamboreo de los litorales que le metieron… las flautas. Un ritmo que he escuchado últimamente es lo del trabajo de la Costa Atlántica de Carlos Vives. Eso fue lo que Génesis hizo hace veinte años”. Édgar Restrepo, concluye: “La recepción muy positiva del grupo por cuanto representaba un sonido nuevo. Era una fusión del sonido eléctrico, muy vecino a la línea del R&R pero con mezclas andinas, del Pacífico, del Atlántico y tomadas de la raíz… Varias veces viajamos con Humberto, Mario y Sibius al propio lugar donde, por ejemplo, se hacían las marimbas de chonta, los tambores, lo que aún constituye un misterio. La primera vez que escuché La gota fría, en la introducción dije ‘somos nosotros’ y solo cuando se desarrolló el tema vi que era otro personaje. Pero ese sonido, así no suene muy modesta la respuesta, logramos fusionarlo nosotros”. Para confirmarlo, bastaría escuchar La cumbia cienaguera, tema original de Andrés Paz Barros, Luis E. Martínez Argote y Esteban Montaño Polo que Génesis hábilmente transformó en un soberbio instrumental cantábile en el que se destaca el manejo de armónica, flauta y percusiones, con recurso adicional a los gemidos. 

“Canta negro, canta fuerte / pues tus cantos, son como la nieve… / como la nieve. / Canta negro, canta fuerte / pues tu miseria, es tu presente… tu presente”.  

Como Viajeros de la Música, Juan Fernando Echavarría y Beatriz Vargas retomaron el sentido de Génesis: “Hemos querido seguir esa línea pues para nosotros Génesis fue una escuela”, refiriéndose con ello a un mecanismo de adaptación a esta época en la que hay menos compromiso y más vedetismo. En cuanto a estar en un momento en el que cualquier persona termina cantando (salvo las que se resisten a ir a la cárcel, cargando incluso crímenes de lesa humanidad, jeje), o casi, Beatriz Vargas expresa: “Nos gusta, porque todos los seres humanos somos música, desde que hablamos”. “Somos música, no la poseemos”, agregaría Keith Jarrett. Mario García esboza una idea menos romántica: “Yo creo que uno se va entregando mucho más y con más berraquera… para ver si despertamos a la juventud que nada está entregando”, desde los años 1980, 90, 2000 e incluso los años que han corrido luego. César Augusto Restrepo lanza un juicio más directo: “En cuanto a música moderna, desafortunadamente, Colombia es de los países más atrasados. Apenas ahora están surgiendo artistas de proyección internacional”. Con ello no se refería a Maluma, J. Balvin, Shakira ni demás amigos del subpte hoy: los que jamás hacen suyas las penas que acosan a líderes/lideresas, campesinos, negros e indios.

“El indio llora sus tierras / el indio llora con pena / el indio llora sus tierras / sus tierras que son ajenas / […] En las montañas del indio / se oye un extraño cantar / [bis] Es la nostalgia de siglos / que se comienza a escuchar / […] El indio llora con pena / con penas que son tan nuestras”.

Entre los sitios que suscitan mejores recuerdos, Echavarría destaca a los coliseos: “Principalmente porque era apoteósico ver un sitio completo para presenciar a un grupo”. No obstante, cree que el máximo furor se alcanzó en un espacio abierto, el concierto de La Calera, oct/75, al que asistieron 20 mil personas. Por su parte, Mario García revive las presentaciones en el Coliseo El Salitre, de Pasto, y en unas fiestas privadas, “pero no del Cartel”, en Cali. Y Édgar Restrepo asegura: “Todos me parecen importantes. Aquí en Bogotá, la temporada del TPB al comienzo, un ciclo de 65 conciertos en casi dos años, bajo el nombre de Gene y luego en el Teatro Municipal ya como Génesis y luego en la gira nacional ya citada”. 

“Cómo quieres que no sientan odio / los que están viviendo de los odios”.

Sobre eventuales problemas con la policía, Echavarría, en primer lugar, afirma: “No, en realidad no hubo. Las cosas normales: de pronto, empujones, pepos… pero nada importante”. Vargas lo respalda: “Bueno, directamente no. Aunque, como se movía una masa de personajes extraños, con cabellos y trajes largos e intelectualismo muy vivencial, entonces la parte tradicional notaba y se quería expresar con represión. Pero, problemas grotescos como los de ahora con grupos como los de Guns’ n Roses, creo que no los tuvimos” (2). Y añade: “Llegábamos al encantamiento de la no violencia”. Ojalá eso mismo pudiera decirse hoy.

“Dormido al mediodía, yo he visto a Sebastián / sentado en un butaco, atravesando la ciudad / su traje remendado, zapatos de cargazón / y el reflejo en su rostro, de la mala situación. / Rutina de la calle, rebusque general / el aire pestilente y el alto precio del pan / el mendigo, el gerente, ella y Sebastián / todos matriculados en la falsa sociedad”. 

Las opiniones sobre la desintegración del grupo, aunque desiguales, coinciden en varios puntos: el no saber manejar el rollo de la fama en un momento de apoteosis; problemas a nivel económico, “porque era un grupo que generaba mucha plata, pero a sus integrantes no les quedaba nada”, según sostenía Echavarría; en la marcada diferencia de caracteres y, sobre todo, opinaba Beatriz Vargas, “porque maduramos… cuando empezamos teníamos 18 años y llegamos a los 30 y nos cuestionamos: que si teníamos familia, hijos, profesión, si éramos tradicionales…” César Augusto, El Tigre, baterista de La Plaga, tercia: “Por la razón de siempre: falta de apoyo; las razones nunca fueron musicales” y denuncia la falta de infraestructura, difusión, en fin, apoyo de la empresa privada para que el músico pueda profesionalizarse, como el futbolista o el ciclista: los dos únicos oficios que aún hoy se reconocen económicamente, hasta el punto de que muchos se convierten en simples fichas, simples mercancías, simples valores de cambio, a los que se manipula sin contemplaciones. 

“Llévale flores y meditación / a los que se están muriendo de inanición / trata de hacer entrar en la moda / a los hijos de la explotación / Dime cómo se puede amar / al que manda fusilar / a los que quieren protestar. / Abre el cerrojo de tu cerebro / y date cuenta que no es fácil… / empezar de una vez a actuar”.

Desde el punto de vista positivo y negativo, en torno a los grupos actuales, fusión, alternativa, cross-over y el rejartón orbital, jeje, se destaca la mirada de Echavarría, el hijo del poeta Rogelio Echavarría, siempre recordado, ante todo, por su poema El Transeúnte (3): “Algo muy positivo es que hay toda clase de música. Para mí, no hay tipos de música, creo que hay buena y mala”. Es muy seguro que él haya conocido la posición al respecto del celebérrimo Louis Satchmo Armstrong: “Hay solo dos maneras de resumir la música, es buena o es mala. Si es buena, no te ocupes de nimiedades, simplemente gózala”. Y le parecía tan buena la que se da en el Festival del Mono Núñez, como la de los Gaiteros de San Jacinto o la que ofrece la Música Contemporánea. Y subraya: “El aspecto negativo está en que la gente olvida muy fácilmente la historia [o la prohíben, lo mismo que la filosofía, en colegios y universidades], piensa que el rock en español [como se le llamó, mal, desde el comienzo] empezó con Andrés Pastrana [incluido en la lista del pedófilo Jeffrey Epstein y sus bacanales en el Puerto Rico de Ricardo Roselló, ahora derrocado por fortuna] [4], siendo que viene de muy atrás, con grupos como Speakers, Flippers y muchos más que no son nombrados”. Aquí, desde luego, debe recalcarse la nobleza de Mario García, César Augusto Echavarría y de su padre, Édgar, cuando sin asomo de envidia reconocen el trabajo de Carlos Vives, quien, desde luego, nada sería sin el aporte de Ernesto Teto Ocampo, guitarrista y compositor, o del acordeonero Egidio Cuadrado. 

“Estos son los muros de piedra que taladran / hasta el fondo sin fondo de mi ser. / […] La miseria de las grandes ciudades / […] Las sectas, los partidos / los sectores, los sectarios / el hombre que agoniza / los ricos y los pobres / […] Solo dos cosas me sostienen / Tú, tus frutos y la confianza de un siempre amanecer”. 

La conclusión, en torno a la vuelta del grupo, que ya no se dio, solo podría ser de Édgar Restrepo: “Bueno, aunque el centro del grupo era Humberto, hay motivos, con la salida de esa recopilación ahora, a mediados de junio [de 1995] y que yo hice: fueron 22 temas de dos LPs, de los cuales escogí 13, más un inédito. Entonces, con base en esto y en la inquietud del vicepresidente de Codiscos, Álvaro Arango, hay la idea de reestructurar el grupo con integrantes todos de Génesis. Va a ser una banda de nueve elementos que contaría con el bajo de Mario; las flautas de Juan Fernando y Betty; batería, César A., mi hijo; Tania [Moreno C.], guasá y percusiones; Hernando Becerra, guitarrista invitado; un pianista; alguien más por definir; y yo en las percusiones. Pero, somos todos sobrevivientes de la época: o sea, 20 años después, el sonido de Génesis. Vamos a lograr una banda en armonía con las intenciones y proyecciones de Humberto y… hombre, Luis Carlos, pues el tiempo no existe en realidad. Y mientras estemos verticales, saludables y talentosos, listo”. Así se reuniera el grupo… 

Epílogo: Si con la muerte de Humberto Monroy, GÉNESIS vio desaparecer su motor, con la de Édgar Restrepo se ha perdido un poco, si no mucho, “la confianza de un siempre amanecer”. ¡Quién lo creyera! ¡Un músico que muere atropellado por la música! Bueno, siempre y cuando si como el rejartón orbital, cierta ranchera pudiera llamarse así: música. 

***

Nota: Agradezco a Eduardo Arias, por aceptarme esta entrevista, sin que me preocupara por su extensión pues, en ese caso, Cambio16, revista en la que entonces colaboraba, la publicaría en dos entregas. Sin embargo, las cosas nunca son tan fáciles. Arias, de buena fe, delegó la responsabilidad de la edición en otra persona, quien se encargó de desvirtuarla/subvertirla y la publicó sin los fragmentos de las canciones y con toda suerte de aportes de mal gusto (5). Hoy, por fortuna, los lectores de EE la encuentran tal y como fue redactada, eso sí, con las ampliaciones y actualizaciones necesarias.               

Referencias:

(1)https://www.mixcloud.com/antoine-sextier/nuevas-perspectivas-cap%C3%ADtulo-22-los-viajeros-de-la-m%C3%BAsica/

(2) https://www.las2orillas.co/la-noche-en-que-guns-n-roses-destruyo-a-bogota/

(3) http://centaurocabalgante.blogspot.com/2012/05/el-transeunte-rogelio-echavarria.html

(4) https://www.democracynow.org/es/2019/7/26/pa_lante_puerto_rico_pa_lante 

(5) En efecto, de revista Cambio16, No 102, del 22 al 29/mayo/1995.

 

* (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de EE, desde 2012, y columnista, desde 2018. Corresponsal de revista Matérika, Costa Rica. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Invitado por UFES, Vitória, Brasil, al I Congreso Int. Literatura y Revolución – Los espectros de Marx y el realismo estético (6-7/dic/2018). Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en Rebelión. E-mail: [email protected]

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2019-07-31T20:00:07-05:00

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Luis Carlos Muñoz Sarmiento*      

Cultura

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